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La viuda de Rafa, el empleado municipal incluido en el ERE fallecido el año pasado, relata cómo fueron los últimos años de vida de su marido: "No se quería poner delante de su hijo porque le daba vergüenza que pensara que lo habían echado por vago".

Rafa fue uno de los 260 empleados municipales que el anterior gobierno local incluyó en el ERE realizado en el Ayuntamiento. Trabajaba en la delegación de Igualdad, aunque antes estuvo unos años en Bienestar Social. Hasta el momento del despido, estuvo 16 años como trabajador municipal, una etapa que se truncó en septiembre de 2012 y que el año pasado, poco después de cumplirse dos años de aquello, tuvo un fatídico final. Rafa falleció el 20 de septiembre de 2014 por un paro cardíaco. Su mujer lo tiene claro: “Soy de las que digo que murió por depresión”. Nada más conocer que era uno de los integrantes de la lista del ERE dejó de comer, algo que para un diabético, con la enfermedad todavía por controlar, es bastante peligroso. Llegó un momento en el que ya ni se tomaba la medicación. “Tiró la toalla”, dice Isabel, su mujer, que un año después de su fallecimiento relata cómo fue la última etapa de la vida de su marido.

"No se quería poner delante de su hijo porque le daba vergüenza que pensara que lo echaron por vago"

“Cuando dijeron los motivos no se quería poner delante de su hijo porque le daba vergüenza que pensara que lo habían echado por vago”. Fue el ex teniente de alcalde Antonio Saldaña quien dijo ante el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA) que se despidió a los empleados “más vagos, quejicas y conflictivos”. Una frase que taladraba una vez y otra la cabeza de Rafa. “Se le metió aquí…”, dice su mujer poniendo los dedos en la sien. “Dejó de comer por esa depresión y esa depresión vino por esas palabras… Y encima, para colmo, su mujer es mi compañera y hay veces que la tengo que ver. Le dije que por culpa de su marido falleció el mío”, cuenta Isabel, que sentencia: “Ojalá nunca la vuelva a ver".

A raíz del varapalo que supuso para él verse sin trabajo con 45 años llegó a estar incluso ingresado. “Hablé con mis compañeros para que lo ingresaran”, dice su mujer, que es trabajadora del Servicio Andaluz de Salud (SAS). Llegó a pesar 43 kilos, por lo que estaba muy débil. Tras su paso por el hospital y después de someterse a un tratamiento psiquiátrico, mejoró algo. Al poco tiempo su cuñada se quedó postrada en una cama tras un accidente. Y eso supuso que fuera hacia abajo “en picado”. Se unieron ambas cosas, lo que fue un mazazo psicológico para Rafa, al que le tocaron dos pilares fundamentales: su familia y su empleo. “Su trabajo era para él su vida”, cuenta su mujer. “El primer sitio al que lo tuve que llevar cuando le dieron el alta fue a ver a sus compañeros”, relata Isabel, que dice que “se ponía a llorar” cada vez que los veía, fruto de la “depresión” que sufrió.

El hijo de Isabel y Rafa, que ahora tiene 16 años, “todavía está sufriendo las consecuencias”, dice su madre. “Ha suspendido asignaturas, fue remontando pero todavía le dura… Es que fue a los dos días de empezar el colegio”, rememora. Concretamente el 20 de septiembre. Un par de días después, afectados por el ERE se concentraron en la puerta del Ayuntamiento para leer un manifiesto en homenaje a Rafa, un acto que hubo quien tachó de estar demasiado “politizado”. Su viuda, Isabel, asegura que había gente “de todos los partidos”. “Todos eran amigos suyos, ¿por qué no iban a estar?”

Algunos de sus compañeros recuerdan a Rafa como un hombre “humilde”, “honesto”. En resumen: “era el hombre orquesta”. Sabía hacer de todo y si desconocía algo hacía por informarse. “Rafa era mis manos. Tenía la ambición de superarse diariamente, y no lo digo porque no esté, si estuviera también lo diría”. Quien habla es Valentina de Jesús, antigua directora de área de la delegación de Igualdad. “Era una persona que no le iba a hacer la pelota a nadie. Estaba orgulloso de su trabajo, no iba a venderse por hacerle la pelota a una delegada nueva”. Para ella, “no sobra nadie” en el Ayuntamiento, una institución en la que lleva trabajando 33 años. “Quizás sobra un tipo de gente que es precisamente la que han mantenido”, matiza. “El ERE no tiene razón de ser”. Y añade: “Éramos una delegación ideológica, queríamos cambiar las cosas, cambiar valores. Y eso hay gente conservadora a la que no le interesa”.

"Estaba orgulloso de su trabajo, no iba a venderse por hacerle la pelota a una delegada nueva”

De la delegación de Igualdad despidieron a seis personas. Rafa era una de ellas. Susana y Antonio también estaban incluidos en la lista. El fallo del Tribunal Supremo –apenas dos meses antes del fallecimiento de Rafa– tumbando el del TSJA y declarando el ERE “ajustado a derecho” fue un nuevo mazazo para él y para sus compañeros. “Pensábamos en la esperanza de la nulidad y en el peor de los casos quedarnos como estábamos…”, recuerda Susana Domínguez. Los dos meses que estuvieron “en la calle” pero trabajando fueron muy duros. “El último día mandaron un correo diciendo que no se podían coger vacaciones, no nos podíamos mover. Hubo mucha presión y mucha agonía”, relata Domínguez. Antonio Martínez asemeja la situación a la de los circos romanos: “Es como si te cogen en la plaza pública y dicen: ahí están, vamos a lincharlos, estos son los culpables de la situación. Nos echan a la calle y todos se quedan tranquilos”.

Ahora que ven más cerca que nunca la readmisión, la alegría no puede ser completa. “Da coraje que él no esté”, dice Susana, que asegura: “Hemos demostrado que nos echaron de una manera ilegal”. La improcedencia de las sentencias individuales –de los menores de 59 años– así lo atestigua. Aunque Antonio cree que la situación del Ayuntamiento “tiene muy difícil arreglo” y que “no se soluciona admitiendo a determinadas personas. A la gente que se ha echado y a los que se han quedado, ¿cómo les devuelves la ilusión?” La luz al final del túnel parece vislumbrarse, pero Antonio propone: “No estaría mal que se haga una reparación y que se reconozca que los motivos que recogía el ERE eran falsos”.

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