De la Expo 92 a mover 6.125 millones de euros: así se transforma la isla de Sevilla que mira al futuro de Europa
La nueva sede del Centro Común de Investigación (JRC) de la Comisión Europea ya se construye en la Cartuja, mientras el Liceo Francés prepara un campus educativo y tecnológico junto a Torre Sevilla. Dos proyectos que ampliarán la actividad de Sevilla TechPark, un parque que mueve 6.125 millones de euros al año y da trabajo a casi 36.000 personas. El reto para el próximo alcalde es que la riqueza que generarán estas inversiones llegue al resto de la ciudad
En 1999, los sevillanos todavía acudían a la Cartuja para despedirse de la Expo 92. Hoy, veintisiete años después, miles de personas llegan cada mañana a esa misma isla para trabajar -no sin atascos- en lo que ha terminado siendo uno de los grandes motores económicos de Andalucía. Entre ambas imágenes cabe buena parte de la transformación reciente de Sevilla, a pesar de la infrafinanciación. Aquel domingo 10 de enero de 1999, el Espacio Cultural Puerta de Triana abría sus puertas por última vez y miles de nostálgicos regresaban al recinto que había deslumbrado al mundo durante seis meses. Por mil pesetas podían reencontrarse con la Nao Victoria, el cine Omnimax, el catamarán, la Torre Mirador o el Pabellón de la Navegación. Una despedida multitudinaria que Jaime Álvarez Corral rescata en la Expo-Hemeroteca de Legado Expo Sevilla, una valiosa labor de recuperación de la memoria de aquella exposición universal que transformó para siempre la ciudad. Y sí, la nostalgia seguía intacta, pero las cuentas no cuadraban. Los elevados costes de mantenimiento habían hecho insostenible aquel complejo de más de veinte hectáreas. Sevilla asistía así al cierre de otro capítulo de su historia reciente mientras el futuro de buena parte de la Cartuja seguía siendo una incógnita.
El contraste con la actualidad difícilmente podría ser mayor. Donde entonces se cerraban instalaciones por falta de viabilidad económica, hoy se construyen infraestructuras científicas de la Comisión Europea y se preparan inversiones internacionales destinadas a atraer estudiantes, investigadores y empresas. La silueta de Torre Sevilla ha transformado aquel paisaje de explanadas y pabellones, mientras la antigua Expo, hoy Sevilla TechPark, genera miles de millones de euros y sostiene decenas de miles de empleos. La Cartuja ha pasado de intentar conservar los recuerdos de 1992 a convertirse en uno de los espacios donde se decide parte del futuro económico y científico de Sevilla. Y los dos grandes proyectos que ahora toman forma en su extremo sur permiten comprender hasta dónde ha llegado aquella transformación.
Pabellón de la Navegación, propiedad de la Junta de Andalucía, hoy cerrado al público y sin saber su próxima finalidad.
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FERNANDO VÁZQUEZ
Las cifras ayudan a comprender la magnitud del cambio. Según el balance de 2025, Sevilla TechPark reúne 602 empresas y entidades, emplea directamente a 35.806 personas y genera 6.125 millones de euros de actividad económica anual, un 11,1% más que el ejercicio anterior. Es el parque científico y tecnológico con mayor volumen de actividad económica de España, según los datos difundidos por la Junta de Andalucía. La dimensión del recinto resulta todavía más llamativa al relacionar facturación y empleo: por cada puesto de trabajo directo se registran unos 171.061 euros anuales de actividad empresarial. No es la renta de los trabajadores ni su salario, sino un indicador del volumen de negocio generado en el parque. Su actividad equivale, como referencia económica, al 2,62% del PIB andaluz. Durante 2025, sus empresas destinaron además 515,3 millones de euros a investigación, desarrollo e innovación.
Dividida entre los puestos de trabajo, la actividad supone unos 171.000 euros al año por empleo directo. No es el sueldo de sus trabajadores ni su renta per cápita. El dato habla de la dimensión del recinto, donde se destinaron 515,3 millones de euros a investigación, desarrollo e innovación durante el último ejercicio. El salto también se aprecia en lo que allí se hace: las tecnologías avanzadas reúnen a más de 20.500 trabajadores y conviven con 81 empresas emergentes. De los cien pabellones originales de la Expo, 52 continúan en funcionamiento. La vieja exposición universal se ha convertido en una ciudad de oficinas y laboratorios que recibe más de 40.000 personas cada día. Su crecimiento plantea otro problema menos vistoso: encontrar suelo disponible sin perder la condición de parque urbano. El propio recinto estudia extenderse hacia el Canal de la Expo y la Banda Oeste. Pero el sector Sur es el más dinámico actualmente.
Edificio Expo, en los terrenos de La Cartuja de Sevilla.
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FERNANDO VÁZQUEZ
La Comisión Europea construye su casa definitiva: IA y mucho I+D+i
En la parcela del antiguo Pabellón de los Descubrimientos ya crece el nuevo edificio del Centro Común de Investigación (JRC) de la Comisión Europea. Las obras arrancaron en 2025 y el Ayuntamiento sitúa su finalización a finales de 2027. La inversión comunicada es de 38,48 millones de euros, destinada a levantar una sede propia para más de 400 profesionales de distintas nacionalidades, entre científicos, ingenieros y economistas.
No llegan de nuevas: el JRC trabaja en Sevilla desde 1994. Su función es elaborar investigaciones y análisis técnicos que ayudan a la Unión Europea a diseñar sus políticas. Desde la ciudad se abordan cuestiones tan cercanas como la Ley de Servicios Digitales y la regulación europea sobre inteligencia artificial, además de asuntos económicos y medioambientales. Para el sevillano, su importancia no consiste simplemente en tener otra oficina europea en la Cartuja, sino en consolidar una actividad científica que contribu
Obras del nuevo edificio de la Comisión Europea en los terrenos de la antigua Expo.
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FERNANDO VÁZQUEZ
El nuevo edificio, diseñado por el estudio danés Bjarke Ingels Group (BIG), reinterpretará soluciones conocidas en la ciudad: patios, sombra y espacios para encontrarse. Una gran cubierta fotovoltaica protegerá plazas y jardines concebidos también para uso público. La propuesta incorpora materiales como piedra caliza, cerámica y madera, y busca que la arquitectura responda al clima sevillano sin renunciar a una imagen contemporánea. La Comisión pretende que la construcción produzca más energía de la que consume y compense las emisiones derivadas de su ejecución y funcionamiento. Es la ambición ambiental de la Nueva Bauhaus Europea, donde sostenibilidad, funcionalidad y estética deben avanzar juntas. El propio pliego de contratación exigió experiencia acreditada en edificación sostenible y estructuras de especial complejidad.
Pero la trascendencia del edificio no se para exclusivamente en sus paneles solares. El Ayuntamiento sostiene que Sevilla contará con "un espacio de referencia para toda Europa" y sitúa su actividad en el entorno donde se estudian futuras políticas económicas y tecnológicas. El desafío será que esa cercanía se traduzca en oportunidades de colaboración para universidades, pequeñas empresas y profesionales sevillanos, más allá de las paredes de la nueva sede.
La nueva sede pretende abrir sus puertas a finales del próximo año.
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FERNANDO VÁZQUEZ
Un Liceo Francés con vocación de campus
A pocos metros de Torre Sevilla, en el entorno del solar de las Banderas, se proyecta el Centro Francés de Tecnología e Innovación (CFTI). El complejo albergará la sede definitiva del Liceo Francés Internacional de Sevilla en una parcela de unos 13.200 metros cuadrados. Impulsado por la Misión Laica Francesa, Odyssey Education y Falkon Estates, contempla una inversión superior a diez millones de euros. Tras los cambios experimentados desde su presentación en 2022, el comienzo de las obras se prevé para principios de 2027. Una curiosidad: Odyssey Education fue fundada por el ex ministro de Educación francés Luc Chatel, íntimo colaborador de Jacques Chirac.
El centro aspira a ser bastante más que un colegio. Su planteamiento consiste en reunir a alumnos, universitarios, investigadores y empresas en un mismo entorno, con espacios de trabajo compartido y un FabLab, un laboratorio equipado con herramientas de fabricación digital donde las ideas puedan convertirse en proyectos. Los responsables de la iniciativa pretenden conectar la enseñanza con las actividades del parque tecnológico, de manera que la ciencia y la investigación formen parte de la experiencia educativa cotidiana. La simbiosis con el JRC de la Comisión Europea parece, casi, obvia.
Terreno junto a Torre Sevilla donde irá ubicado el nuevo Liceo Francés y cuya construcción se ha retrasado unos meses.
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FERNANDO VÁZQUEZ
La proyección exterior es otro de sus ejes. El centro se plantea como lugar de encuentro para compañías e instituciones de Francia, España y otros países, con intercambios científicos, culturales y empresariales. También estudia incorporar enseñanzas superiores mediante acuerdos con otras entidades, ampliando las posibilidades del recinto más allá de las etapas escolares.
El Ayuntamiento destaca una vertiente especialmente cercana al ciudadano: la intención de abrir parte de esos conocimientos y recursos a barrios con mayores dificultades de acceso a la tecnología. De momento es un compromiso por concretar; su alcance dependerá de los programas y de las oportunidades reales de participación que se establezcan. Ahí reside, probablemente, la prueba más interesante del proyecto. Para el Consistorio, el futuro centro debe "acercar las herramientas digitales a los barrios que requieren transformación social y romper la brecha digital". Llevar esa aspiración a la práctica permitiría que la actividad del campus beneficiara también a quienes nunca se matriculen en el Liceo. La internacionalización tendría entonces una traducción local y tangible.
Sede actual del Liceo Francés en el edificio que ESIC tiene en el Sevilla TechPark.
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FERNANDO VÁZQUEZ
El desafío de que la riqueza llegue a Sevilla
El gobierno municipal de José Luis Sanz considera que ambas inversiones confirman la capacidad de Sevilla para atraer talento, instituciones y capital internacional. Defiende que la agilidad urbanística, la seguridad jurídica y el acompañamiento institucional están facilitando la implantación de estos proyectos, y confía en que la conexión entre escuela, universidad, empresa y ciencia europea genere empleo cualificado y nuevas oportunidades para las pymes y las compañías emergentes.
El Consistorio presenta estas actuaciones como parte de una estrategia para retener el talento local y fortalecer la posición de Sevilla en la economía del conocimiento. Una aspiración que exigirá resultados y continuidad. La historia de ambas iniciativas atraviesa, en cualquier caso, distintas etapas y administraciones.
La Torre Schindler y el ahora cerrado Pabellón de la Navegación, dos emblemas del legado de la EXPO.
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FERNANDO VÁZQUEZ
También quedan asignaturas pendientes en aquella antigua Puerta Triana. La transformación urbana todavía no está concluida más de tres décadas después y la maleza campa por muchos solares vacíos. La llegada de estas infraestructuras debe servir también para mejorar la relación del parque con el resto de la ciudad una vez cierran sus puertas los viernes y conseguir que sus oportunidades alcancen a más sevillanos, más allá del ocio nocturno de algunos locales nocturnos. Del Cercanías que conecte Cartuja con la estación de metro de Blas Infante en el barrio de Los Remedios, no hay noticias: ni se le ve ni se le espera. Cuestión de Adif y el ministro Óscar Puente.
En 1999, Sevilla se preguntaba cómo conservar lo que quedaba de su gran escaparate mundial. En 2026, el reto es bastante más ambicioso: lograr que el conocimiento y la riqueza generados en la Cartuja crucen sus puentes y lleguen al resto de una ciudad, Sevilla, con cinco de los diez barrios más pobres de España.
En 1999, los sevillanos todavía acudían a la Cartuja para despedirse de la Expo 92. Hoy, veintisiete años después, miles de personas llegan cada mañana a esa misma isla para trabajar -no sin atascos- en lo que ha terminado siendo uno de los grandes motores económicos de Andalucía. Entre ambas imágenes cabe buena parte de la transformación reciente de Sevilla, a pesar de la infrafinanciación. Aquel domingo 10 de enero de 1999, el Espacio Cultural Puerta de Triana abría sus puertas por última vez y miles de nostálgicos regresaban al recinto que había deslumbrado al mundo durante seis meses. Por mil pesetas podían reencontrarse con la Nao Victoria, el cine Omnimax, el catamarán, la Torre Mirador o el Pabellón de la Navegación. Una despedida multitudinaria que Jaime Álvarez Corral rescata en la Expo-Hemeroteca de Legado Expo Sevilla, una valiosa labor de recuperación de la memoria de aquella exposición universal que transformó para siempre la ciudad. Y sí, la nostalgia seguía intacta, pero las cuentas no cuadraban. Los elevados costes de mantenimiento habían hecho insostenible aquel complejo de más de veinte hectáreas. Sevilla asistía así al cierre de otro capítulo de su historia reciente mientras el futuro de buena parte de la Cartuja seguía siendo una incógnita.
El contraste con la actualidad difícilmente podría ser mayor. Donde entonces se cerraban instalaciones por falta de viabilidad económica, hoy se construyen infraestructuras científicas de la Comisión Europea y se preparan inversiones internacionales destinadas a atraer estudiantes, investigadores y empresas. La silueta de Torre Sevilla ha transformado aquel paisaje de explanadas y pabellones, mientras la antigua Expo, hoy Sevilla TechPark, genera miles de millones de euros y sostiene decenas de miles de empleos. La Cartuja ha pasado de intentar conservar los recuerdos de 1992 a convertirse en uno de los espacios donde se decide parte del futuro económico y científico de Sevilla. Y los dos grandes proyectos que ahora toman forma en su extremo sur permiten comprender hasta dónde ha llegado aquella transformación.
Pabellón de la Navegación, propiedad de la Junta de Andalucía, hoy cerrado al público y sin saber su próxima finalidad.
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FERNANDO VÁZQUEZ
Las cifras ayudan a comprender la magnitud del cambio. Según el balance de 2025, Sevilla TechPark reúne 602 empresas y entidades, emplea directamente a 35.806 personas y genera 6.125 millones de euros de actividad económica anual, un 11,1% más que el ejercicio anterior. Es el parque científico y tecnológico con mayor volumen de actividad económica de España, según los datos difundidos por la Junta de Andalucía. La dimensión del recinto resulta todavía más llamativa al relacionar facturación y empleo: por cada puesto de trabajo directo se registran unos 171.061 euros anuales de actividad empresarial. No es la renta de los trabajadores ni su salario, sino un indicador del volumen de negocio generado en el parque. Su actividad equivale, como referencia económica, al 2,62% del PIB andaluz. Durante 2025, sus empresas destinaron además 515,3 millones de euros a investigación, desarrollo e innovación.
Dividida entre los puestos de trabajo, la actividad supone unos 171.000 euros al año por empleo directo. No es el sueldo de sus trabajadores ni su renta per cápita. El dato habla de la dimensión del recinto, donde se destinaron 515,3 millones de euros a investigación, desarrollo e innovación durante el último ejercicio. El salto también se aprecia en lo que allí se hace: las tecnologías avanzadas reúnen a más de 20.500 trabajadores y conviven con 81 empresas emergentes. De los cien pabellones originales de la Expo, 52 continúan en funcionamiento. La vieja exposición universal se ha convertido en una ciudad de oficinas y laboratorios que recibe más de 40.000 personas cada día. Su crecimiento plantea otro problema menos vistoso: encontrar suelo disponible sin perder la condición de parque urbano. El propio recinto estudia extenderse hacia el Canal de la Expo y la Banda Oeste. Pero el sector Sur es el más dinámico actualmente.
Edificio Expo, en los terrenos de La Cartuja de Sevilla.
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FERNANDO VÁZQUEZ
La Comisión Europea construye su casa definitiva: IA y mucho I+D+i
En la parcela del antiguo Pabellón de los Descubrimientos ya crece el nuevo edificio del Centro Común de Investigación (JRC) de la Comisión Europea. Las obras arrancaron en 2025 y el Ayuntamiento sitúa su finalización a finales de 2027. La inversión comunicada es de 38,48 millones de euros, destinada a levantar una sede propia para más de 400 profesionales de distintas nacionalidades, entre científicos, ingenieros y economistas.
No llegan de nuevas: el JRC trabaja en Sevilla desde 1994. Su función es elaborar investigaciones y análisis técnicos que ayudan a la Unión Europea a diseñar sus políticas. Desde la ciudad se abordan cuestiones tan cercanas como la Ley de Servicios Digitales y la regulación europea sobre inteligencia artificial, además de asuntos económicos y medioambientales. Para el sevillano, su importancia no consiste simplemente en tener otra oficina europea en la Cartuja, sino en consolidar una actividad científica que contribu
Obras del nuevo edificio de la Comisión Europea en los terrenos de la antigua Expo.
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FERNANDO VÁZQUEZ
El nuevo edificio, diseñado por el estudio danés Bjarke Ingels Group (BIG), reinterpretará soluciones conocidas en la ciudad: patios, sombra y espacios para encontrarse. Una gran cubierta fotovoltaica protegerá plazas y jardines concebidos también para uso público. La propuesta incorpora materiales como piedra caliza, cerámica y madera, y busca que la arquitectura responda al clima sevillano sin renunciar a una imagen contemporánea. La Comisión pretende que la construcción produzca más energía de la que consume y compense las emisiones derivadas de su ejecución y funcionamiento. Es la ambición ambiental de la Nueva Bauhaus Europea, donde sostenibilidad, funcionalidad y estética deben avanzar juntas. El propio pliego de contratación exigió experiencia acreditada en edificación sostenible y estructuras de especial complejidad.
Pero la trascendencia del edificio no se para exclusivamente en sus paneles solares. El Ayuntamiento sostiene que Sevilla contará con "un espacio de referencia para toda Europa" y sitúa su actividad en el entorno donde se estudian futuras políticas económicas y tecnológicas. El desafío será que esa cercanía se traduzca en oportunidades de colaboración para universidades, pequeñas empresas y profesionales sevillanos, más allá de las paredes de la nueva sede.
La nueva sede pretende abrir sus puertas a finales del próximo año.
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FERNANDO VÁZQUEZ
Un Liceo Francés con vocación de campus
A pocos metros de Torre Sevilla, en el entorno del solar de las Banderas, se proyecta el Centro Francés de Tecnología e Innovación (CFTI). El complejo albergará la sede definitiva del Liceo Francés Internacional de Sevilla en una parcela de unos 13.200 metros cuadrados. Impulsado por la Misión Laica Francesa, Odyssey Education y Falkon Estates, contempla una inversión superior a diez millones de euros. Tras los cambios experimentados desde su presentación en 2022, el comienzo de las obras se prevé para principios de 2027. Una curiosidad: Odyssey Education fue fundada por el ex ministro de Educación francés Luc Chatel, íntimo colaborador de Jacques Chirac.
El centro aspira a ser bastante más que un colegio. Su planteamiento consiste en reunir a alumnos, universitarios, investigadores y empresas en un mismo entorno, con espacios de trabajo compartido y un FabLab, un laboratorio equipado con herramientas de fabricación digital donde las ideas puedan convertirse en proyectos. Los responsables de la iniciativa pretenden conectar la enseñanza con las actividades del parque tecnológico, de manera que la ciencia y la investigación formen parte de la experiencia educativa cotidiana. La simbiosis con el JRC de la Comisión Europea parece, casi, obvia.
Terreno junto a Torre Sevilla donde irá ubicado el nuevo Liceo Francés y cuya construcción se ha retrasado unos meses.
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FERNANDO VÁZQUEZ
La proyección exterior es otro de sus ejes. El centro se plantea como lugar de encuentro para compañías e instituciones de Francia, España y otros países, con intercambios científicos, culturales y empresariales. También estudia incorporar enseñanzas superiores mediante acuerdos con otras entidades, ampliando las posibilidades del recinto más allá de las etapas escolares.
El Ayuntamiento destaca una vertiente especialmente cercana al ciudadano: la intención de abrir parte de esos conocimientos y recursos a barrios con mayores dificultades de acceso a la tecnología. De momento es un compromiso por concretar; su alcance dependerá de los programas y de las oportunidades reales de participación que se establezcan. Ahí reside, probablemente, la prueba más interesante del proyecto. Para el Consistorio, el futuro centro debe "acercar las herramientas digitales a los barrios que requieren transformación social y romper la brecha digital". Llevar esa aspiración a la práctica permitiría que la actividad del campus beneficiara también a quienes nunca se matriculen en el Liceo. La internacionalización tendría entonces una traducción local y tangible.
Sede actual del Liceo Francés en el edificio que ESIC tiene en el Sevilla TechPark.
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FERNANDO VÁZQUEZ
El desafío de que la riqueza llegue a Sevilla
El gobierno municipal de José Luis Sanz considera que ambas inversiones confirman la capacidad de Sevilla para atraer talento, instituciones y capital internacional. Defiende que la agilidad urbanística, la seguridad jurídica y el acompañamiento institucional están facilitando la implantación de estos proyectos, y confía en que la conexión entre escuela, universidad, empresa y ciencia europea genere empleo cualificado y nuevas oportunidades para las pymes y las compañías emergentes.
El Consistorio presenta estas actuaciones como parte de una estrategia para retener el talento local y fortalecer la posición de Sevilla en la economía del conocimiento. Una aspiración que exigirá resultados y continuidad. La historia de ambas iniciativas atraviesa, en cualquier caso, distintas etapas y administraciones.
La Torre Schindler y el ahora cerrado Pabellón de la Navegación, dos emblemas del legado de la EXPO.
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FERNANDO VÁZQUEZ
También quedan asignaturas pendientes en aquella antigua Puerta Triana. La transformación urbana todavía no está concluida más de tres décadas después y la maleza campa por muchos solares vacíos. La llegada de estas infraestructuras debe servir también para mejorar la relación del parque con el resto de la ciudad una vez cierran sus puertas los viernes y conseguir que sus oportunidades alcancen a más sevillanos, más allá del ocio nocturno de algunos locales nocturnos. Del Cercanías que conecte Cartuja con la estación de metro de Blas Infante en el barrio de Los Remedios, no hay noticias: ni se le ve ni se le espera. Cuestión de Adif y el ministro Óscar Puente.
En 1999, Sevilla se preguntaba cómo conservar lo que quedaba de su gran escaparate mundial. En 2026, el reto es bastante más ambicioso: lograr que el conocimiento y la riqueza generados en la Cartuja crucen sus puentes y lleguen al resto de una ciudad, Sevilla, con cinco de los diez barrios más pobres de España.
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