Silvio Rodríguez Domínguez (1946, San Antonio de los Baños, Cuba) ha pasado buena parte de su vida escribiendo canciones que otros han convertido en memoria propia. Canciones de amor, de pérdida, de dudas, de revolución, de una isla que para muchos ha sido esperanza, para otros decepción y para él, durante casi setenta años, patria. Pocas figuras de la música en español han quedado tan unidas a una época, a unas ideas y también a las contradicciones que el tiempo acaba dejando sobre cualquier certeza.
Cuando le propuse esta entrevista no quería preguntarle únicamente por la gira que lo trae de nuevo a España —25 y 26 de septiembre en FIBES, en Sevilla— ni recorrer una biografía conocida. Me interesaba otra cosa: qué permanece cuando han pasado los años, qué cambia, qué cuesta admitir que debió cambiar antes y cuánto puede transformarse una convicción sin dejar de ser reconocible. Silvio respondió por escrito, con la economía de quien escoge cuidadosamente dónde detenerse y dónde no.
Habla de lealtad y fanatismo, de un modelo socialista cubano que ya a finales de los años ochenta consideraba "arcaico, en decadencia", de reformas que cree que debieron llegar mucho antes y de una Cuba que, aún necesitada de cambios, no puede comprenderse al margen de más de seis décadas de bloqueo. Habla también de Pablo Milanés y recuerda los años en que ambos se cantaban canciones recién nacidas, antes de que ciertas diferencias los separaran.
Y, cuando la conversación abandona la política y se acerca al tiempo, aparece quizá el Silvio más desnudo. A punto de entrar en los ochenta años, no habla de legado ni de posteridad. Dice simplemente que a su edad y a su vida "casi lo único que les falta es terminar" y que, cuando ocurra, sucederá con gratitud.
Cantautor de los más relevantes de la nueva trova cubana y de la nueva canción iberoamericana de fines del siglo XX e inicios del siglo XXI, tiene más de una veintena de discos publicados, el último titulado Quería saber (2024). Cinco años después de su última gira por España, actúa con entradas agotadas en ocho ciudades, entre ellas, Sevilla.
Pregunta. A lo largo de su vida ha mantenido convicciones profundas y también ha defendido la necesidad de la crítica. Después de todo este tiempo, ¿qué ha aprendido sobre la diferencia entre ser leal y dejar de hacerse preguntas?
Respuesta. Que la lealtad no debe confundirse con la incondicionalidad y mucho menos con el fanatismo. De ser así, la ciencia, el conocimiento, la creatividad podrían no avanzar.
P. En 2002, desde la Asamblea Nacional, habló de una "Patria Socialista perfectible" y dijo que "la intención no es petrificar este instante". 24 años después, ¿qué significaba para usted entonces ese "perfectible" y qué significa hoy, después de todo lo ocurrido?
R. Desde fines de los 80, o antes, yo estaba convencido de que estábamos practicando un modelo de socialismo arcaico, en decadencia. O sea, cuando dije eso en la Asamblea estaba planteando que podíamos hacerlo mejor. Hace unas semanas, cuando el gobierno cubano propuso 176 medidas económicas para contrarrestar la asfixia a la que nos somete el gobierno de Estados Unidos, dije que hacía más de 30 años que esperaba algo parecido.
"Siempre tuve claro que lo que pasaba en mi país, y en el mundo, era mucho más importante que lo que me pasaba a mí"
P. Usted ha dicho que algunas reformas en Cuba debieron haberse emprendido décadas antes, y fue diputado entre 1993 y 2008. Cuando mira hoy aquellos años, ¿qué cree que vio a tiempo y qué comprendió demasiado tarde?
R. Creo que, al menos parcialmente, está respondido en la anterior.
P. Usted ha contado que, en los mismos años de 'El necio', escribió canciones mucho más autocríticas que tuvieron menos eco. Cuando mira hoy ese contraste, ¿cree que su obra terminó mostrando con más fuerza sus certezas que sus dudas?
R. Debo aclarar que no siempre han sido certezas lo que me ha llevado a escribir canciones. Yo siempre he sido una persona que duda, cosa que empecé a decir desde muy temprano. Está en canciones como Mientras Tanto (1967), Playa Girón (1969) o Te doy una canción (1970). Pero una cosa es expresar dudas y otra muy diferente es hacerse abanderado de esa zona de la vastedad del pensamiento. O sea, siempre tuve claro que lo que pasaba en mi país, y en el mundo, era mucho más importante que lo que me pasaba a mí.
P. Con Pablo Milanés compartió amistad, canciones, generación y una larga historia política y musical. Con el tiempo llegaron la distancia y las diferencias públicas. Cuando piensa hoy en Pablo, más allá de aquello que los separó, ¿qué permanece para usted de aquel vínculo?
Conocí a Pablo a finales de 1967, cuando yo era presentador de un programa de televisión. Me lo presentó la gran Omara Portuondo. Ella y otras personas me habían hablado de él y de sus canciones. Lo cierto es que tuvimos una afinidad instantánea, porque empezamos a cantarnos el uno al otro inmediatamente. De aquel encuentro me sorprendió mucho su madurez musical, la calidad de su voz y particularmente una canción que recién había escrito sobre Vietnam: Yo vi la sangre de un niño brotar. Unos meses después, el 19 de febrero de 1968, participamos junto a otros compañeros de generación en un programa musical de Casa de las Américas que generó la idea de que había una “trova joven” o “nueva trova”, como le empezó a llamar la prensa. Después estuvimos entre los fundadores del Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC (GES), que fue dirigido nada menos que por Leo Brouwer y tuvo de profesores a Fred Smith y Juan Elósegui.
"Con Pablo (Milanés) fueron unos 20 años de colaboraciones profesionales y experiencias humanas que me acompañan entrañablemente"
Paralelamente empezamos a viajar y hacer conciertos juntos por América Latina, España, Francia. Fuimos testigos de cómo el otro hacía canciones que después perdurarían. Recuerdo que Para vivir, acabada de hacer, nos la cantó a mi madre y a mí por teléfono y nos dijo que sentía que le faltaba algo. Entonces mi madre le dijo: “Ay, Pablito, yo creo que lo único que le falta es que la cantes”… Con Pablo fueron unos 20 años de colaboraciones profesionales y experiencias humanas que me acompañan entrañablemente.
P. En 'Cualquiera que nace en Cuba' aparece también el “cubano insubordinado”. En un país atravesado por la emigración, la discrepancia y formas muy distintas de entender su futuro, ¿quién forma parte hoy, para usted, de ese “nosotros” cubano?
R. Cualquiera que nace en Cuba dice que hay muchas maneras de ser cubano, como supongo que las hay de ser de cualquier parte. De esa variedad de ser, si me preguntaran, sólo excluiría a los que piden bloqueos y acciones militares contra su propia gente.

- El cantautor cubano Silvio Rodríguez, en una fotografía de archivo.
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- Ernesto Mastrascusa / EFE
P. Mirando hacia atrás, ¿hay algún silencio suyo que hoy le pese más que una equivocación?
R. Mirando hacia atrás, contrariamente, pienso que quizás haya hecho algunas canciones de más; pero tampoco me arrepiento. Nobody is perfect.
P. Se acerca a los ochenta años escribiendo, grabando y subiendo a un escenario. Más que por el legado, me interesa lo que permanece abierto: ¿qué siente que todavía no ha terminado de decir, hacer o comprender?
R. Tengo una edad y una vida a la que casi lo único que les falta es terminar. Cuando eso pase, tenga la seguridad de que sucederá con mucha gratitud por la suerte que tuve.
"Las canciones tienen vida propia. Y si tienen alguna virtud es la habilidad de acompañar"
P. Cuando vuelve a cantar una canción que escribió hace cuarenta o cincuenta años, ¿la canta desde el hombre que la escribió entonces o desde el hombre que es hoy?
R. Las canciones tienen vida propia. Y si tienen alguna virtud es la habilidad de acompañar. Los hechos, las reflexiones y las personas que las inspiran, pasan. Sin embargo, algunas canciones continúan acompañando. Para el que las encuentra y las expone, ¿debiera ser diferente?
P. Dejando por un momento a un lado el bloqueo y los factores externos: si hoy pudiera tomar una sola decisión, dentro de lo que depende de Cuba, para cambiar el rumbo del país, ¿cuál sería?
R. Después de vivir 68 años en un país bloqueado, agredido de muchas maneras y además satanizado, perdóneme, pero soy incapaz de obviarlo.
P. Después de hablar de lealtades, cambios, canciones, Cuba y tiempo, ¿qué no le he preguntado y le gustaría dejar dicho?
R. Quiero dar las gracias a usted, a su periódico y muy especialmente al pueblo de toda Andalucía y de Sevilla por recordarnos y querernos, después de tantos años.
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