La provincia, la mayor productora española con más de 14.000 toneladas anuales de este material único, busca ser competitiva tras haber contado con un centenar de sociedades de tratamiento hace un siglo y resistir ahora con menos masa de alcornoques y apenas 12 empresas.

Los cohetes que van al espacio usan corcho como aislante —por ejemplo, el proyecto Delta de la NASA—, el 99% de los grandes vinos del mundo se protegen con tapones de este material natural —ya lo hacían los romanos—, el pavimento de los suelos de la cripta de la Sagrada Familia también es de corcho... Hoy en día se hacen zapatos, monturas de gafas, correas de relojes, mobiliario, boxes para caballos, se utiliza en química y en la industria farmacéutica... Es tan extraordinario esto del corcho que la tecnología moderna no ha logrado superarlo. Elástico, 100% reciclable, ignífugo y extremadamente ligero. Andalucía es la mayor productora de corcho de España —Portugal prácticamente monopoliza el 50% de la producción mundial—, y dentro de Andalucía (que extrae 36.000 toneladas anuales), la provincia de Cádiz, con 94.731 hectáreas de alcornocal, concentra alrededor del 15% de lo que se genera en el país. Aun así, solo el 5% se transforma. Esto significa no solo que el valor añadido —la riqueza, en definitiva— se marcha fuera —a Portugal, principalmente—, sino que el ecosistema merma y se degrada por "el propio devenir biológico".

Francisco Lebrero, que fuera concejal en el Ayuntamiento entre 2007 y 2014, es presidente de la asociación de amigos del Parque de Los Alcornocales y uno de los promotores del Plan Estratégico del Alcornocal y el Corcho en Andalucía 2017, redactado e impulsado por la Consejería de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio de la Junta de Andalucía. Un programa a veinte años vista, con revisiones cada lustro, y que se supone que irá aparejado de inversiones —está por ver aún si procedentes de los fondos europeos de la ITI—. El objetivo es involucrar en la hoja de tura a los propietarios, las empresas forestales e industriales de transformación del corcho, los ayuntamientos, las entidades y agentes del desarrollo del territorio para recuperar la cultura corchera y conseguir que el sector no se quede solo en la materia prima sino que sea capaz de transformarla y, con ello, generar empleo y riqueza. "El corcho es una actividad sostenible y su aprovechamiento es la mejor garantía de conservación para el parque de Los Alcornocales y para cualquier alcornocal; sacas un rédito económico y fijas poblaciones rurales o eso está condenado a desaparecer por abandono u olvido", apunta Lebrero, miembro del consejo social de la UCA y de cofundador de la sociedad de Historia Natural en la provincia. 

El 50% de las empresas corcheras de Andalucía, según el borrador del plan estratégico, al que ha accedido lavozdelsur.es, están en Cádiz. En la comunidad hay 24 empresas activas que generan unos 180 empleos directos, aunque no todo el año. Una cantidad pírrica si se tiene en cuenta el volumen de producción que maneja la región y, especialmente, Cádiz y Huelva. "Hay que recuperar toda la cultura del corcho, que da valor añadido y mano de obra, más de lo que la gente piensa, y de camino lo convertimos en la primera herramienta de conservación de Los Alcornocales. Lo que no tienes sentido es que Cataluña con un 2% de la producción tenga ciento y pico de industrias y en Andalucía, con el 40-50%, tengamos 24, de ellas 10 en Cádiz, que es el máximo productor. No somos nada. Producimos materia prima y somos incapaces de sacarle valor añadido", lamenta Lebrero.
En su estudio sobre la evolución de la producción de corcho en los montes públicos de Algeciras, Los Barrios y Tarifa, el ingeniero de montes Rafael J. Sánchez Vel ya alertaba hace unos años de que el descenso en la producción afectaba directamente a la conservación de la masa de alcornocal en la zona. "Según los inventarios forestales —recoge el estudio a partir de datos de 1997—el número de alcornoques ha descendido en la provincia de Cádiz en casi un 16% en menos de 30 años". "Y esto ha ido a peor y ocurre igual en todas las zonas", matiza Lebrero. Y añade: "Cuando se produce y empieza a emerger un sector con cierta fuerza, es más fácil hacer inversiones, por ejemplo, en la finca de Alcornocales para la regeneración, para combatir las plagas, que mejore la calidad del corcho... todo va encadenado y eso al final significa mejor mantenimiento y sostenibilidad en el aprovechamiento del monte". Pero es que esta situación no siempre fuese así. A principios del siglo XX, solo en la provincia había más de 100 empresas de tratamiento del corcho, pero la llegada de la Guerra Civil desvió esta transformación al país vecino, que tiene al alcornoque como árbol nacional y una industria desarrollada "de forma espectacular". A esto, remacha Lebrero: "El corcho en su día fue una industria potente en Andalucía y en esta provincia, y hoy día prácticamente es una reliquia, se produce y no se hace más nada más".

Poco a poco, sin embargo, la tendencia por los montes gaditanos parece ir cambiando. María Beltrán y su firma The Pez —moda y complementos—, Alejandro Rojas y su proyecto Leather & Corck —diseño de de artículos de piel de corcho—, y José María Vega, de Vegabox —fabrica boxes de corcho para caballos—, son algunos de los nuevos emprendedores que han apostado por ir un paso a más allá y recuperar la otrora floreciente industria manufacturera del corcho en la provincia gaditana. Pero hacen falta muchos más, coinciden los expertos. En la reciente presentación en Jerez —que tiene en sus Montes de Propios un filón en este sector— del plan estratégico que ha puesto en marcha la Junta de Andalucía, el consejero de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio, José Fiscal, mantenía la necesidad de "mejorar el estado del alcornocal y potenciar sus servicios ecosistémicos, contribuir a la existencia de un tejido empresarial avanzando y comprometido e impulsar acciones de liderazgo, seguimiento, comunicación, formación y difusión en torno al sector corchero andaluz". En las primeras líneas de ese trabajo, queda clara la "gran importancia" del alcornoque y el corcho en Andalucía "como herramienta para el desarrollo socioeconómico de las zonas rurales y como generador de bienes y servicios difícilmente cuantificables: sumidero de CO2, fuente y refugio de biodiversidad, desempeño de un papel clave para evitar y prevenir la erosión y desertificación".
Corticeira Amorim, la empresa portuguesa líder del sector que factura 534 millones de euros anuales, recibe la mayor parte de la materia prima que descorchan de los alcornocales gaditanos —más de 14.000 toneladas al año—, mientras que otra gran parte va para la francesa Diam Bouchage. Ahora, la idea con el plan estratégico es que el sector andaluz recupere el tono muscular, al menos encargándose de una primera fase de clasificación y transformación. "Nosotros suministramos y resulta que no ponemos el precio ni nos llevamos nada. Si vendes el corcho clasificado y procesado, en una primera transformación, dependiendo para lo que lo vendas, el precio ya sería superior", propugna Lebrero. Como él, muchos técnicos y especialistas han trabajado en un documento que en sus 170 páginas incluye un análisis DAFO (debilidades, amenazas, fortalezas y oportunidades) y una serie de líneas de actuación ya prefijadas. Entre las debilidades, se encuentran, entre otras, la disminución de la producción y calidad del corcho; la falta de especialización en la mano de obra; la estacionalidad de la campaña de extracción del corcho; la escasa capacidad de vertebración de un sector con empresas pequeñas; y la débil imagen del corcho como producto de calidad del patrimonio andaluz. En las amenazas, la competencia de otros productos como tapón de plástico y tapón de rosca; la drástica disminución del número de industrias activas en la comunidad; y los efectos del cambio climático sobre la distribución de la masa de alcornocal.

Pero no todo es negativo. También hay fortalezas y oportunidades. Entre las primeras está el hecho de que Andalucía sea la primera productora de corcho; el gran interés ecológico del alcornocal y la dehesa (situados en reservas de la Bioesfera y parques naturales); la existencia de una vasta cultura y tradición corchera y primera transformación ligada a las poblaciones locales; y estar ante un material que no se devalúa y que apenas se produce en el resto del mundo —el alcornoque es puramente Mediterráneo—. Por último, entre las oportunidades se cuenta con la existencia de nuevos mercados importadores con gran potencial; la necesidad de alternativas económicas sostenibles; la demanda creciente de recursos medioambientales; la existencia de un mercado cada vez más exigente con las marcas ecológicas; la diversificación de los productos de corcho; y hasta las exigencias que marca el Código Técnico de la Edificación en cuanto a aislamiento sonoro y térmico.

El siguiente paso es ir recabando aportaciones del sector y reunirlo en torno a la denominada Mesa Andaluza del Corcho. "Hay que aglutinarlo y que fluya la información porque ahora mismo, por ejemplo, es difícil precisar qué volumen de negocio se está moviendo o a cuánto se vende el corcho", expone Lebrero, que agrega: "Hay gente que lo vende en el árbol, por lo que el coste del descorche corre por el comprador, hay quien empieza a dar concesiones de sus fincas... todo está muy deslavazado". Y, en este punto, aporta una nueva oportunidad con vistas al futuro: "Se está hablando de que Portugal puede recibir un aviso de posición dominante por parte de la UE y ahí tenemos que andarnos listos para que Andalucía y Cádiz mojen, para que en lugar de pelearnos compartamos el mercado".

Sobre el autor:

Paco Sánchez Múgica

Periodista, licenciado en Comunicación por la Universidad de Sevilla, máster de Urbanismo en el IPE. Antes en Grupo Joly (2004-2012), Desde 2014 soy socio fundador y director de lavozdelsur.es. Miembro de número de la Cátedra de Flamencología; colaboro en Guía Repsol; y coordino la comunicación de la Asociación de Festivales Flamencos. Socio de la Federación Española de Periodistas (FAPE).

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