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El evento flamenco por excelencia de Jerez, al filo de sus bodas de oro, se enfrenta a un proceso de reconstrucción.

Este sábado día 5 de septiembre, a partir de las diez de la noche en el Patio de San Fernando del Alcázar de Jerez, se celebrará la edición número 48 de la Fiesta de la Bulería de Jerez. Con tal motivo buceamos en nuestros archivos y hacemos una pequeña historia de esta cita que va camino de celebrar sus bodas de oro. 

Debido a la filiación de la ciudad con la bulería y viceversa, Jerez dedicó su gran cita con el flamenco a su estilo festero por antonomasia, como respuesta al gran auge que tomaron los festivales flamencos andaluces durante los veranos de finales de los 50 y principios de los 60 del siglo pasado.

Uno de los Festivales con más solera de Andalucía

Estos comenzaron a fraguarse en la primavera del año 1957, cuando la Hermandad de los Gitanos de Utrera decidió hacer una convivencia para celebrar su primera estación de penitencia. Sin darse cuenta, estaban poniendo los cimientos de un nuevo marco para el desarrollo del arte jondo frente al gran público. El propietario del Bar Onuba guisó un potaje de frijones en la Caseta del Tiro al Plato de la localidad sevillana. Como invitados de excepción, fueron convocados José el de la Aurora, padre de Fernanda y Bernarda de Utrera; El Cuchara; Perrate; Antonio León; Gaspar de Utrera, Manuel de Angustias y Diego del Gastor.

El resultado fue una fiesta flamenca excepcional. La cita dejó tan buen sabor de boca, en todos los sentidos del término, que año tras año fue repitiéndose la fórmula tomando paulatinamente la forma del espectáculo público que todos conocemos. Para ello, resultó imprescindible la participación del maestro Antonio Mairena, quien de forma desinteresada acudió al encuentro con su habitual escolta, entre los que nunca faltaban Juan Talega, Tomás Torre y Diego el de la Gloria. De esta forma, nació el primer festival flamenco del verano andaluz y muchas poblaciones se fueron sumando a la fórmula, aderezo gastronómico incluido.

Arcos de la Frontera fue el siguiente enclave que organizó su propio festival, cuatro años después de Utrera, gracias al empuje de la Cátedra de Flamencología de Jerez y de su director, Juan de la Plata. La histórica Plaza del Cabildo acogió el 7 de septiembre de 1961 la primera cita festivalera arcense con nombres como Terremoto, Juan Talega, La Perla de Cádiz, Tía Anica la Piriñaca, El Berza, Juan Acosta, Paco Laberinto, Angelita Gómez, y algunos artistas locales como Zapata de Arcos. Espíritu que ha recogido la actual Velá de las Nieves, patrona del municipio serrano.

Le siguieron por este orden: El Festival del Cante Jondo de Mairena del Alcor, El Festival de Cante Grande de Écija, El Gazpacho de Morón de la Frontera, la Caracolá de Lebrija, el Festival de Marchena, el de Puente Genil, el del Almería, La Puebla de Cazalla y tantos otros, hasta alcanzar, en la actualidad la cifra de unos 200 aproximadamente. A primeros de septiembre de 1967, Jerez celebró su primer gran festival. Fue el día 1 de aquel mes, en el marco del extinto cine Terraza Tempul. El impulso de la que sería convocatoria anual fue dado por la Cátedra de Flamencología de Jerez y su incansable promotor Juan Franco Martínez, Juan de la Plata, quien tuvo la feliz iniciativa tras la celebración de los V Cursos de Arte Flamenco de la pionera institución, durante los cuáles fue entregada la I Copa Jerez a Gregorio Manuel Fernández Vargas, Tío Borrico, quien debutó así ante el gran público.

Como rasgo identatario del certamen, Juan de la Plata decidió dedicarlo a la bulería y reflejar, en el modo que fuera posible, una de las tantas fiestas que surgían en los patios de vecinos de San Miguel o Santiago. Pudo llamarse la Gran Fiesta Jerezana, pero acabó con la denominación actual de Fiesta de la Bulería. El primer cartel lo formaron: El Borrico, Diamante Negro, Tío Parrilla, Paco Laberinto, Fernando Gálvez, Manuel Jero, José Vargas “El Mono”, El Pili, Tía Juana la del Pipa, María Soleá, las hermanas Márquez, Tomás Torre, Juanele Bermúdez, Vicente Soto, Diego Carrasco, Diego de la Margara, Pedro Peña y Manuel y Juan Parrilla. Algunos dicen que como aliciente a los artistas se instauró la Copa Jerez en la Fiesta pero no es así, más bien era que el ganador de la Copa actuaba como artista invitado en la Fiesta de la Bulería. Así ocurrió con la primera que correspondió al Borrico, y las siguientes que fueron a parar fue a parar a las manos de intérpretes de la talla de Terremoto o El Chozas, entre otros muchos. En la actualidad no ha sobrevivido este galardón.

Varios han sido los escenarios por los que ha pasado la Fiesta de la Bulería: el Teatro Villamarta, la caseta de feria del Club Nazaret, los jardines del Bosque, el cine Eslava, el antiguo estadio de fútbol Domecq, el parque González Hontoria… hasta llegar a su más frecuente ubicación, la Plaza de Toros y este año por vez primera en el Patio de San Fernando, dentro del Alcázar, porque recuerdo que en los aledaños sí se ha celebrado. Destacan, del mismo modo, las distintas dedicatorias del magno acontecimiento flamenco jerezano, como las ofrecidas a los flamencos de Lebrija, a Tía Anica y Tomás Torre, Manolo Caracol, las peñas de Cádiz, Manuel Torre, al pueblo de Jerez, a la Cátedra de Flamencología, a Terremoto, a Sordera, La Paquera…

Y, por último, al poeta y autor de letras flamencas Antonio Gallardo Molina. Un modelo que fue perdiendo fuelle e identidad hasta hoy. En 1986, la organización del evento pasó de la Cátedra de Flamencología de Jerez a las manos municipales, a través de las sucesivas delegaciones de Cultura. Desde hace unos años (escribíamos en 2007), se advierte una grave pérdida del verdadero espíritu por el que fue fundada la Fiesta. 

Y varias pueden ser las razones: aquella fiesta colectiva y festera se fue transformando en un festival más sin el sustento de su verdadera naturaleza, el hacer partícipes a los jerezanos y visitantes de un ambiente festero que sólo esta ciudad puede ofrecer, al menos en cantidad. Si la bulería autóctona cedió paso a otros estilos, una mala gestión plagada de la esterilidad de un chovinismo mal entendido, negó sistemáticamente la entrada a artistas invitados de otras zonas cantaoras, que sin duda, enriquecían el resultado final.

Si echamos un vistazo a los carteles que han conformado la cita, comprobaremos que siempre estuvieron ahí nombres como los de Fernanda y Bernarda de Utrera, la Perla de Cádiz, Lebrijano, Rancapino, Camarón, Turronero… Lo que es más grave, y puede ser una cuestión totalmente ajena a la organización del evento, es la continuada pérdida de valores flamencos en la afición. Lejos de valorar las verdaderas propuestas artísticas que hicieron cuna indiscutible a Jerez, se vuelve hacia la vulgarización del repertorio. En este apartado también señalamos la cuota de culpa de muchos intérpretes locales que han ido prostituyendo la bulería corta jerezana por el cuplé, la canción y otros sucedáneos.

Lo cierto es que la Fiesta de la Bulería durante algunos años dio paso a una convivencia nocturna –¿tal vez debemos utilizar el término botellón?– que prestaba poca atención a lo que sucedía encima del escenario y que sólo reaccionaba ante lo facilón y comercial. Si ir más lejos, en anteriores convocatorias la estereotipada fórmula del tango–rumba, con sus estribillos, ha dejado en la más ignominiosa sombra a la bulería, cuyo espíritu insufló las primeras puestas en escena. Y si esto pasa en la tierra de Terremoto y La Paquera, ya me contarán.

Artistas de la talla de José Mercé, quien fue vilipendiado por la masa informe, ha jurado no asistir jamás a lo que considera poco más que un “camping nocturno”. Y créanme que no anda falto de razón el santiaguero. En la manos del todo el colectivo flamenco, siempre y cuando así lo desee la clase política, está el salvar la gran fiesta del Jerez flamenco de su pérdida de esencialidad. Aficionados, peñas flamencas, público, medidas de seguridad, artistas flamencos, medios de comunicación, delegados municipales y un largo etcétera están obligados, por historia y decencia, a recuperar la Fiesta de la Bulería, con todos sus honores.

Por último, y como hemos destacado en otros artículos, hoy día el modelo actual de la Fiesta de la Bulería está caduco y, lo que es peor, viene generando pérdidas a las ya de por sí paupérrimas arcas municipales. Como advertimos en este artículo, nuestra propuesta es adaptar una única noche a una semana internacional donde los espectáculos se den la mano con la formación y la investigación y junto a ellos entrelazar todos los atractivos y recursos de la ciudad: rutas, vino, caballo y cercanas playas.

José María Castaño es flamencólogo y director de loscaminosdelcante.com, donde se ha publicado originalmente este artículo.

Sobre el autor:

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Paco Sánchez Múgica

Periodista, licenciado en Comunicación por la Universidad de Sevilla, experto en Urbanismo en el Instituto de Práctica Empresarial (IPE). Desde 2014 soy socio fundador y director de lavozdelsur.es. Antes en Grupo Joly. Soy miembro de número de la Cátedra de Flamencología; hice la dramaturgia del espectáculo 'Soníos negros', de la Cía. María del Mar Moreno; colaboro en Guía Repsol; y coordino la comunicación de la Asociación de Festivales Flamencos. Socio de la Asociación de la Prensa de Cádiz (APC) y de la Federación Española de Periodistas (FAPE).

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