La vida laboral de las mujeres: una historia de "desigualdad exagerada" y falta de mirada feminista

El 8M en Jerez, impulsado por Marea Violeta y dedicado a la precariedad laboral, ha contado con la presencia de colectivos de mujeres gitanas, migrantes, saharauis o del colectivo LGTBI. El acto ha empezado con el discurso de la ucraniana Natalia Prylypko, en una Alameda Vieja llena de pañuelos blancos para exigir la paz

La vida laboral de las mujeres: una historia de "desigualdad exagerada" y falta de mirada feminista. En la imagen, pañuelo blanco en la concentración del 8M por la paz en Ucrania.
La vida laboral de las mujeres: una historia de "desigualdad exagerada" y falta de mirada feminista. En la imagen, pañuelo blanco en la concentración del 8M por la paz en Ucrania. MANU GARCÍA

La herencia aún es demasiado grande. Muchos años trabajando en la sombra, en trabajos precarios o directamente sin poder trabajar, han dejado consecuencias trágicas para las mujeres en la estructura del sistema laboral. Esta losa aún nos acompaña, porque sobre nuestros hombros llevamos el peso de nuestras madres y abuelas, mujeres —muchas de ellas pobres y analfabetas—, que tuvieron que sostener el cuidado de las familias sin ningún tipo de compensación ni reconocimiento; y más tarde, introducirse en un engranaje laboral en el que los hombres tuvieron —tienen— el peso de las decisiones, de decidir el tipo de contrato y salario de las mujeres. No es fácil deshacer la madeja que ha dejado este sistema patriarcal. 

Con la introducción al mercado laboral, muchas voces desde el feminismo se atreven a señalar la doble injusticia a la que ahora nos sometemos, pues desempeñamos trabajos y jornadas en igualdad de condiciones; pero a su vez seguimos sosteniendo el peso de los cuidados en casas y familias. Muchas, piensan que al final hemos salido, al menos de momento, perdiendo libertades con esta injusta inserción. 

Hay una búsqueda por una igualdad real, pero sigue faltando la mirada feminista, y esto va muchos más allá de los salarios. Uno de los principales comentarios que suelen escucharse en este sentido, es el de aclarar que en ciertas empresas, instituciones u organismos públicos, las mujeres cobran igual que los hombres. Es cierto que en muchos casos así es, pero esto no nos puede impedir agudizar la mirada y seguir escarbando en la problemática, no podemos hacer que estas conquistas den un aire de normalidad a la desigualdad imperante, empañando o silenciando las reivindicaciones justas que se hacen desde el feminismo, porque el problema principal reside en la precariedad. “El 70% del trabajo precario lo hacen las mujeres, ahí empieza la brecha”. Es decir, los trabajos peor pagados lo realizan en una amplia mayoría las mujeres, condenando así esta desigualdad laboral. 

En Andalucía, la brecha salarial sigue en un 20,9%, siendo una de las comunidades con mayor brecha salarial del país. Ayer se aprobó que las empresas con menos de 50 trabajadores estén obligadas por ley a tener un plan de igualdad, lo que introduce mejoras en los convenios colectivos, en salarios, en condiciones y en accesos a puestos de dirección. De cada 10 desempleados en Andalucía, 6 son mujeres. En cuanto a la tasa de inactividad, es decir, aquellas personas que no trabajan y que no buscan empleo porque tienen que estar al cuidado de ascendientes, descendientes o en las tareas de la casa, existe una diferencia entre el hombre y la mujer de 14 puntos, según explican desde UGT Andalucía. 

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Manifestación del 8M en Jerez.   MANU GARCÍA

Desde Marea Violeta Jerez, el lema de este año es “Mujeres en precario, violencia a diario”. Con esta consigna han salido a las calles en la tarde del 8M para reivindicar el reconocimiento de los trabajos invisibles de las mujeres, y en especial, de la situación tan dura que viven las pensionistas. “Las mujeres hacemos trabajos precarios, contratos temporales, pedimos las horas para cuidar a niños y personas dependientes, aceptamos trabajos por turnos, realizamos trabajos de hostelería y limpieza, cogemos medias jornadas para la otra media dedicarla a los cuidados, y al final, todo esto influye en la cotización y en las pensiones”, señala Vicky Barba, integrante de Marea Violeta.  “No se cuenta todo el trabajo de cuidados que se hace en la casa, como la cocina, la limpieza y la atención a los niños. Todo ese trabajo no cotiza ni se paga”, añade. 

"El trabajo de cuidados ni se paga ni se cotiza"

En cuanto a los salarios, también aporta uno de los grandes “vacíos legales”: “Hay trucos que emplean todas las empresas: en el mismo trabajo a él se les pone un hándicap más o bien una designación con mayor categoría. También ocurre que, como tienen más tiempo, hacen horas extras y por ello se llevan un pico. Hay muchos trucos demostrados para disimular con artimañas que un nombre gane más que una mujer por el mismo trabajo”, explica Vicky. 

Además de la problemática salarial y del reconocimiento de los trabajos domésticos y de cuidados, existe otro problema, quizás mucho más imperceptible, como es la falta de perspectiva en cuestiones logísticas, de espacio u organizativas. Cuando desde puestos con responsabilidad se coordinan equipos, horarios o espacios, a menudo no se tienen en cuenta los tiempos necesarios para la conciliación o las necesidades específicas de las mujeres. Pongamos un ejemplo. Una asociación, con el apoyo de un ayuntamiento organiza un evento de varias semanas de duración en el que todo se desarrolla en la vía pública durante jornadas de 10 ó 12 horas diarias. Los aseos que disponen son unos baños portátiles sin lavabo dentro y con escasa limpieza, con un candado común que tiene que compartirse entre, aproximadamente, una veintena de trabajadores. ¿Qué ocurre con las mujeres de este evento cuando tienen la menstruación y necesitan de una mayor comodidad e higiene? ¿Alguien piensa en esto? 

Teresa Chamizo, portavoz del colectivo, apunta al respecto: “Falta mirada feminista en los trabajos, todo está adaptado a los hombres. Estamos hartas y cansadas de tener que dar explicaciones sobre nuestra ropa o nuestra maternidad, de tener que llevar tacones o decir si queremos o no ser madres. Hay que romper las barreras que nos atan”. 

A este respecto, recuerda que en tiempos de guerra, la ONU presta atención en muchos sentidos para atender a los migrantes o refugiados, sin embargo, las mujeres que están en campos de refugiados tienen que recorrer grandes distancias para ir al baño a cambiarse, a pesar de que en estos recorridos están expuestas a peligros como violaciones. “Debería de haber kit de ayudas para mujeres que están amamantando, con el periodo o recién paridas. Hay kit de todo tipo, sobre todo con respecto a los hombres, pero para las mujeres específicamente no. Las mujeres no van tan tranquilas, tienen que ir siempre acompañadas”, relata Vicky. 

La precariedad laboral también se cuela en otros ámbitos, como la seguridad en nosotras mismas. ¿Cuántas mujeres con el síndrome de la impostora? Algunas voces recuerdan que a veces falta humildad para reconocer que ciertos trabajos no se saben o pueden desempeñar, pero la mayoría de mujeres ha pasado por episodios de inseguridad en situaciones en las que sus compañeros hombres, ni se lo plantean. Las mujeres, en definitiva, tienen que demostrar mayor preparación o argumentarios más sólidos. Hay poca representación de mujeres en muchos ámbitos laborales y sociales; las que llegan no se sienten legitimadas y las que se empoderan, a veces tienen que hacerlo adoptando comportamientos basados en la jerarquía o la fuerza. En definitiva, los espacios laborales siguen siendo más inseguros, incómodos y hostiles para las mujeres. 

Las pensionistas: “No hay mayor violencia que trabajar toda la vida, llegar a mayor y tener como mucho una pensión no contributiva de 420 euros al mes”

Mila Romero se encarga este 8M de reivindicar la lucha de las mujeres pensionistas: “Hay muchas mujeres con pensiones horribles, como si no hubieran trabajado en toda su vida, por eso, exigimos que los trabajos de cuidado se remuneren, al menos que se pueda cotizar”, explica Mila. 

"La vida laboral y de pensionista de las mujeres es horrible"

“Las generaciones actuales de pensionistas lo están pasando fatal, son pobres. El 70% del trabajo precario lo hacen las mujeres, cuidadoras o trabajadoras del servicio doméstico que cotizan 4 horas por mínimo 8 horas de trabajo reales”, añade. 

“Los cuidados históricamente han recaído sobre las mujeres y son ellas las que han pedido reducción de jornada, excedencias, trabajos temporales… por lo que hay muchas lagunas de cotización al final de su vida. La vida laboral y de pensionista de las mujeres es horrible, de una desigualdad exagerada”, concluye Mila. 

Sobre el autor:

Valeria Reyes

Valeria Reyes Soto

Licenciada en Historia del Arte por la Universidad de Sevilla y máster en Gestión Cultural por la Universidad Carlos III de Madrid, ha trabajado en la gestión y comunicación de proyectos como el Festival de Cine Africano de Tarifa-Tánger, la Feria del Libro de Sevilla, el Festival de Jerez o el Festival de Cine Europeo de Sevilla; en espacios como la librería Caótica y en proyectos como Luces de barrio. Con especial interés por los programas que unen diferentes puntos de la cultura a través del encuentro, la investigación y la mediación, así como plena vocación por el mundo editorial, librero y literario.

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