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Las Torres, El Carmen, Sagrada Familia, La Coronación y La Serrana aglutinan a unos 12.000 de los casi 30.000 vecinos del distrito Oeste de Jerez. 

Casi 30.000 vecinos habitan el distrito Oeste de Jerez, de los cuales unos 12.000 son vecinos de las barriadas de Las Torres, La Coronación, El Carmen, Sagrada Familia y Parque la Serrana, todas ellas bajo el paraguas de la asociación de vecinos Bellos Horizontes.

En la plaza Listán, a dos pasos de la flamante nueva avenida Reina Sofía, cuyas obras dan sus últimos coletazos a la altura del hospital con motivo del carril bici, operarios municipales le dan a la brocha, pintando las paredes del pequeño edificio de una planta que alberga al colectivo vecinal.

“Les hemos tenido que comprar desde rodillos hasta un saco de plaste. El Ayuntamiento no tiene un duro para nada”, lamenta Francisco Jiménez, madrileño, vecino de Las Torres y presidente de la asociación.En el barrio vemos algunas aceras destrozadas, calles que hace años piden a gritos un reasfaltado, jardines que necesitan más de un repaso y bastante suciedad, debido sobre todo a los incívicos que no recogen los excrementos de sus mascotas, convirtiendo el entorno en un campo de minas. “No sé el tiempo que venimos reclamando vigilantes medioambientales. Está visto que la única manera de concienciar a la gente es tocándole el bolsillo”.

En esta zona de Jerez se vive tranquilo y a dos pasos del centro y de zonas comerciales como Área Sur y Luz Shopping, considera Francisco Jiménez. Hace tiempo que descendió el número de robos y asaltos en las calles y bajó el movimiento de drogas, aunque todavía haya algún punto donde se trapichee. Esto, sin embargo, no evita que en estos barrios se reclame más presencia policial, otra de las asignaturas pendientes del Ayuntamiento hacia estos vecinos.Bellos Horizontes sale adelante con más imaginación que medios. Aproximadamente, sólo un treinta por ciento de los bloques está al día en el pago de unas cuotas prácticamente simbólicas. “Estamos esperando todavía una subvención que tenemos aprobada de 722 euros para unos talleres. No sé cuándo la recibiremos”.

Aún así, en el panel de corcho que se encuentra a la entrada de la asociación vecinal hay un listado de diferentes cursos, desde confección a idiomas pasando por bailes como la zumba o el flamenco. Todos a unos precios que no llegan a los dos euros al mes, algo comprensible si se tiene en cuenta el alto índice de paro que presenta la zona. La reconversión bodeguera afectó a los que ya hace tiempo que peinan canas, mientras que muchos jóvenes dejaron de trabajar tras el estallido de la burbuja inmobiliaria.

“El paro afecta mucho. Tenemos familias que lo están pasando mal a las que todos los meses se les da una bolsa de comida. Lo peor es ver que muchos de esos desempleados son gente joven. Eso es lo triste, porque los que somos mayores ya tenemos la vida casi hecha, pero ellos van a tener la cosa muy difícil”.

Una vuelta por la barriada sirve para darnos cuenta de todo lo que nos había comentado Francisco. Una señora nos pide que le hagamos fotos a una inmensa y pestilente caca de perro delante de la parroquia del Perpetuo Socorro, que no sería la única que nos encontraríamos en nuestro camino. La falta de aparcamiento también es un problema. Trabajadores y usuarios del hospital aparcan a diario para evitar la clavada que supone hacer lo propio en el parking privado del centro sanitario, con lo cual los vecinos se las desean muchas veces para poder dejar su vehículo cerca de casa.En la plaza del Baile, en la barriada del Carmen, suena reggaetón desde una ventana. Fachadas que recuerdan tiempos mejores y mobiliario viejo que luce esparcido junto a un contenedor de basura. Tres jóvenes que no llegarán a la treintena charlan en una esquina mientras Juana, de 66 años, pasea a su perro. Al preguntarle por cómo ve el barrio, se limita a decir que “Regular. Hay muchas cositas”. ¿De qué tipo? Prefiere no hablar, aunque el propio presidente vecinal la anima a denunciar aquellas cosas que considere oportunas. No hay manera, aunque finalmente critica “a los que enganchan la luz y el agua y luego los ves con coches de 10 millones de pesetas”.

“Éste es uno de los problemas que tenemos, que la gente no se implica”, lamenta Francisco, que así y todo piensa que es un mal endémico de todo Jerez. “El movimiento vecinal ha caído mucho”. ¿La gente se ha aburrido del tema asociativo? ¿Se ha politizado demasiado? “Algunos me cuentan que sí, pero ésta asociación no, desde luego. Yo aquí recibo a todo el mundo, de hecho en campaña, menos Ganemos, estuvieron todos los partidos, pero después cada uno es de un color y tiene sus ideas, pero yo soy el presidente y tengo que velar por mis vecinos”.

El paseo, antes de concluir en Las Torres, sigue por La Serrana. Aceras en mal estado que además no tienen rebajes que faciliten el tránsito de personas mayores y discapacitados y pasos de cebra que apenas se ven, son otras de las carencias que nos destacan.

¿Cuántas veces se han denunciado los problemas de la zona? “Yo hay veces que he mandado cuarenta cartas a la semana al Ayuntamiento. Soy de los que van al registro para que quede constancia, porque después las palabras se las lleva el viento”.

Sobre el autor:

Jorge Miró

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