El movimiento vecinal busca recuperar los barrios frente a la turistificación y la soledad: "Los políticos funcionan por presión"
Cuatro participantes en una mesa redonda de la Feria de Participación Ciudadana de Jerez analizan los retos del asociacionismo, la implicación de los jóvenes y la necesidad de presionar a las administraciones para defender los intereses comunes
Un momento de la mesa redonda celebrada en el marco de la Feria de Participación Ciudadana. -
Vivir en el barrio de toda la vida empieza a ser un lujo. En el Albaicín de Granada, muchas familias ya no pueden asumir el precio de los alquileres; en Sevilla, los apartamentos turísticos se extienden incluso por zonas tradicionalmente obreras. Y mientras las ciudades cambian a golpe de mercado, quienes intentan defender sus barrios se enfrentan a otro problema: cómo conseguir que más vecinos se impliquen en una lucha que a menudo acaba desgastando a los de siempre.
"Los políticos funcionan por presión", defiende José Mansilla, antropólogo y profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona, participante de una mesa redonda sobre el movimiento vecinal dentro de la Feria de Participación Ciudadana celebrada en los Claustros de Santo Domingo, en Jerez. Junto a él, Paloma Gómez Crespo, antropóloga de la Universidad Autónoma de Madrid, el dibujante de cómics Miguel Osuna, de la asociación granadinaRealejo Habitables, y Joaquín Martínez, profesor de instituto jubilado y representante de la Peña Cultural Mi Barrio, de Sevilla, han compartido sus experiencias y reflexiones sobre el presente y el futuro de la participación ciudadana.
Mansilla, que apunta a la necesidad de presionar a las administraciones para defender los intereses comunes, sitúa al movimiento vecinal en un "ciclo bajo", una situación que, a su modo de ver, no es exclusiva de las asociaciones de vecinos, sino que afecta a los movimientos sociales en general. Entre las causas apunta a la llamada "fatiga activista", derivada de años de implicación y trabajo de personas que han terminado acumulando responsabilidades y desgaste. A ello se suman las dificultades de algunas organizaciones para renovarse, abrirse a sus barrios y superar estructuras "excesivamente verticales".
Sin embargo, la actividad puede reactivarse cuando aparecen necesidades comunes. Gómez Crespo señala que la movilización no siempre responde a grandes conflictos, sino que puede surgir de reivindicaciones tan concretas como la construcción de un colegio o la reparación de sus instalaciones. "Es importante que haya un reconocimiento de esos intereses comunes, expectativas comunes de los vecinos", explica.
Jóvenes, cultura y reivindicación
La incorporación de la juventud constituye uno de los principales desafíos. En Granada, Miguel Osuna describe una asociación con presencia mayoritaria de personas de mediana edad y mayores, en parte porque "el encarecimiento de la vivienda dificulta que los jóvenes puedan permanecer en el barrio". Aunque hay participantes "de veintitantos años", reconoce que su número es "reducido".
Paloma Gómez Crespo, durante su intervención en la mesa redonda.
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JUAN LUIS NARANJO
La asociación vecinal Realejo Habitables intenta combatir esa falta de visibilidad mediante actividades y campañas que permitan a los vecinos conocer la asociación. Su carácter asambleario busca, además, crear vínculos que vayan más allá de una reivindicación puntual. "Se está creando tejido de barrio, de conocernos todos, porque cuidarnos también es importante", explica Osuna. Esa red de proximidad permite "detectar situaciones de vulnerabilidad y ofrecer ayuda" dentro de las posibilidades del colectivo.
En Sevilla, la Peña Cultural Mi Barrio ha optado por una fórmula que pretende facilitar la participación sin exigir una dedicación permanente. "Funcionamos como una asamblea abierta en la cual cada uno participa como quiere y cuando quiere", señala Joaquín Martínez. La iniciativa trata de sortear las dificultades de una sociedad que define como "muy atomizada", en la que las personas tienden a permanecer en sus propios espacios y resulta más complicado sostener compromisos colectivos.
Para ello, explica, la asociación combina las reivindicaciones con propuestas culturales y lúdicas como cinefórums, concursos juveniles de cómic o actividades con la infancia para plantear cómo recuperar una plaza del barrio, la de Doctor Pedro Vallina, en el entorno del barrio sevillano de San José Obrero. El objetivo es mantener viva la organización incluso cuando disminuye la intensidad de las movilizaciones. "Cuando decae lo reivindicativo, porque efectivamente a veces hay un cierto cansancio, siempre permanece ahí la organización de un cinefórum", señala Martínez.
La presión ciudadana frente a la turistificación
La capacidad de influir en las administraciones públicas es otra de las cuestiones centrales del debate. Mansilla considera que las asociaciones vecinales tradicionales han dado paso a formas más amplias de movilización urbana, pero sostiene que la organización colectiva sigue siendo imprescindible para que las decisiones políticas respondan a las necesidades de los territorios. Gómez Crespo añade que "la comunicación y la presencia en los medios resultan fundamentales" para dar visibilidad a los problemas y generar presión social.
Esa necesidad se hace especialmente evidente ante la crisis de la vivienda y la expansión de los alojamientos turísticos. En Granada, Osuna alerta de que el Albaicín se ha convertido en un "espacio prácticamente inaccesible" para muchas familias por el precio de los alquileres. "Una familia normal ya no puede vivir allí, ni una pareja, ni una persona, nada", lamenta. La presión turística, añade, comienza a extenderse también a barrios populares, mientras los vecinos reclaman que se limite el número de plazas turísticas.
Otro momento de la mesa redonda en la pasada Feria de Participación Ciudadana.
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JUAN LUIS NARANJO
Joaquín Martínez observa un proceso similar en Sevilla, donde la transformación del casco histórico se extiende "a zonas tradicionalmente obreras". El cierre de pequeños comercios puede dar paso a apartamentos turísticos, con consecuencias para la vida cotidiana y la identidad de los barrios. "Eso está contribuyendo a la pérdida de la calidad de vida en el barrio, a su desnaturalización", advierte, además de agravar las dificultades para acceder a un alquiler asequible.
Recuperar el barrio como espacio de encuentro
Ante estos desafíos, los cuatro participantes coinciden en señalar la "apertura" como una condición esencial para el futuro del movimiento vecinal. Mansilla propone "sumar colectivos, establecer vínculos" entre organizaciones y "combinar las reivindicaciones generales con los problemas específicos" de cada entorno. La cercanía con esas necesidades permite, además, que los vecinos comprueben los resultados de su implicación.
Martínez reivindica el barrio como "un espacio físico de encuentro donde la gente realmente se ve". Frente a una sociedad en la que, según apunta, cada vez hay más "soledades interconectadas por internet", considera necesario recuperar esos lugares compartidos para hablar de los asuntos que afectan a la comunidad.
Su propuesta pasa por combinar cultura y reivindicación, pero también por presentar alternativas concretas. Como ejemplo, menciona la posibilidad "de implicar a niños y jóvenes en el diseño de una plaza" para "demostrar que existen otras formas de intervenir en la transformación urbana".
El consejo para el movimiento vecinal de Jerez, trasladado desde las experiencias de Granada y Sevilla, es precisamente "favorecer la participación abierta, compartir experiencias con otros colectivos y trabajar sobre problemas concretos que permitan implicar a más personas".
Vivir en el barrio de toda la vida empieza a ser un lujo. En el Albaicín de Granada, muchas familias ya no pueden asumir el precio de los alquileres; en Sevilla, los apartamentos turísticos se extienden incluso por zonas tradicionalmente obreras. Y mientras las ciudades cambian a golpe de mercado, quienes intentan defender sus barrios se enfrentan a otro problema: cómo conseguir que más vecinos se impliquen en una lucha que a menudo acaba desgastando a los de siempre.
"Los políticos funcionan por presión", defiende José Mansilla, antropólogo y profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona, participante de una mesa redonda sobre el movimiento vecinal dentro de la Feria de Participación Ciudadana celebrada en los Claustros de Santo Domingo, en Jerez. Junto a él, Paloma Gómez Crespo, antropóloga de la Universidad Autónoma de Madrid, el dibujante de cómics Miguel Osuna, de la asociación granadinaRealejo Habitables, y Joaquín Martínez, profesor de instituto jubilado y representante de la Peña Cultural Mi Barrio, de Sevilla, han compartido sus experiencias y reflexiones sobre el presente y el futuro de la participación ciudadana.
Mansilla, que apunta a la necesidad de presionar a las administraciones para defender los intereses comunes, sitúa al movimiento vecinal en un "ciclo bajo", una situación que, a su modo de ver, no es exclusiva de las asociaciones de vecinos, sino que afecta a los movimientos sociales en general. Entre las causas apunta a la llamada "fatiga activista", derivada de años de implicación y trabajo de personas que han terminado acumulando responsabilidades y desgaste. A ello se suman las dificultades de algunas organizaciones para renovarse, abrirse a sus barrios y superar estructuras "excesivamente verticales".
Sin embargo, la actividad puede reactivarse cuando aparecen necesidades comunes. Gómez Crespo señala que la movilización no siempre responde a grandes conflictos, sino que puede surgir de reivindicaciones tan concretas como la construcción de un colegio o la reparación de sus instalaciones. "Es importante que haya un reconocimiento de esos intereses comunes, expectativas comunes de los vecinos", explica.
Jóvenes, cultura y reivindicación
La incorporación de la juventud constituye uno de los principales desafíos. En Granada, Miguel Osuna describe una asociación con presencia mayoritaria de personas de mediana edad y mayores, en parte porque "el encarecimiento de la vivienda dificulta que los jóvenes puedan permanecer en el barrio". Aunque hay participantes "de veintitantos años", reconoce que su número es "reducido".
Paloma Gómez Crespo, durante su intervención en la mesa redonda.
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JUAN LUIS NARANJO
La asociación vecinal Realejo Habitables intenta combatir esa falta de visibilidad mediante actividades y campañas que permitan a los vecinos conocer la asociación. Su carácter asambleario busca, además, crear vínculos que vayan más allá de una reivindicación puntual. "Se está creando tejido de barrio, de conocernos todos, porque cuidarnos también es importante", explica Osuna. Esa red de proximidad permite "detectar situaciones de vulnerabilidad y ofrecer ayuda" dentro de las posibilidades del colectivo.
En Sevilla, la Peña Cultural Mi Barrio ha optado por una fórmula que pretende facilitar la participación sin exigir una dedicación permanente. "Funcionamos como una asamblea abierta en la cual cada uno participa como quiere y cuando quiere", señala Joaquín Martínez. La iniciativa trata de sortear las dificultades de una sociedad que define como "muy atomizada", en la que las personas tienden a permanecer en sus propios espacios y resulta más complicado sostener compromisos colectivos.
Para ello, explica, la asociación combina las reivindicaciones con propuestas culturales y lúdicas como cinefórums, concursos juveniles de cómic o actividades con la infancia para plantear cómo recuperar una plaza del barrio, la de Doctor Pedro Vallina, en el entorno del barrio sevillano de San José Obrero. El objetivo es mantener viva la organización incluso cuando disminuye la intensidad de las movilizaciones. "Cuando decae lo reivindicativo, porque efectivamente a veces hay un cierto cansancio, siempre permanece ahí la organización de un cinefórum", señala Martínez.
La presión ciudadana frente a la turistificación
La capacidad de influir en las administraciones públicas es otra de las cuestiones centrales del debate. Mansilla considera que las asociaciones vecinales tradicionales han dado paso a formas más amplias de movilización urbana, pero sostiene que la organización colectiva sigue siendo imprescindible para que las decisiones políticas respondan a las necesidades de los territorios. Gómez Crespo añade que "la comunicación y la presencia en los medios resultan fundamentales" para dar visibilidad a los problemas y generar presión social.
Esa necesidad se hace especialmente evidente ante la crisis de la vivienda y la expansión de los alojamientos turísticos. En Granada, Osuna alerta de que el Albaicín se ha convertido en un "espacio prácticamente inaccesible" para muchas familias por el precio de los alquileres. "Una familia normal ya no puede vivir allí, ni una pareja, ni una persona, nada", lamenta. La presión turística, añade, comienza a extenderse también a barrios populares, mientras los vecinos reclaman que se limite el número de plazas turísticas.
Otro momento de la mesa redonda en la pasada Feria de Participación Ciudadana.
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JUAN LUIS NARANJO
Joaquín Martínez observa un proceso similar en Sevilla, donde la transformación del casco histórico se extiende "a zonas tradicionalmente obreras". El cierre de pequeños comercios puede dar paso a apartamentos turísticos, con consecuencias para la vida cotidiana y la identidad de los barrios. "Eso está contribuyendo a la pérdida de la calidad de vida en el barrio, a su desnaturalización", advierte, además de agravar las dificultades para acceder a un alquiler asequible.
Recuperar el barrio como espacio de encuentro
Ante estos desafíos, los cuatro participantes coinciden en señalar la "apertura" como una condición esencial para el futuro del movimiento vecinal. Mansilla propone "sumar colectivos, establecer vínculos" entre organizaciones y "combinar las reivindicaciones generales con los problemas específicos" de cada entorno. La cercanía con esas necesidades permite, además, que los vecinos comprueben los resultados de su implicación.
Martínez reivindica el barrio como "un espacio físico de encuentro donde la gente realmente se ve". Frente a una sociedad en la que, según apunta, cada vez hay más "soledades interconectadas por internet", considera necesario recuperar esos lugares compartidos para hablar de los asuntos que afectan a la comunidad.
Su propuesta pasa por combinar cultura y reivindicación, pero también por presentar alternativas concretas. Como ejemplo, menciona la posibilidad "de implicar a niños y jóvenes en el diseño de una plaza" para "demostrar que existen otras formas de intervenir en la transformación urbana".
El consejo para el movimiento vecinal de Jerez, trasladado desde las experiencias de Granada y Sevilla, es precisamente "favorecer la participación abierta, compartir experiencias con otros colectivos y trabajar sobre problemas concretos que permitan implicar a más personas".
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