Alejandro, jerezano en Harvard, físico contra el cáncer: "Rompo una lanza por la sanidad pública española"

Criado en la zona del Retiro, 'hijo' de la educación pública andaluza, acaba de conseguir a sus 34 años una prestigiosa beca de alrededor de un millón de euros para cinco años de investigación y aspira a convertirse el próximo año en 'faculty' de la universidad más prestigiosa del mundo

Alejandro, jerezano en Harvard, físico contra el cáncer, en su puesto del Massachusetts General Hospital, asociado a Harvard.
Alejandro, jerezano en Harvard, físico contra el cáncer, en su puesto del Massachusetts General Hospital, asociado a Harvard. LAVOZDELSUR.ES

"Aquí estamos, trabajando un poquito", dice al otro lado de la pantalla, en una conversación por videollamada con lavozdelsur.es con seis horas de diferencia, Alejandro Bertolet Reina, un jerezano de 34 años que trabaja en la Universidad de Harvard, a las afueras de Boston (Massachusetts, Estados Unidos) y que acaba de conseguir una beca de alrededor de un millón de euros para trabajar durante los próximos cinco años en un proyecto de investigación contra el cáncer. Alejandro, físico, especialista en radiofísica hospitalaria en España, no es ajeno a la expectación que en su tierra ha despertado este enorme éxito, pero se lo toma con modestia y naturalidad.

"Yo hice Física en la Universidad de Sevilla y cuando estaba estudiando me enteré de que existía esta especialidad que se llama Física Médica, que básicamente aborda el uso de radiaciones aplicadas a la medicina, y que normalmente tiene dos variantes, el uso en diagnóstico, imágenes, y en radioterapia para tratar cánceres", explica un científico sobresaliente, capaz de deslumbrar al tribunal en el que leyó una tesis que despachó en dos años y a otro tribunal que ahora le ha concedido una super beca para posdoctorados en uno de los países más competitivos del mundo.

Alejandro descubrió que había físicos ocupados en abordar la lucha contra el cáncer porque, desgraciadamente, tuvo demasiado cerca la enfermedad. Tanto es así que relata que su madre falleció hace ahora nueve años como consecuencia de un cáncer de mama, "y a ella la trataron con radioterapia".

Cuando acabó su carrera, hizo un examen similar al MIR y sacó plaza en el Hospital Universitario Virgen Macarena de Sevilla. Allí pasó tres años, hasta que al final de la estancia decidió hacer una rotación en la Universidad de Pensilvania, en Filadelfia. En ese momento empezó a hablarse cada vez más con mayor intensidad acercad de la posibilidad de que empezaran a implantarse en España centros de radioterapia con protones. Una revolucionaria técnica de protonterapia que ahora se ha hecho más conocida gracias por ejemplo a las costosas máquinas para estos tratamientos que ha donado a la sanidad pública el empresario Amancio Ortega. "Aquello fue en 2017 y en España no había nada, pero en Filadelfia sí que tenían un centro de este tipo. Me formé en eso y cuando estaba allí, con Alejandro Carabe, que es de Sevilla, me ofreció irme con él a un proyecto de investigación que tenía abierto".

A raíz de esta oferta y de su decisión, todo fue a una velocidad casi pareja a la que alcanzan los protones y neutrones que habitualmente maneja en sus investigaciones. "Era complicado porque aquello era un puesto para un posdoctorado y yo aún no había hecho el doctorado. Pero Alejandro lo convirtió en una oferta para hacer la tesis, es decir, para un estudiante de doctorado. Hablamos con otro profesor de la US, Miguel Cortés-Giraldo; me matriculé en Sevilla del doctorado, pero hice toda la tesis en Filadelfia, justo después de acabar la residencia. Publicamos un montón, especialmente sobre protonterapia, e hice la tesis en dos años, muy rápido; a partir de ahí, me ofrecieron, el que es ahora mi jefe actual, y que estuvo en mi tribunal de tesis, venirme aquí de posdoctorado, en el Massachusetts General Hospital, asociado con la Harvard Medical School Care. Mi universidad es Harvard, pero la investigación la hacemos en el hospital, aplicándola a clínica". 

En apenas tres años en Estados Unidos ha logrado la beca llamada K99/R00, del Instituto Nacional Américano de Cáncer (NCI), alrededor de un millón de euros para desarrollar un proyecto en cinco años. "Siempre estás compitiendo y el dinero es limitado, pero sí que es cierto que hay un montón de estadísticas que dejan ver que cuando recibes la K99 es mucho más probable que te sigan financiando a lo largo de tu carrera. Valoran cuando presentas un proyecto nuevo que tengas experiencia previa, y sí, en el fondo como que esto condiciona las posibilidades de futuro", explica. En Estados Unidos la financiación que proporciona el Instituto Nacional de Salud es brutal, según comenta.

"Se mete mucho mucho dinero en financiar públicamente proyectos de investigación. Y este no es que sea el premio con la mayor cuantía que te pueden dar, pero sí es el mayor en la fase de mi carrera; es un premio para convertirte en investigador principal e independiente, montando tu propio grupo". Una beca muy difícil de conseguir porque "esto es super competitivo y solo te lo dan si tienes un currículo especialmente bueno. Apuestan por ti, invierten en ti, porque creen que vas a ser un investigador exitoso durante toda tu carrera. El proyecto que les presentas en sí mismo es importante, pero lo más importante es tu currículo y demostrar que tienes proyección. Para un posdoc es prácticamente el mejor premio que te pueden dar". El proyecto en sí, como él mismo resumía en redes sociales, abunda en los tratamientos contra el cáncer (en particular en el neuroblastoma pediátrico) usando elementos radioactivos emisores de partículas alfa.

Sobre la infrafinanciación de la investigación científica en España, Alejandro Bertolet reconoce que "España es uno de los países en los que probablemente menos dinero público se mete en investigación, no solo en proyectos, sino en salarios de los investigadores. No pueden competir con universidades extranjeras". En cambio, afirma, "tengo que decir que el modelo como país es muy diferente. Si solo te fijas en eso es injusto. España tiene un sistema público de salud que no existe en casi ningún sitio del mundo y donde se mete de verdad el gasto público es ahí. Estados Unidos, por ejemplo, tiene prácticamente el modelo contrario. Aquí no hay gasto asistencial en lo público, casi todos son hospitales privados, casi todos los pacientes tienen seguro privado y, claro, donde apuestan de verdad es en investigación. Mucho dinero que se destina en España a asistencia médica, en la sanidad pública, no se destina a la investigación sanitaria, al menos en este ámbito".

Y luego, los sueldos de los investigadores. "Aquí en Boston, donde hay un montón de españoles, los investigadores posdoc ganan entre 50-60.000 dólares, que en España sería bastante alto pero aquí es relativamente bajo. No te encuentras con posdoc norteamericanos porque no aceptan estos salarios, pero es que en España puedes ganar unos 25-30.000 euros y ya es un buen salario. Hay una diferencia de base significativa, pero bueno, al final, hay que comprar el modelo de país entero", dice esbozando una sonrisa irónica. En todo caso, el no es uno de esos jóvenes adscritos al batallón de los exiliados forzosos. La fuga de este cerebro formado en la educación pública fue decisión personal, no por falta de oportunidades.

"En mi caso yo tenía una salida bastante estable con la residencia, como facultativo en el hospital, que ahí no se vive mal, es el salario de un médico prácticamente. No me quejo de que en España no hubiera oportunidades, pero claro, para dedicarme a la investigación sí que hubiera sido mucho más difícil, comiendo basura durante unos cuantos años".

"No me quejo de que en España no hubiera oportunidades, pero claro, para dedicarme a la investigación sí que hubiera sido mucho más difícil, comiendo basura durante unos cuantos años"

Desde la distancia, a miles de kilómetros de su tierra, Alejandro tiene en su puesto de trabajo una gran bandera española a su espalda, colgada del típico separador de puestos de oficina. Con el océano de por medio, muchos prejuicios y sentimientos trasnochados se ven distintos. También las quejas cotidianas que por aquí son rutinarias, ese no valorar lo que se tiene cerca. "Lo de la bandera es básicamente porque en mi departamento te puedo contar que mis jefes son alemanes, pero es que hay un polaco, un austriaco, un libanés..., esto es la ONU prácticamente. Y en cuanto al funcionamiento de la sanidad en España, ya no es la experiencia de ver cómo funciona el sistema sanitario en Estados Unidos, sino que todos ellos te hablan también de cómo funciona en sus países. Y te puedo decir que España es uno de los países del mundo, aunque te puedas quejar de la sanidad pública, porque evidentemente no puede ser perfecta ni hay dinero para cubrirlo todo, con sanidad universal gratuita. En casi todos los países del mundo pagas por acudir y en España te cubre casi todo. Te pasa cualquier cosa y te atienden, y te atienden con calidad. Rompo una lanza por la sanidad pública española, dejando claro además que tengo una ventaja enorme: trabajo aquí pero si me pasa cualquier cosa, si necesito un tratamiento que me costaría miles de dólares en Estados Unidos, siempre puedo ir a España a tratarme. Tengo un buen seguro médico en el hospital, pero si te pasa algo grave vas a pagar miles de dólares y no hay quien te los quite".

Alejandro Bertolet, el físico jerezano que lucha contra el cáncer desde la universidad más prestigiosa del mundo, asegura que obviamente echa de menos a su familia, especialmente a sus sobrinos, "el más mayor ahora se pone a llorar cuando me voy, y eso hace que esto cueste un poquito más", pero su futuro a corto y medio plazo (ya verá si a largo) está en Estados Unidos.

"Con esta beca, más que el proyecto en sí, lo que me permitirá es que probablemente el año que viene me asciendan aquí a profesor en Harvard. Si ya te metes en esa carrera, el salario sube bastante, pero no es solo eso, es el prestigio, el nivel de acceso a recursos... No digo que no vaya a volver nunca, pero no tiene sentido empezar esto, pillar un puesto de faculty, en la universidad más prestigiosa del mundo, y volverte a los tres o cinco años... Mi jefe, alemán, me decía: empecé hace 25 años y decía siempre que en cinco años me volvía. Y aquí sigue todavía". El éxito internacional de este joven científico jerezano será el éxito de la sociedad. No en vano, su lucha será por mejorar las condiciones de vida de muchas personas, su trabajo devolverá bienestar, curación, salud... "Esperemos que sí, esa es la idea", dice con toda humildad, despidiéndose y apagando los más de 3.300 kilómetros que separan Boston de su parque del Retiro en Jerez de la Frontera.

Sobre el autor:

Paco Sánchez Múgica

Periodista, licenciado en Comunicación por la Universidad de Sevilla, experto en Urbanismo en el Instituto de Práctica Empresarial (IPE). Antes en Grupo Joly (2004-2012), Desde 2014 soy socio fundador y director de lavozdelsur.es. Miembro de número de la Cátedra de Flamencología; colaboro en Guía Repsol; y he coordinado la comunicación de la Asociación de Festivales Flamencos. Socio de la Asociación de la Prensa de Cádiz (APC) y de la Federación Española de Periodistas (FAPE).

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