La reapertura de 'los clásicos' en Jerez; La Moderna vuelve y El Gorila se termina de 'acicalar': "Vienen tiempos cuesta arriba"

En el Tabanco Plateros de calle Algarve ya han visto a los primeros extranjeros. "Echamos de menos la barra llena, los amigos saludándose entre mesas, pero el cariño sigue estando"

Los empleados de El Gorila, con Javier Sánchez a la derecha, en pleno batallón de desinfección este lunes. FOTO: MANU GARCÍA
Los empleados de El Gorila, con Javier Sánchez a la derecha, en pleno batallón de desinfección este lunes. FOTO: MANU GARCÍA

La Moderna mantiene ese aire en este primer día. "Llevaba tres meses con esa descomposición de vientre de la incertidumbre, de madrugada pensando qué iba a pasar", dice Fernando Pacheco, uno de los bernabé, los hermanos que dirigen el clásico bar al inicio de la calle Larga. En la barra, al mediodía del lunes, rostros reconocibles de la cultura, algún periodista que se ha escapado de la redacción poco después de su informativo, y algún que otro abrazo mascarilla mediante. "Ha sido una vuelta bastante emotiva", dice, "ha sido abrir la reja y ya había amigos que ya estaban dentro", como si estos tres meses después de aquel cierre abrupto se hubiera quedado dentro parte de la tropa diaria.

El desayuno, cuenta, ha sido "más bien suavito". Los dos primeros en servirse, el de "Antonio Serrano, que trabaja aquí en el Santander, y Juan Ángel González de la Calle, el pintor, que venía a leer el periódico, pero ya no lo podemos tener de papel, por lo del coronavirus". En la clásica silueta del tragaluz sobre la barra, una mascarilla. "Así te vas a quedar si no te la pones", dice con arte. "No podéis ver la sonrisa debajo de la mascarilla, pero la alegría es ustedes, los amigos y los clientes".

Pero en este templo de alegría jerezana, reencuentros, aires añejos y personalidades donde siempre pasan cosas, los bernabé no tienen claro eso de que la nueva normalidad sea como la antigua normalidad. En apariencia, solo un cambio, que los taburetes altos se han cambiado por veladores clásicos, para mantener la distancia. No abrieron antes porque los aforos restringidos eran, prácticamente seguro, "para perder dinero, hay un montón de neveras, lavavajillas, freidoras, resistencias... Eso es un pastón".

Y la cuestión es que, "con perdón, Jerez es un pueblo de tiesos, porque es verdad, con tanto paro, sin industria, sin bodega, sin cartón, tapones... Me parece a mí que el futuro... Vivimos del público. No quiero ser un tío pesimista, y ojalá me equivoque, pero no me quiero engañar ni engañar a nadie". Los meses de julio, agosto, enero y febrero son los malos. "Jerez se muere esos meses", dice Fernando. "Ya había un viaje de gente parada, y ahora los ERTE, los que no han visto un duro... Viene un tiempo de abrocharse el cinturón y cuesta arriba".

Fernando, en primer término a la derecha, junto a la barra de La Moderna. FOTO: MANU GARCÍA

En la plaza Plateros, otro clásico, la cervecería El Gorila, está a punto de anunciar la fecha de su retorno. Geles, mascarillas, cibercarta... Todo parece preparado, así que parece cuestión de poco tiempo. No se echaron a la calle a la primera que les permitió el Gobierno, como La Moderna. "Nosotros dijimos desde un principio que las reaperturas tenían que ser en desescalada. Porque si todos hubieran abierto a la vez, habría sido peor. Es lógico que los autónomos de pocas personas hayan abierto antes",  cuenta el propietario, Javier Sánchez.

Para abrir, incluso, han habilitado una puerta para la llegada de mercancía, mientras que la de clientes sea exclusiva para clientes. Hay que reordenarse. "Por lo que nos llega, parece ser que los gorileros y gorileras tienen ganas. Nosotros también, pero el bicho sigue ahí". Por eso, "apelo a la responsabilidad de cada uno. Eso está ahí. Hay gente que se salta los semáforos, y con esto es lo mismo. Nosotros vamos a establecer una cartelería con el protocolo de las autoridades. Lo importante es disfrutar de la cerveza. Yo la disfruto hasta cuando la compro en una tienda y leo la etiqueta". La clave está en normalizar lo que viene. "Vamos a desinfectar las mesas antes de que el cliente se siente. Los empleados hemos hecho cursos".

Todos estos cambios son uno más ante la ya dificultad propia de sacar un negocio adelante. "La hostelería se ve fácil de llevar, pero no lo es". De antes y de ahora. Una nueva realidad de los negocios es que los clientes "se reparten más". Es decir, que si un bar triunfa y está lleno, el flujo de gente se regula porque no se quiere exponer a espacios abarrotados ni siquiera medio llenos. "Ahora van a tener algo más los que antes no la tenían. A lo mejor le ha bajado el desayuno si es lo que más hacía pero le suben las cervezas". A todos los clientes que vengan con ganas, dice Sánchez, les recomienda "que vengan con paciencia, porque se les va a atender perfectamente, que podrán hacer pedidos desde el código QR, y en cualquier caso le vamos a atender siempre con una sonrisa aunque sea con mascarilla, que en los ojos se ve".

Jaime Jiménez, en la terraza de el Tabanco Plateros. FOTO: MANU GARCÍA

Otro de los míticos que lleva tiempo abierto, desde que prácticamente fue legalmente posible, es el Tabanco Plateros, ubicado en calle Algarve. Jaime Jiménez, uno de los propietarios, explica que tiene "gente habitual, del día a día. Las noches de fin de semana se han perdido, no ponemos todas las mesas. A la gente no le gusta beber de pie". Y el verano, para su gusto, tiene visos de mejora. "No está viniendo todavía mucha gente al centro. Tiene un poco de miedo de no encontrar sitio, y la gente se está limitando", algo que intuye que puede cambiar. Eso sí, probablemente haya sido el primero en ver turistas. Los hoteles, en general, no tienen mucha constancia. "Sí, una mesita ya hemos visto de extranjeros", cuenta Jiménez, apenas unas horas después de los primeros vuelos permitidos a Andalucía. Los primera en varios meses. Con más ganas sí va llegando el turismo nacional. "La semana pasada, ni los veías".

Curiosamente, parece que el confinamiento ha cambiado un poco los gustos de la gente. "Tenía más ganas de cerveza que otra cosa". El vino de Jerez, para ir poco a poco creciendo. "Con este calor", dice en la mañana en la que, de verdad, ha llegado el verano tórrido, "viene muy bien un fino, fresquito", anima. Todo, eso sí, siendo diferente. "Echo de menos la gente pasándose de una mesa a otra, hablando con los amigos. No hay ambiente de barra llena. Pero el cariño sigue estando".

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