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Los floricultores del Bajo Guadalquivir avisan para Tosantos: están “aburridos” con las altas temperaturas y la falta de líquidos contra las plagas

Las 200 familias de Lebrija que se dedican a la producción de clavel y clavellina alertan de que están trabajando a pérdidas desde el mes de agosto y de que no han recibido aún las ayudas prometidas por el tren de borrascas del pasado invierno

  • Manojos de claveles en primer plano, una flor que será escasa el próximo Tosantos.

Los invernaderos de Lebrija dedicados a la flor cortada, que ocupan en el Bajo Guadalquivir algo más de 60 hectáreas, temen ya todas las fiestas en las que habría naturalmente demanda de claveles o clavellinas porque siempre se les pone en contra el viento del infortunio. La última vez de este mismo año fue semanas antes de San Valentín, cuando un tren de borrascas y fuertes rachas de viento arrasó buena parte de las infraestructuras a solo unos días de la recolección definitiva. Fue tan grande el drama, que tanto el Gobierno central como la Junta de Andalucía prometieron sendos paquetes de ayudas compensatorias, pero de momento esas ayudas no han llegado.

Y mientras muchas de las 200 familias dedicadas al clavel en Lebrija sienten la asfixia de haber seguido con su labor en los invernaderos a pesar de haber tenido que empezar casi de cero en muchos casos, ahora asoma una nueva amenaza a menos de un mes de la fiesta de Todos los Santos, a comienzos de noviembre. “Faltará clavel y clavellina, por supuesto”, advierten en el sector, donde se confiesan “aburridos” con la situación: las altas temperaturas que no han cesado desde agosto no permiten a la planta ofrecer el mínimo de calidad que se le requiere en el mercado, con lo cual mucha de la tarea de los floricultores en estas últimas semanas está siendo cortar para tirar.

  • Invernaderos destrozados en la localidad sevillana de Lebrija este pasado invierno.
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“El año pasado hubo algunos floricultores aquí que tiraron el 90%”, advierte Margarita Sánchez, una floricultura de Lebrija que lleva 24 años empleada a fondo en sus invernaderos y que estos días ha tirado ya más del 20% de su producción no solo por los efectos de unas temperaturas veraniegas que se mantienen ya bien entrado octubre, sino por las plagas que afectan a la flor y contra las que no se puede luchar por la prohibición de nuevas materias activas. “Nos están dejando sin ningún líquido efectivo”, asegura Margarita, responsable de 2.600 metros, que “es el terreno que yo puedo llevar con la ayuda esporádica de mi marido, pero cada vez hay menos beneficio, y esto no puede seguir así, porque es trabajar para pagar”.

Mari Carmen, por su parte, otra floricultura lebrijana, lamenta que, más allá de las inoportunas altas temperaturas “que estamos sufriendo desde finales de agosto”, ahora se enfrentan a “la rosquilla, el trip, el pulgón y la araña roja”, que debilita o ensucia la flor hasta tener que retirarla. “No tiene calidad para entre en el mercado, y con los líquidos que nos permiten y estas temperaturas, es imposible que podamos combatir nada”, asegura, y añade, un tanto desesperada: “La situación va claramente a peor y no nos cuadran los números ni nuestro trabajo”. “Y para colmo los productos fitosanitarios no hacen sino subir de precio, y la materia activa que nos dejan usar es cada vez menos”, insiste esta lebrijana, consciente de que “el 80% del clavel que va para toda España”, a través de comercializadoras como Rivera Flor, en Chipiona, “sale del Bajo Guadalquivir”.

“Lo cierto es que las flores están saliendo con mucho menos pétalos y la flor dura mucho menos en agua”, explican agricultores de la zona que se muestran “aburridos” con la situación y que están cortando los tallos mucho más bajos porque no valen ya para exornos florales, sino acaso para coronas. Ahora llegará Tosantos y habrá que satisfacer la demanda buscando fuera. En Colombia, por ejemplo.

   

Los invernaderos de Lebrija dedicados a la flor cortada, que ocupan en el Bajo Guadalquivir algo más de 60 hectáreas, temen ya todas las fiestas en las que habría naturalmente demanda de claveles o clavellinas porque siempre se les pone en contra el viento del infortunio. La última vez de este mismo año fue semanas antes de San Valentín, cuando un tren de borrascas y fuertes rachas de viento arrasó buena parte de las infraestructuras a solo unos días de la recolección definitiva. Fue tan grande el drama, que tanto el Gobierno central como la Junta de Andalucía prometieron sendos paquetes de ayudas compensatorias, pero de momento esas ayudas no han llegado.

Y mientras muchas de las 200 familias dedicadas al clavel en Lebrija sienten la asfixia de haber seguido con su labor en los invernaderos a pesar de haber tenido que empezar casi de cero en muchos casos, ahora asoma una nueva amenaza a menos de un mes de la fiesta de Todos los Santos, a comienzos de noviembre. “Faltará clavel y clavellina, por supuesto”, advierten en el sector, donde se confiesan “aburridos” con la situación: las altas temperaturas que no han cesado desde agosto no permiten a la planta ofrecer el mínimo de calidad que se le requiere en el mercado, con lo cual mucha de la tarea de los floricultores en estas últimas semanas está siendo cortar para tirar.

  • Invernaderos destrozados en la localidad sevillana de Lebrija este pasado invierno.
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“El año pasado hubo algunos floricultores aquí que tiraron el 90%”, advierte Margarita Sánchez, una floricultura de Lebrija que lleva 24 años empleada a fondo en sus invernaderos y que estos días ha tirado ya más del 20% de su producción no solo por los efectos de unas temperaturas veraniegas que se mantienen ya bien entrado octubre, sino por las plagas que afectan a la flor y contra las que no se puede luchar por la prohibición de nuevas materias activas. “Nos están dejando sin ningún líquido efectivo”, asegura Margarita, responsable de 2.600 metros, que “es el terreno que yo puedo llevar con la ayuda esporádica de mi marido, pero cada vez hay menos beneficio, y esto no puede seguir así, porque es trabajar para pagar”.

Mari Carmen, por su parte, otra floricultura lebrijana, lamenta que, más allá de las inoportunas altas temperaturas “que estamos sufriendo desde finales de agosto”, ahora se enfrentan a “la rosquilla, el trip, el pulgón y la araña roja”, que debilita o ensucia la flor hasta tener que retirarla. “No tiene calidad para entre en el mercado, y con los líquidos que nos permiten y estas temperaturas, es imposible que podamos combatir nada”, asegura, y añade, un tanto desesperada: “La situación va claramente a peor y no nos cuadran los números ni nuestro trabajo”. “Y para colmo los productos fitosanitarios no hacen sino subir de precio, y la materia activa que nos dejan usar es cada vez menos”, insiste esta lebrijana, consciente de que “el 80% del clavel que va para toda España”, a través de comercializadoras como Rivera Flor, en Chipiona, “sale del Bajo Guadalquivir”.

“Lo cierto es que las flores están saliendo con mucho menos pétalos y la flor dura mucho menos en agua”, explican agricultores de la zona que se muestran “aburridos” con la situación y que están cortando los tallos mucho más bajos porque no valen ya para exornos florales, sino acaso para coronas. Ahora llegará Tosantos y habrá que satisfacer la demanda buscando fuera. En Colombia, por ejemplo.

   

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