Nace el colectivo feminista de mujeres jóvenes de Jerez para concienciar a las "hermanas" sobre las opresiones sutiles que viven a diario solo por ser féminas.

Cyndi Lauper cantaba en 1983: "Some boys take a beautiful girl and hide her away from the rest of the world. I want to be the one to walk in the sun" ("Algunos chicos cogen a una chica bonita y la esconden del resto del mundo. Yo quiero ser la que camina bajo el sol). El título de esta canción lo decía todo, Girls just wanna have fun, "las chicas solo quieren divertirse". Hoy, en la primera mitad del siglo XXI, las mujeres todavía reclaman libertad. Con ansias de divulgar correctamente lo que significa feminismo y espantar los prejuicios que envuelven al término, desmontar estereotipos y concienciar a la sociedad sobre los problemas diarios que vive una mujer nace el colectivo feminista de mujeres jóvenes de Jerez.

El movimiento se fragua por la necesidad de crear un frente juvenil, ya que según ellas, Marea Violeta no se ajustaba a las expectativas de las jóvenes. "Cada vez que moría una mujer se convocaba una concentración, salía un manifiesto, era todo muy políticamente correcto, muy protocolario", comenta María Hari, jerezana de 24 años y psicóloga, que ha realizado varios cursos de género. La filosofía de este nuevo grupo feminista es la acción, la educación. No se trata de poner un remedio a posteriori, sino anticiparse al comportamiento machista para erradicarlo, para frenar una mentalidad dominante del hombre sobre la mujer. "Vemos necesaria una concienciación diaria, una actitud activa y no pasiva ante los actos. Manifestarse en contra de la violencia de género sirve, pero no solucionada nada si luego no educas", expresa Gabi Benítez, persona transgénero —no se siente ni mujer ni hombre— de 21 años que sufre discriminación por tener cuerpo de mujer, ser queer —ambos géneros— y lesbiana. 

Cerca de 15 mujeres jóvenes de la ciudad se reúnen todos los viernes para discutir y dialogar sobre sus inquietudes, sobre experiencias que han vivido y que cuestionan si son legítimas... “Queremos que las chicas de nuestro alrededor se den cuenta de sus propias opresiones y de los problemas con los que viven a diario. Que empiecen a empoderarse, a ser conscientes de que ellas pueden responder a estas agresiones externas. No tienen por qué ser tan visibles. No tiene que haber una agresión física, sino que puede ser algo mucho más cotidiano, más sutil, que está ahí y que no se ve. Hay un machismo muy normalizado que tenemos asimilado”, explica María Hari. Todas asienten. "Debemos aprender a reaccionar ante situaciones machistas para dejar de ser pasivas", enlaza. Al igual que se puede actuar cuando alguien está atacando a una persona por su raza, ellas, utilizando dicha comparación, ven lógico defender a una mujer cuando se la está insultando o se la objetiviza. "Ahora no hay reunión de colegas en la que no se hable de feminismo", señala Cristina Leiva, jerezana de 22 años graduada en Derecho. La mayoría de ellas conocen el movimiento feminista cuando empieza a pegar fuerte en España, en torno a 2010, pero coinciden en que eran mujeres que se cuestionaban algunas situaciones que vivían en casa: "Te das cuenta cuando tus padres te sueltan: Eres mujer, no puedes salir hasta tan tarde", cuenta Inmaculada Pérez, de 19 años, estudiante de Química en la UCA. Hablan de micromachismos, de comportamientos, reacciones que una gran parte de la sociedad asimila sin preguntarse por qué. Las costumbres se hacen leyes, y ellas, el colectivo feminista de Jerez, quieren deconstruir lo que se conoce como feminidad y masculinidad para crear otros modelos. 

"Los géneros son una cosa que nos han impuesto que no tienen validez. Las mujeres son siempre las pobrecitas, las débiles"

"Los estereotipos son estúpidos ¿Cómo sabes realmente que tú no eres una mujer, o que quieres ser una mujer? ¿Qué es lo que te define como mujer si los estándares femeninos son completamente erróneos porque tú no tienes que ser la menos válida, ni la débil? ¿Cómo sabes tú, cuando te quitan esos cánones que te han impuesto, que tú te sientes como una mujer? Es que no hay género. Yo me defino como una persona queer, y a efectos legales, delante de un médico, como una persona trans porque quiero cambiar la apariencia que tengo para estar a gusto conmigo misma", comparte Gabi, a lo que continúa: "Creo que los géneros son una cosa que nos han impuesto que no tienen validez. Es una cosa que siempre nos perjudica. Las mujeres son siempre las pobrecitas, las débiles, las de ¡ay no sabes hacer nada!, las que sufren el mansplaining —cuando el hombre es el que tiene que explicarle las cosas a la mujer—, porque él es el que sabe, el que entiende de todo". "La gente se queja cuando las feministas responden con rabia, cuando la rabia es algo totalmente legítimo", indica María después de que Gabi vomite un discurso que prácticamente inicia por frustración, esa ira de la que habla su compañera. "Todas las expresiones son legítimas. Pero llega ya a un momento en que cada una adopta la lucha como quiere y nosotras nos lo tomamos todo con mucho más humor. Si llega un hombre insultándome o desprestigiando al movimiento, pues me río, porque así es como más le duele", añade María. Ellas no quieren hacer pedagogía con hombres. Dicen que es más sencillo cuando otro hombre, que es consciente de la causa, les explica que el estereotipo de masculinidad también les afecta y les oprime. "Al final te das cuenta de que cuando nosotras dejamos de cuidar, y ellos dejan de mandar, de ocupar esos espacios, la comunicación entre hombres y mujeres se vuelve productiva", explica Hari. 

El colectivo feminista inicia su andadura el 1 de diciembe de 2016 con varias propuestas y ya han conseguido a casi 40 asiduos. Primero decidieron hacer talleres mixtos que comienzan a partir de las 20:30 horas en La Librería para informar sobre la actitud feminista con diferentes temas estrechamente relacionados: la diversidad sexual, micromachismos, historia del movimiento, la ocupación de los espacios públicos y privados o películas sobre las que luego discutir en grupo. Y luego, sobre las 23:00 horas, realizan comisiones no mixtas donde solo mujeres debaten y exponen sus inquietudes y problemas en un espacio en el que se sienten cómodas. Cuentan que en un principio establecieron asambleas mixtas, pero que fue un caos y que Jerez no está preparada para ello. "Yo creo que ese es el verdadero cáncer del género. Nos comunicamos de una manera muy disfuncional entre nosotros. Eso es uno de los objetivos personales a la hora de crear el colectivo. Era vital empezar a construir otros modelos de feminidad y masculinidad", concluye María Hari. 

Para algunas de ellas, sus referentes, más allá de figuras históricas del movimiento feminista como Simone de Beauvoir o Angela Davis, son mujeres cercanas. María Hari destaca la fortaleza de su abuela, una mujer que, a pesar de no haber recibido una educación, siempre ha hecho lo que ha querido. "Ha superado tres cánceres y se sigue levantado cada día con la misma ilusión. No se ha dejado caer", apunta. Cristina Leiva resalta la independencia que siempre le ha inculcado su madre. Sin embargo no todas tuvieron el mismo apoyo en el contexto familiar. Negó su orientación sexual y personal hasta los 18 años. Cuando cumplió la mayoría de edad explotó. Se sinceró con sus padres, pero estos no reaccionaron bien. Por eso desde este colectivo reivindican, como hace el feminismo, que cada una pueda escoger con libertad lo que quiera hacer y ser en su vida. El colectivo feminista anima a que la gente se acerque a alguna concentración y, sobre todo, aquellas mujeres que necesiten ayuda o quieran expresar sus dudas. Desean crear una red de sororidad —mujeres que se unen para cambiar su realidad— para que nadie esté sola ante las agresiones machistas. "Hay gente que se cree que no se puede hacer nada en Jerez. Pero el colectivo está floreciendo y nosotras, las mujeres del Sur, tenemos una serie de problemas que son diferentes a los que priman en Madrid o Barcelona, y que entre todas, debemos dar una solución", apostilla Cristina. 

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