España se acostó pensando que Hillary Clinton sería la nueva y primera presidenta de los Estados Unidos y se ha levantado con la sorpresa de que será el polémico Donald Trump el que suceda a Barack Obama como inquilino de la Casa Blanca. Aunque los sondeos auguraban un resultado ajustado a favor de la ex primera dama, finalmente el mensaje populista del candidato republicano ha calado en el electorado estadounidense. Aunque en el voto popular hay un empate técnico —ligeramente a favor de Clinton—, eso no ha impedido que Trump haya logrado sobrepasar con holgura los 270 votos electorales que permiten ganar los comicios norteamericanos.

“Atónito, incrédulo y ansioso”. Con estos adjetivos se definía a eso de las seis de la mañana, hora de la costa Este (mediodía en España) Eric Flagg, de 31 años. De padre americano y madre española, ha pasado 17 años en España, dividiéndose ese periodo entre Jerez (ocho años) y Rota (nueve). Ahora, de vuelta en su país de origen, donde trabaja de funcionario en el estado de Pensilvania, aunque pronto se mudará a Washington DC, afirma que se muestra “incrédulo” ante el resultado de las elecciones. Él, que votó por el partido demócrata en la jornada del martes, sabía que las elecciones iban a estar ajustadas, pero señalaba que los sondeos le daban un estrecho margen de victoria a Clinton.

Eric considera el triunfo de Trump como el Brexit a la americana, y prácticamente no ha pegado ojo en toda la noche. “Me desperté anoche cerca de la 1:30 para ir al servicio y decidí mirar el móvil para ver por dónde iba la cosa. Cuando vi cuales eran los resultados me velé y no he podido quedarme dormido hasta las 4 de la madrugada”. A esa hora ya se conocía el triunfo del candidato republicano y en casa de Eric, donde junto a él viven un pakistaní, un hindú y un etíope, ninguno se lo podía creer. “Creo que todo inmigrante en Estados Unidos le preocupa muy mucho que haya sido elegido Trump por mayoría, más sabiendo cuáles son sus políticas y sus palabras al respecto”.

La victoria de Trump en uno de los llamados estados clave, Florida, donde vive una gran comunidad hispana, ha llamado poderosamente la atención, no tanto para Eric, que explica que “el norte de Florida es cuna de la clase obrera republicana” y si bien “los condados con afluencia mayoritaria latina han sido para los demócratas, los latinos de este estado suelen ser cubanos, no mexicanos”, que a la postre son los ciudadanos a los que más les preocupaba una victoria del multimillonario. Aún así, la participación y voto blanco obrero ha sido clave para Trump, señala Eric, que afirma que el quid de la cuestión es que “el electorado blanco obrero estaba hasta la narices de la élite de la sociedad. Hoy en día, un currito sin preparación universitaria lo tiene muy difícil económicamente hablando para poder ser feliz al no haber una red fuerte de ayudas sociales, y cada año se les hace más difícil mantener su calidad de vida”.

¿Habría ganado Trump las elecciones de haber sido Sanders su rival en lugar de Clinton? Esa pregunta se la están haciendo numerosos analistas. Eric recuerda que “los sondeos tenían a Sanders ganando a Trump, pero si algo hemos aprendido con estas elecciones es que los sondeos no siempre tienen razón”. Ahora, con Trump al frente de la nación más poderosa del mundo, al menos, los próximos cuatro años, toca esperar si rebajará el tono de su discurso y si llevará a cabo algunas de sus polémicas promesas, entre las que se encuentra una muy polémica, por la que prevé levantar un muro que divida Estados Unidos de México. “Espero que ahora el equipo de Trump sea capaz de mantenerlo bajo control”, considera Eric, que añade, no sin un poco de sorna, que “su vicepresidente, Pence, tiene buena fama de gobernador, así que esperemos que sea él el que mande...”.

Miriam Sánchez lleva algo más de un año en EEUU, concretamente en Las Cruces, en el estado de Nuevo México, que está a menos de 75 kilómetros de la frontera con México. En esta zona, como es lógico, no es visto con muy buenos ojos el ahora presidente electo Donald Trump. Miriam, que es profesora de español en la New Mexico State University, cuenta que la mayoría de sus alumnos optaban por Hillary Clinton. “A nadie le gusta Trump, por supuesto, Nuevo México es una zona predominantemente latina”, explica.

Pero, eso sí, ni Clinton ni Trump convencen a muchos de los habitantes de este estado. Es lo que detecta Miriam, que dice: “Hay disgusto general, a nadie le gusta ni uno ni otro, pero de los dos se quedan con Hillary”. Los resultados obtenidos en Nuevo México así lo refrendan. En este estado, uno de los 19 en los que ha ganado Hillary Clinton —de los 50 que componen EEUU—, la aspirante a ser la primera presidenta de la nación obtuvo un 48,3% de los apoyos, por el 40% de Trump, ocho puntos por debajo, dejando a las claras su animadversión hacia el excéntrico multimillonario.

Ella, que no tiene la nacionalidad, no ha podido votar en estas elecciones, pero estuvo en una election party, una quedada que tuvo lugar en una sala de la universidad donde trabaja, donde siguieron el desarrollo del recuento electoral. "Lo que no nos explicamos es lo de Florida, que es latina", dice. Miriam, que tiene este curso y otro más de contrato en EEUU, es muy clara: “No me he repuesto ni creo que me reponga en los dos años que estaré aquí, no entiendo a este país”. De hecho la victoria de Trump le hace replantearse su futuro allí.

"La perspectiva cambia para mí, no es un ambiente inmigration-friendly precisamente, tengo que ver cómo va todo estos años", señala Miriam, que tiene intención de cursar un doctorado en Estados Unidos. O tenía. "Ahora no sé si hacerlo aquí o en Europa, depende de cómo evolucione". En Nuevo México, donde reside, hay miedo a las políticas de Donald Trump: "Un compañero mexicano teme que le quiten el visado y otro dice que su padre le llamó llorando esta mañana porque están aquí ilegalmente; pues así hay muchas familias establecidas desde hace años". Incluso, uno de sus profesores en la universidad, originario de Texas aunque doctorado en Lingüística Hispánica, está "muy tocado", señala. "Soy gringo pero hablo español y me considero latino, ya mismo cuando vayamos a entrar en algún comercio nos vamos a encontrar con carteles que pongan: No se permiten perros ni mexicanos", cuenta Miriam que ha dicho durante una clase.

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