Escuela pública y rural se dan la mano en el IES Olontigi.
Escuela pública y rural se dan la mano en el IES Olontigi.

A través de los cristales enmarcados por una  estructura metálica y sostenidos por una exigua masilla agrietada y oscurecida por el tiempo en la que habían quedado tatuadas las huellas dactilares de los niños, o las niñas, que ocupaban el aula, se distinguían la línea azulada y sinuosa que dibujaba la Sierra del Castillo y el castillete de la bocamina que no distaba más de quinientos metros del Grupo Escolar José Antonio Valderrama. Porque Espiel, el pueblo donde crecí, donde fui a la escuela, está situado en las estribaciones de Sierra Morena, en la hoy extinta cuenca minera del Valle del Guadiato.

He querido comenzar con un recuerdo de mi niñez. Suelo bromear con el hecho de que no he salido nunca de la escuela, en la que entré con cuatro años. Me gusta aprender de todo: de los libros, de los viajes, de la naturaleza, de los mayores, de mi padre, de mis  propios alumnos. Desde pequeña, quería dedicarme a la docencia, lo de la gestión vino  más tarde. Cuando llegué a Aznalcázar, hace dieciséis años, comprendí que estaba en un  centro con un gran potencial, pero que había mucho por hacer. Siempre me han atraído los retos, y el que tenía por delante era una larga carrera de fondo. Ese pequeño pueblo contaba con muchos factores a su favor, el más importante su ubicación e identidad 

cultural. En él se encuentra una gran parte de los humedales más importantes de Europa, en el espacio natural de Doñana. Está circundado por el Corredor verde del Guadiamar, azotado por los lodos tóxicos de Boliden y cuya huella permanece aún en la memoria. Además, tiene el privilegio de contar con una de las zonas boscosas más importantes de  la provincia de Sevilla, los Pinares de Aználcázar.  

El instituto, igual que el colegio de infantil y primaria de la localidad, es un centro único, y ahí radica la dificultad y la riqueza del mismo. La procedencia geográfica y cultural de nuestro alumnado es muy variada. En los últimos años es significativa la  afluencia de población extranjera, procedente en su mayor parte de RumaníaHispanoamérica y el Norte de África, que llega a la localidad como temporeros para realizar labores agrícolas poco especializadas. Por la fuerza y el peso de su cultura, no  podemos olvidar a la población de etnia gitana. A lo largo del año, coincidiendo con las distintas campañas de recolección, la población de estos dos grupos puede variar, por lo  que siempre contamos con un número que oscila entre 5 o 10 alumnos/as por año lectivo que, provisionalmente, se matriculan en el centro, y que además suelen presentar un desfase curricular importante. Para ellos hay que implementar un protocolo de inmersión lingüística y escolar que favorezca una rápida incorporación al mundo escolar. 

No fue un comienzo fácil. Partimos de una situación poco favorable, con un serio problema de absentismo escolar y abandono temprano del sistema educativo, muy por encima de la media de otros centros de la zona, u otros con el mismo índice sociocultural. La solución a medio plazo era trazar un plan de atención a la diversidad que diera  respuesta a las necesidades de aprendizaje y a los intereses de los diferentes colectivos, con desdobles en las materias instrumentales, trabajos más individualizados, metodologías más activas y motivadoras. Sin duda, la permanencia en el sistema educativo cobra especial importancia en el mundo rural

En el informe PISA de 2009, ya se hacía referencia a que las desigualdades educativas no se dan entre países, sino entre regiones y dependen directamente del nivel socio-cultural de los padres. En este mismo análisis, se destacaba que el problema andaluz  era muy hondo y afectaba a la igualdad de oportunidades de todos los escolares andaluces. El objetivo desde el momento que accedí a la dirección, hace doce años, era que el alumnado del I.E.S. Olontigi no sufriera estas desigualdades por factores como el  contexto, los diferentes modelos de familias, culturas y realidades socioeconómicas. 

Cuando concebí el proyecto que debía definir nuestro centro, partí del concepto de Joan Teixidó Saballs de un centro educativo, entendido como una realidad social  depositaria de la función de transmisión y desarrollo del conocimiento; un espacio de  educación de personas y transmisión cultural y un espacio de formación de ciudadanos, contribuyendo a su desarrollo ideológico y a su preparación para la vida adulta. Por tanto, nuestra prioridad siempre ha sido la formación integral de los y las adolescentes. Promoviendo prácticas y habilidades sociales basadas en la solidaridad, la tolerancia, paz, justicia y el respeto a las diferencias económicas, sociales, raciales, culturales y sexuales. Reforzando la convivencia y la participación democrática. Fomentando una actitud  positiva hacia el trabajo, el esfuerzo, la responsabilidad, y el ánimo constante de mejora. Potenciando la creatividad, el espíritu crítico y la autonomía personal e intelectual. Favoreciendo la convivencia, la coeducación y la igualdad entre ambos sexos. Y velando por el cuidado del entorno próximo y del medio ambiente. 

A día de hoy, hemos logrado construir un centro bilingüe, inclusivo, sostenible y  multicultural. Un centro vivo y en constante cambio. Un espacio donde cualquier alumno  puede, sin olvidar el currículo: asistir a un taller de cómic; poner en valor su patrimonio  y compartirlo con jóvenes de otros países; utilizar materiales reciclables para construir desde nidos, balsas con las que navegar por el Guadiamar, hasta un monumento perecedero para concienciar a la sociedad de la importancia de reciclar y reutilizar; crear  una revista digital como fuente de información propia; gestionar una empresa de  fabricación de jabones; trabajar durante meses desde todos los Departamentos y cursos  para abrir al público una exposición monográfica; diseñar y cultivar un huerto; realizar 

labores de jardinería para embellecer y mantener el espacio exterior. Y una larga lista de  actividades, cuyos protagonistas son unos jóvenes que tienen ideas y las ponen en  práctica. Una de las últimas ideas que me han expuesto, y que llevaremos a cabo a la vuelta de vacaciones, es la de que firme una carta que quieren enviar a la NASA; según  ellos, porque si la firma también la Directora seguro que les responden. Tengo que decir  que es una petición justificada, ya que participan en el Proyecto STEAM de educación aeroespacial.  

Creemos que, con un concepto de centro educativo como el nuestro, conseguiremos que el alumnado acepte un mundo cada vez más diverso; comprenda y viva como positiva la aportación de la población inmigrante; sea consciente de problemas  mundiales como el cambio climático y participe de las posibles soluciones. Sólo así, podremos seguir avanzando.

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