Un enfermo de covid en el Zendal de Madrid, en una imagen de archivo. COMUNIDAD DE MADRID
Un enfermo de covid en el Zendal de Madrid, en una imagen de archivo. COMUNIDAD DE MADRID

Nuevos documentos para el día a día nos esperan. Uno de ellos, el pasaporte vacunal

El futuro documento podría tener cuatro datos personales, once sobre la vacuna y cinco últimos datos. En el primer apartado, contendría el nombre y apellidos, el documento de identificación como el DNI; la fecha de nacimiento y el género, este último opcional. El apartado sobre la vacuna consta de once datos que permiten tanto el rastreo de la dosis inyectada como del personal sanitario que la ha inoculado.

Los datos son: patología a la que va dirigida la vacuna (opcional); descripción genérica de la vacuna; nombre comercial del producto; empresa autorizada para su comercialización; secuencia de las inyecciones administradas y número necesario (por ejemplo, 1ª dosis de dos); identificación del lote del vial utilizado (opcional); fecha de la vacunación; lugar donde se administró; identificación de la persona que hizo la inoculación (opcional); país de vacunación; y fecha de la siguiente dosis (opcional).

El tercer bloque, con cinco datos, se refiere al emisor del certificado, su identificación, fecha de emisión y de expiración y versión digital del documento. 

Yo le veo más problemas que ventajas, aunque sé que comunidades como Baleares, Canarias o Andalucía, Cataluña y la Comunidad Valenciana quieren plantearlo por los supuestos beneficios en el sector del turismo. Ni pasaporte de vacunación para limitar movimientos y acceso a instalaciones de uso público, ni sanciones por no inmunizarse. Creo que ambas opciones son inconstitucionales. 

Problemas que veo:

  1. Lo que han demostrado las vacunas es que reducen el riesgo de hospitalización, pero no se ha demostrado que eviten contagios. 
  2. Las vacunas no son eficaces para todas las variantes. La de AstraZeneca no lo es contra la cepa sudafricana y habría que indicarlo en el pasaporte de vacunación. 
  3. También podría haber fraudes y mafias para facilitar estos pasaportes; al tiempo que podría ser discriminatorio porque las personas con el pasaporte de vacunación tendrían más posibilidades para viajar e incluso para encontrar un empleo.
  4. Otorgar más o menos derechos en función de si se está o no vacunado es discriminatorio, y no se dispone de suficiente evidencia científica sobre la eficacia de las vacunas como para dar más libertad a aquellos que la han recibido. Además, la duración de la protección, la protección contra la infección asintomática o cuánto tiempo antes de viajar deben administrarse las vacunas, sin cuestiones no resueltas.
  5. Además, de reticencias científicas, las éticas. Introducir estos pasaportes, con el desigual reparto de las vacunas en el mundo, haría que la ciudadanía que no están teniendo acceso a ellas verían obstaculizada injustamente la libertad de movimiento. La restricción de los derechos individuales que puede suponer el no estar en posesión de uno de estos pasaportes es, precisamente otro problema. Ello puede profundizar las desigualdades ya existentes e introducir otras nuevas. En estos momentos, más del 90% de los países que están poniendo en marcha la vacunación contra el coronavirus son ricos. El 75% de los 128 millones de dosis desplegadas se concentran en solo diez países que representan el 60% del PIB mundial. Mientras tanto, casi 130 países, con 2.500 millones de personas, aún no han administrado ni una sola dosis.
  6. La privacidad de la información contenida en estas aplicaciones es otra de las preocupaciones. Si comporta una limitación de derechos tiene que existir un desarrollo legal que lo permita. Si bien la idea puede contribuir a la gestión de la pandemia a largo plazo, hay cuestiones esenciales que afectan a la protección de la privacidad de los datos y los derechos humanos consagrados, dado que utilizan información sanitaria personal sensible. Se crea una nueva distinción entre individuos basada en su estado de salud y pueden determinar los derechos de los que se puede disfrutar, entre ellos a la intimidad, la igualdad y la no discriminación, así como las libertades de circulación o de reunión.
  7. Y a ello le añadimos la incoherencia de no ser obligatoria la vacunación con la posibilidad de que din carnet no puedas moverte.

Ventajas:

  1. El pasaporte de vacunación también tiene ventajas como que sería un incentivo para vacunarse.
  2. Podría representar una oportunidad para que algunas personas accediesen a un empleo. 
  3. Y podría normalizar el turismo al facilitar el acceso de los viajeros. El pasaporte vacunal sobre COVID-19 es una manera de recuperar la deseada actividad económica y social de una forma segura, según algunos expertos. 

Es evidente que se debe asegurar que las vacunas estén disponibles y sean accesibles antes de desplegar a gran escala estos pasaportes. Si no, se corre el riesgo de segmentar desproporcionadamente a la sociedad. 

La tecnología, tal como se plantea, puede determinar quién puede o no puede viajar, entrar en un lugar de trabajo y asistir a reuniones públicas o privadas, como eventos deportivos y servicios religiosos, junto con el efecto desproporcionado que la COVID-19 ha tenido en determinados grupos sociales. Y eso no debería ser así.

Sin duda es inaceptable levantar las restricciones estatales a las libertades civiles de forma individual, entre otras cosas porque no se puede excluir con suficiente certeza la posibilidad de que las personas vacunadas sigan propagando el virus. También introducir privilegios especiales para los vacunados sobre los que aún están en la cola puede generar un problema adicional.

Sin duda, sería chocante decir, que hay un pasaporte con más derechos para unos que para otros. Esperemos vacunar a mejor ritmo, a todo el mundo, a unos/as y a otros/as y que con ello, la discriminación no sea una constante en el proceso de vacunación. No pongamos pasaportes vacúnales para correr, cuando sabemos que lo importante no es ir más deprisa, sino conseguir un covid-cero a paso seguro.

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