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Mateo, de nueve meses, enyesado en Málaga tras una operación que podría haberse evitado: "Lo vieron siete especialistas y no vieron nada"

Su madre, Carmen Martínez, recoge firmas para que la ecografía de cadera se incorpore al cribado de los recién nacidos de España con el fin de detectar lo antes posible la displasia, patología que a su hijo le ha llevado a una intervención quirúrgica invasiva

  • Mateo fue operado por una displasia de cadera que podría haber sido detectada antes por una ecografía.

Parte del cuerpo del pequeño Mateo, de nueve meses, está completamente inmovilizado. Un yeso cubre desde la cintura hasta los tobillos tras una operación que podría haberse evitado. Su madre, Carmen Martínez, ha compartido con lavozdelsur.es el caso de su hijo para que no se repita en otros bebés. 

Mateo fue intervenido el pasado 18 de septiembre en el Hospital Materno Infantil de Málaga después de que los médicos detectaran una displasia en su cadera izquierda que había pasado inadvertida durante sus primeros meses de vida. 

"A mí me parece una tortura lo que le han hecho", cuenta Carmen sobre el estado en el que se encuentra el bebé. Tendrá que estar un mínimo de doce semanas envuelto en yeso con las piernas abiertas y con un nuevo paso por quirófano a las seis semanas. Le quedan por delante tres meses en los que no puede utilizar trona, debe comer semincorporado y necesita un sistema de doble pañal por la apertura que deja el yeso en la zona del periné.

Además, la familia ha frenado la transición de los purés a los alimentos en trozos ante el temor a un atragantamiento mientras permanece inmovilizado. "Él ni va a gatear, ni se pondrá de pie, con el yeso es inviable", explica.

Siete pediatras y ningún indicio de la luxación

Desde que Mateo nació el 28 de diciembre de 2025 necesitó atención médica. Según relata Carmen, el pequeño tuvo taquimedia transitoria del recién nacido, un problema que ella explica como una dificultad en la transición respiratoria después del parto. "Los pulmones dentro de la barriga están llenos de líquido, cuando el bebé sale al mundo exterior y llora, expulsa ese líquido, y entonces ya empieza a entrar oxígeno". En el caso de Mateo, esa transición no se produjo con normalidad.

"Mateo esa transición no la hizo bien", cuenta. El bebé permaneció ingresado en la UCI. Aquella situación hizo que su familia estuviera especialmente pendiente de su evolución durante los meses siguientes y que acudiera a distintos especialistas, inicialmente preocupada sobre todo por su respiración.

En total, siete pediatras y un fisioterapeuta valoraron al pequeño y realizaron las maniobras pertinentes para comprobar el estado de sus caderas. Ninguno detectó la luxación. Carmen las describe como "dos giros de cadera, hacia adentro y hacia afuera, para detectar displasia. Nunca he notado que le doliese o que le molestase, no se notaba nada", explica su madre.

Ella podía cambiarle el pañal con normalidad, el pequeño movía las piernas y no daba señales de dolor o molestias. La primera sospecha apareció cuando, con unos cinco meses y medio, pasó a la silla de paseo. Al quedar sentado y sujeto por las correas, su madre comenzó a observar que una de sus piernas parecía más corta que la otra.

"Al principio pensé que era paranoia mía, que estaba sobreprotegiendo al niño y veía fantasmas donde no los hay", comenta. En la revisión de los seis meses volvieron a comprobarle la cadera sin apreciar ninguna anomalía.

La preocupación persistió hasta que el padre llevó a Mateo de nuevo al pediatra. Esta vez, al medirle las piernas, la facultativa comprobó que existía una diferencia y solicitó con urgencia una ecografía en el Materno Infantil de Málaga.

Al verla, le comunicaron que tenía la cadera totalmente luxada y que el fémur estaba fuera de la cavidad. Por ello, le derivaron a Traumatología, donde le indicaron que Mateo tendría que pasar por quirófano.

Una petición para todos los recién nacidos de España

La familia asegura que esta patología en la que la cabeza del fémur no encaja correctamente en el acetábulo podría haberse detectado antes. Según le explicaron tanto su pediatra como la traumatóloga, hay casos en los que las maniobras habituales no permiten apreciar la displasia.

La experiencia de Mateo ha motivado a Carmen a iniciar una recogida de firmas para reclamar que la ecografía de cadera se incorpore al cribado de los recién nacidos en España. Actualmente, solo se realiza por protocolo en determinados supuestos, como cuando el bebé ha nacido de nalgas o existen antecedentes familiares.

No plantea eliminar las revisiones que ya se realizan, sino añadir una prueba que, según explica a partir de lo que le han trasladado los especialistas, permitiría descubrir casos que pueden pasar inadvertidos con las maniobras habituales.

"En el caso de Mateo no se escuchaba ningún chasquido ni nada". Por eso, pese a las numerosas revisiones que tuvo durante sus primeros meses, la luxación no fue detectada hasta que su madre comenzó a apreciar una diferencia en la longitud de las piernas.

Carmen asegura que su pediatra le ha explicado que en otros países ya se realizan ecografías de cadera y que existen profesionales que defienden avanzar hacia este tipo de control. "Él nos dijo que es algo que va a terminar cayendo por su propio peso. Igual que la prueba del talón o la prueba del oído, se terminará haciendo ecografías de cadera a todos los recién nacidos", dice la malagueña, que ha hablado con una madre argentina y que allí, según le trasladó, "a los tres meses" se realiza esa ecografía.

"Si se realiza entre los dos o tres primeros meses de vida, no es necesaria una intervención invasiva como una cirugía más el yeso pélvico", afirma. En esos casos, explica, puede utilizarse un arnés que mantiene las piernas del bebé abiertas durante una etapa en la que todavía tiene poca movilidad.

"No es tan castigo para el bebé como llevar un yeso durante tres meses cuando ya tiene nueve meses", explica su madre.

La mujer espera que el caso de su hijo sirva para que otras familias lleguen al diagnóstico antes de tener que pasar por quirófano.

Parte del cuerpo del pequeño Mateo, de nueve meses, está completamente inmovilizado. Un yeso cubre desde la cintura hasta los tobillos tras una operación que podría haberse evitado. Su madre, Carmen Martínez, ha compartido con lavozdelsur.es el caso de su hijo para que no se repita en otros bebés. 

Mateo fue intervenido el pasado 18 de septiembre en el Hospital Materno Infantil de Málaga después de que los médicos detectaran una displasia en su cadera izquierda que había pasado inadvertida durante sus primeros meses de vida. 

"A mí me parece una tortura lo que le han hecho", cuenta Carmen sobre el estado en el que se encuentra el bebé. Tendrá que estar un mínimo de doce semanas envuelto en yeso con las piernas abiertas y con un nuevo paso por quirófano a las seis semanas. Le quedan por delante tres meses en los que no puede utilizar trona, debe comer semincorporado y necesita un sistema de doble pañal por la apertura que deja el yeso en la zona del periné.

Además, la familia ha frenado la transición de los purés a los alimentos en trozos ante el temor a un atragantamiento mientras permanece inmovilizado. "Él ni va a gatear, ni se pondrá de pie, con el yeso es inviable", explica.

Siete pediatras y ningún indicio de la luxación

Desde que Mateo nació el 28 de diciembre de 2025 necesitó atención médica. Según relata Carmen, el pequeño tuvo taquimedia transitoria del recién nacido, un problema que ella explica como una dificultad en la transición respiratoria después del parto. "Los pulmones dentro de la barriga están llenos de líquido, cuando el bebé sale al mundo exterior y llora, expulsa ese líquido, y entonces ya empieza a entrar oxígeno". En el caso de Mateo, esa transición no se produjo con normalidad.

"Mateo esa transición no la hizo bien", cuenta. El bebé permaneció ingresado en la UCI. Aquella situación hizo que su familia estuviera especialmente pendiente de su evolución durante los meses siguientes y que acudiera a distintos especialistas, inicialmente preocupada sobre todo por su respiración.

En total, siete pediatras y un fisioterapeuta valoraron al pequeño y realizaron las maniobras pertinentes para comprobar el estado de sus caderas. Ninguno detectó la luxación. Carmen las describe como "dos giros de cadera, hacia adentro y hacia afuera, para detectar displasia. Nunca he notado que le doliese o que le molestase, no se notaba nada", explica su madre.

Ella podía cambiarle el pañal con normalidad, el pequeño movía las piernas y no daba señales de dolor o molestias. La primera sospecha apareció cuando, con unos cinco meses y medio, pasó a la silla de paseo. Al quedar sentado y sujeto por las correas, su madre comenzó a observar que una de sus piernas parecía más corta que la otra.

"Al principio pensé que era paranoia mía, que estaba sobreprotegiendo al niño y veía fantasmas donde no los hay", comenta. En la revisión de los seis meses volvieron a comprobarle la cadera sin apreciar ninguna anomalía.

La preocupación persistió hasta que el padre llevó a Mateo de nuevo al pediatra. Esta vez, al medirle las piernas, la facultativa comprobó que existía una diferencia y solicitó con urgencia una ecografía en el Materno Infantil de Málaga.

Al verla, le comunicaron que tenía la cadera totalmente luxada y que el fémur estaba fuera de la cavidad. Por ello, le derivaron a Traumatología, donde le indicaron que Mateo tendría que pasar por quirófano.

Una petición para todos los recién nacidos de España

La familia asegura que esta patología en la que la cabeza del fémur no encaja correctamente en el acetábulo podría haberse detectado antes. Según le explicaron tanto su pediatra como la traumatóloga, hay casos en los que las maniobras habituales no permiten apreciar la displasia.

La experiencia de Mateo ha motivado a Carmen a iniciar una recogida de firmas para reclamar que la ecografía de cadera se incorpore al cribado de los recién nacidos en España. Actualmente, solo se realiza por protocolo en determinados supuestos, como cuando el bebé ha nacido de nalgas o existen antecedentes familiares.

No plantea eliminar las revisiones que ya se realizan, sino añadir una prueba que, según explica a partir de lo que le han trasladado los especialistas, permitiría descubrir casos que pueden pasar inadvertidos con las maniobras habituales.

"En el caso de Mateo no se escuchaba ningún chasquido ni nada". Por eso, pese a las numerosas revisiones que tuvo durante sus primeros meses, la luxación no fue detectada hasta que su madre comenzó a apreciar una diferencia en la longitud de las piernas.

Carmen asegura que su pediatra le ha explicado que en otros países ya se realizan ecografías de cadera y que existen profesionales que defienden avanzar hacia este tipo de control. "Él nos dijo que es algo que va a terminar cayendo por su propio peso. Igual que la prueba del talón o la prueba del oído, se terminará haciendo ecografías de cadera a todos los recién nacidos", dice la malagueña, que ha hablado con una madre argentina y que allí, según le trasladó, "a los tres meses" se realiza esa ecografía.

"Si se realiza entre los dos o tres primeros meses de vida, no es necesaria una intervención invasiva como una cirugía más el yeso pélvico", afirma. En esos casos, explica, puede utilizarse un arnés que mantiene las piernas del bebé abiertas durante una etapa en la que todavía tiene poca movilidad.

"No es tan castigo para el bebé como llevar un yeso durante tres meses cuando ya tiene nueve meses", explica su madre.

La mujer espera que el caso de su hijo sirva para que otras familias lleguen al diagnóstico antes de tener que pasar por quirófano.

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