El Gusto es Suyo

La tentación no vive arriba: se sirve en cucuruchos de papel, están crujientes y no puedes parar de comer...

Juan José Doroteo y Paloma Palmero recorren la geografía andaluza con sus patatas fritas de perol Abuela Rosario. Difícil probar tan sólo un puñado...

  • Juan José y Paloma, con las patatas de la Abuela Rosario. -

Juan José Doroteo y Paloma Palmero se pasan la vida pelando. Entre semana, a la clientela de su peluquería en Osuna (Sevilla). Pero cuando tienen tiempo libre cambian las tijeras por las peladoras de patatas, los secadores por el perol repleto de aceite, y el interior de su negocio por el aire libre de las ferias y eventos a los que acuden. Si tienen alguno en fechas próximas, quizás puedan contratarlos para ofrecer a sus invitados las patatas fritas de la Abuela Rosario. Una vez que las prueban, parar no es tarea fácil.

 

Paloma es de Cuevas del Becerro, pueblo malagueño en el acceso norte a la Sierra de Ronda. Juan José es de Martín de la Jara, un pequeño municipio sevillano a escasa distancia de la provincia de Málaga. Linda con Campillos, ya en terreno malacitano. En El Gusto es Suyo conocimos a la pareja y sus patatas fritas en perol Abuela Agustina poco antes de verano en Grazalema, donde Asaja organizó su Feria Agroalimentaria Saborea el Campo.

En octubre sólo cambió el escenario. Nos encontramos en la Plaza de la Constitución de Prado del Rey, y mientras Paloma atiende sin descanso a la cola de clientes alineada frente a su mostrador, Juan José nos cuenta la historia de Abuela Rosario sin dejar de cortar y freír patatas.

«Hace ya unos años que estaba en un evento parecido a éste. Me encapriché con una máquina como esta que tengo ahora, y no paré hasta encontrarla. Cinco años me costó. Luego conocí a una persona de Jaén que me enseñó a freír las patatas, y así pudimos comenzar el camino de Abuela Rosario». El nombre es un homenaje a su abuela: «Murió este año. El 5 de febrero, un día antes de mi cumpleaños. Le prometí que mi próximo negocio llevaría su nombre. Ella es lo mejor que he tenido en el mundo», recuerda con emoción.

Eventos y celebraciones

Gracias a la flexibilidad de los horarios en la peluquería, Juan José y Paloma disponen de tiempo suficiente para cargar los bártulos en la furgoneta y viajar de feria en feria, de evento en evento, y ofrecer al público su producto. «A nosotros lo que nos gusta es que la gente pruebe nuestra patata», añade Paloma.

  • Paloma atiende a unos clientes.
  • -

La pareja no descarta trabajar en celebraciones como la Navidad y otras fechas señaladas. Las patatas fritas encajan en cualquier época del año, así que «estamos abiertos a trabajar en bodas, carnavales y todo tipo de celebraciones. Estamos convencidos de la calidad de nuestro producto. Fíjate la cola que hay aquí», señala Juan José.

En días como este de Prado del Rey, pueden consumir 200 kilos de patatas, aunque el récord lo tienen en 700 durante una jornada de feria. Juan José tiene un proveedor que le consigue las patatas óptimas en cada época del año, y para freírlas utiliza un bidón artesanal de chapa sobre el que se asienta el perol. El bidón lleva cemento refractario y un cilindro por donde circula el diésel, combustible empleado que mantiene constante la temperatura del aceite.

  • Juan José friendo las patatas.
  • -

Dentro del perol, unos 35 litros de aceite de girasol mezclado con un poco de oliva, no demasiado para evitar que el sabor de la patata sea agrio. Juan José pela las patatas al inicio del día, y luego las mantiene en agua hasta que las corta y las echa al aceite a una temperatura de entre 200 y 250º. «Más no porque el contraste puede quemarla y hacer que se quede demasiado tierna», explica.

La patata es un tubérculo, así que posee un alto contenido en agua. Al entrar en contacto con el aceite, genera una especie de espuma que la oculta a la vista. No es otra cosa que el almidón consumiéndose: «Una vez que se ven las patatas, no paro de menearlas. Mira cómo se quedan pegadas al removedor si lo hago antes», dice mientras nos muestra una. En 30-40 segundos ya están listas, y entonces llega Paloma para recogerlas y llevarlas al mostrador, donde esperan los clientes deseosos de probar las patatas de la Abuela Rosario.

Billy Wilder se equivocaba. La tentación no vive arriba, por mucho que se llamara Marilyn Monroe. Se sirve en cucuruchos de papel, está crujiente y no puedes parar de comer. Si los encuentran y les gustan las patatas fritas (¿hay alguien a quien no les guste?), no lo duden y disfruten la experiencia.

Juan José Doroteo y Paloma Palmero se pasan la vida pelando. Entre semana, a la clientela de su peluquería en Osuna (Sevilla). Pero cuando tienen tiempo libre cambian las tijeras por las peladoras de patatas, los secadores por el perol repleto de aceite, y el interior de su negocio por el aire libre de las ferias y eventos a los que acuden. Si tienen alguno en fechas próximas, quizás puedan contratarlos para ofrecer a sus invitados las patatas fritas de la Abuela Rosario. Una vez que las prueban, parar no es tarea fácil.

 

Paloma es de Cuevas del Becerro, pueblo malagueño en el acceso norte a la Sierra de Ronda. Juan José es de Martín de la Jara, un pequeño municipio sevillano a escasa distancia de la provincia de Málaga. Linda con Campillos, ya en terreno malacitano. En El Gusto es Suyo conocimos a la pareja y sus patatas fritas en perol Abuela Agustina poco antes de verano en Grazalema, donde Asaja organizó su Feria Agroalimentaria Saborea el Campo.

En octubre sólo cambió el escenario. Nos encontramos en la Plaza de la Constitución de Prado del Rey, y mientras Paloma atiende sin descanso a la cola de clientes alineada frente a su mostrador, Juan José nos cuenta la historia de Abuela Rosario sin dejar de cortar y freír patatas.

«Hace ya unos años que estaba en un evento parecido a éste. Me encapriché con una máquina como esta que tengo ahora, y no paré hasta encontrarla. Cinco años me costó. Luego conocí a una persona de Jaén que me enseñó a freír las patatas, y así pudimos comenzar el camino de Abuela Rosario». El nombre es un homenaje a su abuela: «Murió este año. El 5 de febrero, un día antes de mi cumpleaños. Le prometí que mi próximo negocio llevaría su nombre. Ella es lo mejor que he tenido en el mundo», recuerda con emoción.

Eventos y celebraciones

Gracias a la flexibilidad de los horarios en la peluquería, Juan José y Paloma disponen de tiempo suficiente para cargar los bártulos en la furgoneta y viajar de feria en feria, de evento en evento, y ofrecer al público su producto. «A nosotros lo que nos gusta es que la gente pruebe nuestra patata», añade Paloma.

  • Paloma atiende a unos clientes.
  • -

La pareja no descarta trabajar en celebraciones como la Navidad y otras fechas señaladas. Las patatas fritas encajan en cualquier época del año, así que «estamos abiertos a trabajar en bodas, carnavales y todo tipo de celebraciones. Estamos convencidos de la calidad de nuestro producto. Fíjate la cola que hay aquí», señala Juan José.

En días como este de Prado del Rey, pueden consumir 200 kilos de patatas, aunque el récord lo tienen en 700 durante una jornada de feria. Juan José tiene un proveedor que le consigue las patatas óptimas en cada época del año, y para freírlas utiliza un bidón artesanal de chapa sobre el que se asienta el perol. El bidón lleva cemento refractario y un cilindro por donde circula el diésel, combustible empleado que mantiene constante la temperatura del aceite.

  • Juan José friendo las patatas.
  • -

Dentro del perol, unos 35 litros de aceite de girasol mezclado con un poco de oliva, no demasiado para evitar que el sabor de la patata sea agrio. Juan José pela las patatas al inicio del día, y luego las mantiene en agua hasta que las corta y las echa al aceite a una temperatura de entre 200 y 250º. «Más no porque el contraste puede quemarla y hacer que se quede demasiado tierna», explica.

La patata es un tubérculo, así que posee un alto contenido en agua. Al entrar en contacto con el aceite, genera una especie de espuma que la oculta a la vista. No es otra cosa que el almidón consumiéndose: «Una vez que se ven las patatas, no paro de menearlas. Mira cómo se quedan pegadas al removedor si lo hago antes», dice mientras nos muestra una. En 30-40 segundos ya están listas, y entonces llega Paloma para recogerlas y llevarlas al mostrador, donde esperan los clientes deseosos de probar las patatas de la Abuela Rosario.

Billy Wilder se equivocaba. La tentación no vive arriba, por mucho que se llamara Marilyn Monroe. Se sirve en cucuruchos de papel, está crujiente y no puedes parar de comer. Si los encuentran y les gustan las patatas fritas (¿hay alguien a quien no les guste?), no lo duden y disfruten la experiencia.

COMENTARIOS