Jessica: la alegría de encontrar un techo para tus hijos

La asociación Todos con Casa, que reforma viviendas vacías a cambio de ofrecerlas a precios asequibles, consigue un hogar para una pareja con niños pequeños que estaba como okupa

Jessica, con su pequeña en brazos. FOTO: MANU GARCÍA
Jessica, con su pequeña en brazos. FOTO: MANU GARCÍA

“¿Por qué nos tenemos que ir?, ¿por qué está aquí la Policía”, le preguntaban sus hijos a Jessica durante el año que estuvieron viviendo de okupas. Antes de eso estaban en casa de su madre, pero allí eran muchos. Demasiados. Y más que iban a ser, porque poco después se quedó embarazada de un niño que terminó perdiendo. “Lo pasamos mal”, cuenta con su pequeña de un año en brazos. Ella es la menor de sus tres hijos. Los dos mayores, de nueve y diez años, eran los que preguntaban a sus padres. No entendían la situación.

“Nos tenemos que ir, esta casa no es de nosotros”, les contestaba Jessica, una joven que desde hace unos meses tiene un techo bajo el que cobijar a sus pequeños, en la barriada de La Coronación de Jerez. Fue la asistencia social quien le habló de Todos con Casa, una ONG que rehabilita viviendas vacías y que intenta crear una red de colaboración entre propietarios e inquilinos. Los primeros consiguen alquilar su casa; los segundos, un lugar donde vivir a un precio asequible.

“Ahora duermo bien”, dice Jessica, que como el resto de beneficiarios, firma un contrato de tres años, siempre que se comprometa al pago de la mensualidad. “Nos da igual que tengan trabajo estable o no, lo que importa es la intención de pago. Confiamos en la persona”, explica Victoria Sánchez, fundadora de la ONG.

Ana Rosa, propietaria; Jessica, inquilina; y Victoria, de Todos con Casa. FOTO: MANU GARCÍA

Jessica y su pareja, Antonio, pagan unos 200 euros de alquiler después de acordar el precio con la propietaria, Ana Rosa. “Nunca es más de 200 euros”, dice Victoria. Una cuota que se pueden permitir, porque Antonio está trabajando. Ella, antes de quedarse embarazada de su pequeña, llegó a ser beneficiaria de algún plan de empleo que gestiona el Ayuntamiento, pero poco más. Como mucho, percibía la manutención de sus hijos mayores, de una pareja anterior. “Lo hemos pasado mal”, relata, “la Policía venía casi todos los días y les decíamos que esperaran, que no podía quedarme en la calle con mis hijos”.

Pero ahora, Jessica mira al futuro con optimismo y se alegra de que haya mejorado su situación. “Mis hijos por lo menos tienen un techo”, señala. La vivienda la reformaron con sus propias manos, y las de algunos voluntarios de Todos con Casa. “Colaboró hasta mi suegro”, dice Ana Rosa, propietaria del inmueble. “La cocina se modificó entera”, explica, y se pintó y amuebló con las donaciones que recibe la ONG. El piso lo compraron hace cosa de un año, “pero nos salió otra cosa y nos fuimos”, dice. Entonces decidieron “ayudar a otras personas”, cediendo su vivienda a un precio asequible.

Antonio y Ana Rosa, dueños del piso que habitan Jessica y su pareja, son voluntarios de Todos con Casa, donde han coincidido con buena gente a la que ya consideran amigos. “Ha habido chicos con los que hemos arreglado casas que han venido a la mía a comer, mi marido y el de Jessica trabajan juntos…”, enumera Ana Rosa. “Habrá propietarios que prefieran tener sus pisos vacíos”, dice, “porque seguro que no han vivido un caso así de cerca”.

Ana Rosa y Jessica, en la vivienda. FOTO: MANU GARCÍA

A Victoria, después de quedarse en paro, le cortaron la luz y estuvo a oscuras durante una semana en su casa. Eso le hizo reflexionar y darse cuenta de que “lo que le pasa a estas personas te puede pasar a ti”. Ella es agente inmobiliaria y por su experiencia, tanto laboral como profesional, decidió dar un giro a su vida y fundar Todos con Casa.

La aventura comenzó en septiembre de 2015 y, desde entonces, gestionan doce viviendas —que albergan a unas 40 personas—, encargándose de su reforma y posterior mantenimiento. La asociación tiene convenios con empresas que les aportan mobiliario y materiales de obra, pero no tienen dónde dejarlos. Por eso piden que un alma caritativa les pueda facilitar un local. Y también voluntarios. “Ahora mismo somos cuatro o cinco para todo”, dice Victoria, quien señala que la ONG pretende “activar a la persona” para que luche por su derecho a la vivienda.

“No ha sido fácil el camino”, confiesa Sánchez, quien señala que la clave es “el trabajo en equipo”, ya que “sin la colaboración de todo el mundo, esto no es posible”. La asociación, como recoge la definición que hacen ellos mismos, “es una herramienta para que cada familia, cada persona, construya desde cero y con su propia iniciativa su hogar”. Jessica puede dar fe de ello.

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