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Hoy, 5 de mayo de 2018, se cumplen 200 años del nacimiento de Carlos Marx, en Tréveris. Es una gran ocasión para volver la vista atrás, y repensar su figura. Pero uno en verdad sólo puede hablar desde su experiencia personal, y a ello intentaré atenerme.

Durante muchos años, un gran retrato de Don Carlos —el que abre este artículo— presidió el despacho de mi casa. Con el tiempo, otros iconos de mi templum particular, como Jorge Luis Borges, William Morris o Leonard Cohen, han ido relegándolo a un pequeño retrato colocado en un lugar más secundario, donde aún permanece. Las paredes de casa reflejan con elocuencia mi propia evolución.

A lo largo de la vida, y desde mis 13 años, Carlos Marx ha proyectado una sombra alargada y proteica sobre mí: comenzó siendo la revelación del comunismo como ese “fantasma que recorre Europa”, que contaba en su inicio aquel Manifiesto Comunista, que el joven Marx escribiera con su amigo y eterno valedor, el joven Engels. Estos jóvenes airados, brote díscolo a su vez de la gran sombra de Hegel, intentaron como buenos alumnos matar al padre, si bien por el camino asimilaron para siempre las principales tesis de la dialéctica hegeliana. La obra de Marx, amplia e irregular, ha ofrecido, sin embargo, algunas cumbres luminosas, como es toda la primera parte de El Capital. El inmenso trabajo de su vida intelectual, constante y convenientemente apoyado en sus medios materiales por su amigo Engels, es fruto de una luminosa voluntad de saber, y algunas de sus aportaciones han sido génesis y fundamento de numerosas ciencias sociales en los últimos 150 años.

El inmenso trabajo de su vida intelectual, constante y convenientemente apoyado en sus medios materiales por su amigo Engels, es fruto de una luminosa voluntad de saber, y algunas de sus aportaciones han sido génesis y fundamento de numerosas ciencias sociales en los últimos 150 años"

Marx compartió el trabajo teórico y metódico con la praxis de la lucha política inmediata, y también con una amplia producción periodística combativa. Pero ambas facetas de su trabajo directamente político no representan lo mejor de su obra, y en muchos casos, es lo primero que ha caducado. Artículos suyos, muchos de ellos en la Gaceta del Rhin, sobre la cuestión judía —pese a provenir de una familia rabínica, o quizás por ello— sobre España, sobre el pueblo vasco, etcétera, son un buen ejemplo de caducidad con el  paso del tiempo. Tampoco constituye lo mejor de su acción política las maniobras diversas en el seno de la Primera Internacional, en relación con las tesis de Bakunin, y las falsas acusaciones que éste sufrió, etcétera.

Pero también, y previamente a todo esto, don Carlos Marx fue —es su motor primero— un joven poeta romántico, autor de varias obras poéticas y dramáticas, plenamente incardinadas en el zeitgeist de su entorno. Incluso tiene una tragedia poética ,Oulanem, donde el personaje principal, del mismo nombre, no soporta la depravación de los hombres, y los condena a la perdición, con notable furia poética, en la huella y en el espíritu del Mefistófeles de Goethe. Puede apuntarse que quizás un elemento central de la filosofía de Marx sobre la destrucción de clases hunda sus raíces en cierto tono del drama romántico. En este mismo dossier, se mostrarán algunos fragmentos de su obra romántica muy, muy desconocidos.

El espíritu visionario que impulsó al joven romántico Marx es, en esencia, el mismo que ya mostraba en sus Manuscritos económico-filosóficos en 1844, cuando decía: “En la sociedad comunista, cada ser amante será un ser amado”. El fondo utópico del comunismo se fundamenta en el advenimiento del paraíso en la tierra, aunque ellos mismos calificaran como “socialistas utópicos” a otros compañeros de utopías semejantes, por considerar que los caminos que intentaban para la transformación del mundo eran ineficaces o ilusorios. En la combinación de los escritos histórico filosóficos de Engels con los escritos de economía política de Marx se forjó el materialismo histórico y su correlato, el materialismo dialéctico. El intento progresivo, tras la muerte de ambos, de hacer del comunismo un sistema coherente, válido para todos los aspectos de la historia y de la ciencia, no lo ha llenado sino de trampas, pues como dice Elías Canetti en una de sus perlas luminosas: “Todo pensamiento sistemático tiende a trampear”.

Marx compartió el trabajo teórico y metódico con la praxis de la lucha política inmediata, y también con una amplia producción periodística combativa. Pero ambas facetas de su trabajo directamente político no representan lo mejor de su obra, y en muchos casos, es lo primero que ha caducado"

Marx murió el 14 de marzo de 1883. El día 17 de marzo, en el cementerio de Highgate, Londres, Federico Engels pronunció su magnífico Discurso ante la tumba de Marx, que puede leerse íntegro en este dossier. Allí culminó Engels el relato de una idealizada vida legendaria, llevado por su inmenso afecto por Marx, y por su deseo profundo del triunfo de las tesis de ambos. Al pie de la tumba señaló:

“Marx era el hombre más odiado y más calumniado de su tiempo. Los gobiernos, lo mismo los absolutistas que los republicanos, le expulsaban. Los burgueses, lo mismo los conservadores que los ultrademócratas, competían a lanzar difamaciones contra él. Marx apartaba todo esto a un lado como si fueran telas de araña, no hacía caso de ello; sólo contestaba cuando la necesidad imperiosa lo exigía. Y ha muerto venerado, querido, llorado por millones de obreros de la causa revolucionaria, como él, diseminados por toda Europa y América, desde la minas de Siberia hasta California. Y puedo atreverme a decir que si pudo tener muchos adversarios, apenas tuvo un solo enemigo personal. Su nombre vivirá a través de los siglos, y con él su obra”.

Y, ciertamente, aquí comenzó su leyenda a acrecentarse. La I Internacional (AIT) continuó tras su muerte, de forma aún muy minoritaria, y 20 años después de la muerte de Engels, un grupo pequeño de comunistas rusos en el exilio, liderados por V.I. Lenin, y apoyados financieramente por intereses estratégicos alemanes, en relación a la I Guerra, logran sumarse a la caída de los zares, regresando a Rusia, produciéndose la revolución de febrero de 1917, llamémosla “democrática”, con el gobierno reformista provisional de la Duma, y ocho meses después se produce la revolución de octubre de 1917, una insurrección armada por los bolcheviques con el apoyo de los soviets, que logró establecer claramente una república bolchevique. A partir de entonces, se realiza la primera experiencia comunista, no en la Inglaterra o en la Alemania industrial analizadas por Marx y por Engels, sino en Rusia, un país inmenso, con un peso campesino enorme y con condiciones de desarrollo muy medievales en el conjunto del país, salvo algunas ciudades. El desarrollo de la experiencia rusa, en la que no podemos entrar en este artículo, incluyó desde el primer momento las figuras patriarcales de Marx y de Engels, a cuyo legado vino a sumarse una interpretación peculiar filosófica y estratégica que hemos llamado leninismo. Después de 7 años, en 1924, fallecía Lenin y con ello se inauguró una larguísima etapa de lo que se ha llamado estalinismo. Y hasta el final de la URSS, en1989, Marx y Engels eran las grandes figuras tutelares primigenias, junto a los iconos especialmente de Lenin y durante largo tiempo, de Stalin. En el caso de China, igualmente Marx y Engels eran iconos tutelares, junto a Lenin y Mao.

Cada encarnación de la ideología comunista está trenzada inextricablemente con las características culturales y socio-económicas de su entorno concreto, y queda en común sólo el perfume de una idea: frente al capitalismo (tesis) avanzamos por el camino de la dictadura del proletariado (antítesis) para alcanzar un día la sociedad comunista (síntesis)"

Es difícil, por no decir imposible, saber cuánto del pensamiento genuino de Marx ha perdurado en la experiencia organizativa de la III Internacional, fundada en Petrogrado en 1919, y de la Kominform, creada en 1947, y es igualmente imposible señalar cuánto del Marx original quedó en la experiencia comunista real, tanto en Rusia, como en los distintos países, tanto asiáticos (China, Vietnam, Corea del Norte, Camboya, Laos, etcétera), africanos ( Congo, Angola...  ), europeos (Albania, los países del telón de acero, los eurocomunismos, etcétera), o en la experiencia comunista de Cuba. Pero ciertamente, cada encarnación de la ideología comunista está trenzada inextricablemente con las características culturales y socio-económicas de su entorno concreto, y queda en común sólo el perfume de una idea: frente al capitalismo (tesis) avanzamos por el camino de la dictadura del proletariado (antítesis) para alcanzar un día la sociedad comunista (síntesis). La mayoría de estas experiencias redentoristas que han perseguido el paraíso en la tierra se han quedado, en el mejor de los casos, a medio camino, en un purgatorio, y algunas directamente sólo han logrado traer un infierno, como el caso estremecedor de Camboya.

Probablemente su estrategia revolucionaria esencial se resume en esta frase suya de 1874: "Alcanzar la liberación requiere medios que serán descartados después de la liberación", pero esa dictadura del proletariado, como fase previa y necesaria para la abolición del Estado, no hizo en la experiencia política comunista del siglo XX sino construir estados hipertrofiados, escleróticos, y con un recorte siempre importante de libertades básicas. Marx presuponía que después de la eliminación de la burguesía, el Estado agotaría su utilidad, pero como ya enseñara Isaac Deutscher, la burocracia —en este caso la burocracia comunista— ha tenido, como todas las burocracias, el fin principal de perpetuarse a sí misma, no el fin de liquidar el Estado.

Marx es un intelectual imprescindible para entender el pensamiento contemporáneo, directamente sin él no se entienden ciencias como la sociología, los nuevos enfoques de la antropología y la propia teoría económica contemporánea tiene una base fundamental en conceptos que aportó Marx"

Don Carlos, mientras tanto, reposa en el cementerio de Highgate desde 1883. Han pasado ya 135 años de su muerte, y de aquellas hermosas palabras de Engels. Creo que no cabe atribuir a su obra, ni a su vida, ni a su acción política los múltiples efectos directos de  los errores, abusos y crímenes que se han cometido en su nombre a lo largo del planeta. Probablemente, Don Carlos también hubiera acabado, y de los primeros, en las purgas del Gran Terror estalinista o en un gulag siberiano. Para mí, Marx es un intelectual imprescindible para entender el pensamiento contemporáneo, directamente sin él no se entienden ciencias como la sociología, los nuevos enfoques de la antropología y la propia teoría económica contemporánea tiene una base fundamental en conceptos que aportó Marx. Y aunque su tesis estratégica estructural se ha demostrado quimérica, aún sin embargo otros muchos conceptos fundamentales de El Capital —especialmente de su Libro I— como el del "fetichismo de la mercancía", alcanzan creciente vigencia en la actual sociedad del neuromarketing y el hiperconsumo.

Merece pues, en su bicentenario, una relectura atenta, especialmente tanto en su joven producción literaria como en su obra de economía política, pues creo que algunas claves luminosas de su análisis aún aguardan entre sus páginas, en el futuro, a los buscadores de respuestas.

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