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El fotoperiodista jerezano Javier Fergo expone en la sala de exposiciones del Campus de Jerez su proyecto 'Immigratio', sobre el drama de la inmigración en Grecia.

“Lo difícil de sacar fotos por la noche es encontrar la figura y no captar el movimiento. En esta imagen las personas salen nítidas, pero aquí no”, comenta un hombre mientras visualiza una de las obras del proyecto Immigratio. “Y es que lo que quise captar era eso, el movimiento de la mujer mientras cocina. Muchos me dicen que parece un portal de Belén por el color y la situación en la que aparece ella. Y si Jesús hubiese nacido en esta época seguramente sería hoy un refugiado en Europa”, contesta Javier Fergo con su voz seria y contundente.

Al entrar en el aula, la pared de la izquierda representa la mancha amarilla, el amanecer en Idomeni. Después, un tono blanco, la mañana y el medio día repleto de miradas con fuerza. Luego la tarde, y en la cuarta pared blanca, instantáneas de la noche con un velo azulado. Así permanecerá la sala de exposiciones del Campus de Jerez hasta el 11 de noviembre con motivo de la IV Jornada de la Paz. El fotoperiodista jerezano Javier Fergo es el autor de todas las imágenes del proyecto Immigratio que alberga la sala cultural de la Universidad de Cádiz. A finales de marzo de 2016 Fergo viaja a Grecia con el propósito de mostrar una imagen social del campo de refugiados de la villa de Idomeni. En poco más de una semana contempla vidas marchitas y marginales, en situación de riesgo, personas que por la tarde intentan formalizar un asilo a través de sus teléfonos móviles o por ejemplo, gran cantidad de niños huérfanos que subsisten por la solidaridad del pueblo heleno. Con este conjunto de instantáneas el fotoperiodista ha cosechado varios reconocimientos, entre ellos una mención especial en el Moscow International Fotography Awards de Moscú y en los premios Hypa de Los Ángeles.

Javier Fergo cuenta que la mayor dificultad que tuvo fue al llegar. “Me perdieron la maleta y estuve un día sin portátil”, expresa. En aquel momento, se molesta por el descontrol y la pérdida de su equipaje. No obstante, una niña pequeña, al ver su expresión de disgusto, se le acerca y le coge de la mano. Con ese diminuto gesto, que consigue disipar todo su mal humor, comienza su pequeña aventura. Se queda con las personas con las que habla, con sus historias, sus duras experiencias. Recuerda la historia de una pareja de Alepo. Ella estudió literatura inglesa en la Universidad, él una titulación de francés y trabajaba en una tienda. “Tuvieron que huir porque bombardearon su casa”. Los conoció a principios de abril, días antes de volver a España. Ocho meses después todavía guardan contacto a través de las redes sociales. Dice que ambos ya no se encuentran allí. “Están mejor, pero siguen viviendo en tiendas de campaña”, comparte.

¿Por qué decide realizar el proyecto Immigratio?

Es una mezcla de deber profesional y condición personal. Como fotoperiodista necesitaba documentar aquello. Veía cómo se estaba haciendo, todos se estaban centrando en los altercados y yo me preguntaba cómo vivirían allí, cómo es su día a día. De ahí nace Immigratio. Quería haber empezado el proyecto en 2014 con los saltos de las vallas en Melilla, pero por motivos económicos no pude hacerlo. Este año tuve la oportunidad, vi que el foco de atención era Idomeni y sabía que era un campo que era bastante improvisado y que en algún momento iba a dejar de existir. Llegaron a haber 18.000 personas y cuando yo estuve había unas 15.000, además de muchas etnias diferentes y muchas nacionalidades. Era todo tan heterogéneo… el cuerpo me lo pedía.

Dice que los medios sacan una imagen violenta, que es lo único que les interesa.

Sí, exacto, lo que les interesa son imágenes de fuego, acción, violencia, cargas policiales… Incluso cuando estuve allí, un editor gráfico me contactó y me dijo que si tenía ese material me lo compraba. Pero lo que yo hago no interesa, desde el prisma humano no interesa.

No sucumbe a lo que le pedían.

No.Sus imágenes son amables y crudas…

Sí, como la realidad. Intento hacer ver que son personas como nosotros y que están en una situación en la que no nos gustaría vernos. Me sorprendió mucho la cantidad de niños no acompañados. Cuando yo estuve había quizás unos 300. Y no es un sitio para un niño, sobre todo si no está acompañado. Quiero huir de las imágenes de violencia, de muerte. Lo que quiero no es traumatizar a través de las imágenes, sino sensibilizar sobre la situación de estas personas y por qué están viajando e intentar crear empatía.

¿Ha tenido ofertas por el proyecto?

No, y tampoco lo he puesto a la venta. Este ha sido el primer paso y ahora estoy en busca de financiación para seguir con el prisma humanitario. Estoy conversando con oenegés para ver si podemos hacer algo, me gustaría hacer un proyecto mucho más amplio sobre la migración en Europa. No olvidarnos tampoco de los subsaharianos que llegan a Melilla, los de Ceuta, los que están trabajando el plástico en Almería… Y también ver la situación de inmigrantes ya establecidos. No vienen a robarnos el trabajo, vienen a buscarse una vida.

Eso es lo que busca Immigratio, poner cara a esas personas.

Busca la aceptación de estas personas por parte de los europeos. Y más ahora, que con la crisis está surgiendo la extrema derecha y con ello la xenofobia. Mostrar que no es así. Sé que es algo idílico, pero bueno. Siento la necesidad de hacerlo.  

¿Se encuentra con alguna de esas voces xenófobas en su visita a Idomeni?

Me sorprendió mucho la actitud de los griegos. Ellos los acogían, había gente que metía a inmigrantes en su casa, pero lo mantenían en silencio. En aquel momento el gobierno dictaminó que era ilegal acoger a inmigrantes y que les podían acusar por ello. Pero había mujeres en Idomeni que al día daban de comer a 15 ó 20 refugiados. A mí me llegaron a decir: “No me importa que vengan, pero que Europa responda”. Pero al final la gran mayoría sigue allí. Hay alrededor de 60.000 refugiados en toda Grecia.

¿Había trabajado anteriormente la migración antes de este proyecto?

No, no, no más allá de la inmigración light que hay aquí en Jerez. Allí me encontré con imágenes que recordaban la migración que produjo la Segunda Guerra Mundial.¿Con qué visión venían ellos a Europa?

Muchos me dijeron que venían con la promesa de que Europa era la tierra de la libertad, los derechos humanos. Es algo para plantearse: porqué estas personas vienen con estas ideas y se encuentran con que la realidad es otra totalmente opuesta. Una cosa es lo que está puesto sobre el papel y otra muy distinta lo que hace Europa con los refugiados. Luego alertamos que si se radicalizan… Según me tratas, así me comportaré.

Es uno de los riesgos que corre Europa, si les da la espalda a esas personas, quizás, para que su familia sobreviva, lo único que le quede sea el yihadismo.

El otro día estuve con Enric Berenguer, un psicoanalista que ha tratado el tema de los refugiados. Yo iba con mi fotografía a contar mi experiencia y él tiene una visión más amplia. Este hombre decía unas cosas muy interesantes. Decía que a estas personas, si se las trata bien como se hizo en Estados Unidos en los 40 con los inmigrantes, serán personas arraigadas que harán crecer la economía. Si se trata mal a los refugiados, quizas estos no, pero la segunda o la tercera generación se radicalizará. Ellos recuerdan cómo se trató a sus abuelos o padres. Es algo que nos debemos plantear los europeos: ¿Qué estamos haciendo con esto? ¿Qué vamos a provocar para el futuro, para nuestros hijos y nietos?

La herencia.

Exacto. Esto lo veremos dentro de unos cuantos años como un hito histórico de que la cagamos, con perdón de la expresión.

¿Qué aprendió en esa semana que estuvo en Idomeni? ¿Qué le enseñó?

Mucho. Me enseñó que tenemos mucha suerte. Los jerezanos nos quejamos mucho de nuestra situación económica, del paro… Pero no estamos en esa situación. Me enseñó a apreciar lo que tengo. A modo de ejemplo, cuando vuelves aquí lo ves todo un poco banal. Antes de irme estaba pensando comprarme el Apple watch, estaba antojado. Y cuando volví dije…

¿Para qué?

Sí, sí. Me cambió esa percepción. Y desde entonces creo que ha habido un cambio. Un cambio en mi forma de ser, de pensar y de afrontar la vida.

¿Alguna imagen que no haya captado con el objetivo pero que guarde en su cabeza?

Te encuentras con situaciones muy dolientes. Hay un niño que especialmente me llegó. Tenía 11 ó 12 años, no recuerdo exactamente. Él iba paseando de la mano con su padre en Alepo, y al padre le voló la cabeza un francotirador. El niño tuvo que presenciar eso, pero no pudo llorar la muerte de su padre porque según su cultura él era el cabeza de familia en ese momento y tenía que hacerse cargo de su familia. Fueron a Turquía, allí estuvo trabajando hasta que pudo pagarle al traficante el pasaje para meterse en un barco. Llegaron a Quíos, para luego ir andando a Idomeni y finalmente quedarse allí encerrados. 

Sobre el autor:

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Claudia González Romero

Periodista.

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