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Lunes festivo, resacoso y sofocante en el Real: con más o menos público, con un paseo de caballos más o menos lucido, los cientos y cientos de trabajadores que miman la fiesta vuelven a sus puestos sin descanso.

Después del aluvión del fin de semana inaugural, este lunes de Feria del Caballo festivo y resacoso ha sido la jornada de transición perfecta. Hay quienes se lo han seguido tomando en serio y desde el minuto uno ya volvían a darlo todo sobre el albero, pero otros muchos han optado por reservar y esperar a los últimos días para regresar con fuerzas renovadas al ataque. Esa mezcla propició que el Real del González Hontoria presentará cierta desertización, sobre todo en las horas centrales del día en las que el peso del calor era prácticamente insoportable en el recinto ferial. Aun así, el lunes de Feria dejó buen sabor de boca, un paseo de caballos poblado y momentos flamencos cuando menos sorprendentes en el interior de algunas de las casetas más aplaudidas —caso de la peña La Buena Gente o la Bulería—. Todo ello, gracias un día más, al esfuerzo del ingente personal que cuida de la celebración y que pocas veces es reconocido.Casi a la misma hora que el mediático Diego el Cigala se arrancaba por tangos en la Buena Gente, o que Ainhoa Arteta disfrutaba de un rebujito —ojito a las gargantas— en Los Cabales; casi a la misma hora que las exalcaldesas populares Pelayo y Teófila hundían el cucharón en berza 'made in' PP, o que la actual regidora jerezana Mamen Sánchez daba la bienvenida a la prensa en el tradicional encuentro con los medios, cientos y cientos de personas anónimas se afanaban un día más por terminar de restaurar el Real tras la jornada anterior y encender la maquinaria para la que se avecinaba. Desde la avenida Álvaro Domecq, donde los trabajadores del transporte urbano dan cada día una lección de sincronía y buenas maneras en el trato al público, hasta los agentes de la Policía Local, algunos de ellos amparados de ese sol de justicia bajo una sombrilla en pleno asfalto para controlar los accesos y orientar a los despistados.Afortunadamente, la Feria discurre sin sobresaltos ni incidencias de gravedad pero, por si las moscas, ahí anda a pie o a caballo la Policía Nacional, ofreciendo sensación de seguridad y permaneciendo alerta ante cualquier contigencia. No pueden evitar los robos a mano armada en algunas casetas —es labor de los inspectores de Consumo—, ni tampoco una nueva ola de hurtos de móviles —un desagradable clásico ya de cada Feria—, pero al menos sabemos que están ahí, con una gran habilidad para hacerse presentes siendo casi invisibles. Como los encargados de la limpieza del Real, que siempre podría ser mejor si entre todos colaborásemos un poco y no fuésemos (algunos, no todos) tan puercos. O los currantes de las casetas que, salvo excepciones, se parten la cara por ofrecer estos días el mejor servicio y hacer brillar esta fiesta tan simple y tan compleja a la vez. Hoy será el día de los cacharritos, habrá rebajas en las atracciones para que las familias puedan conciliar mejor los deseos de sus pequeños con el estado de salud de sus carteras. La Feria sigue siendo larga y a veces son necesarios los parones para coger impulso y equilibrar las cuentas. Pero la Feria no se detiene ni espera. O te subes, o te quedas en tierra hasta el siguiente tren. 

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