La salazón en Isla Cristina, en la provincia de Huelva, tiene hoy un único representante puro. Lo dice Manuel Columé, de la empresa Ficolumé, que va ya por la la cuarta generación de una compañía que se considera "en peligro de extinción". Según explica, no ha quedado otro salazonero puro en el entorno.
La tradición familiar viene de sus dos abuelos, tanto los maternos como los paternos, Manuel Hernández Rubio y Fidel Columé García, dos salazoneros isleños. Fidel Columé Millán cogió el testigo, que está ahora en manos de la tercera generación de propietarios, que encarna Manuel Columé, actual gerente de Ficolumé, empresa fundada en 1942.

- Manuel Columé, en una cámara con atunes listos para ser ronqueados.
- MANU GARCÍA
Su padre le contó entonces que habían entrado en la Unión Salazonera Isleña S.A. —conocida por su acrónimo Usisa—, junto a una veintena de empresarios. Con el tiempo, aquella unión se fue deshaciendo y Fidel empezó, en 1989, una nueva aventura en solitario, ya con su hijo empapándose del negocio.
Después de "mil batallas", como dice él, llegó su momento. Columé dejó los estudios, que no le gustaban del todo. Lo suyo era acompañar a su padre a la pescadería y a las fábricas.

- Mojamas secándose, para ser vendidas en la campaña de Navidad.
- MANU GARCÍA
La experiencia del padre y la frescura del hijo
Columé lo plantea como un reparto de papeles. Su padre aportaba la experiencia. Él, la frescura. A su padre, explica, le costaba más adaptarse a los nuevos tiempos, porque era "más salazonero que empresario".
Su padre conocía el negocio. Él entró con otra visión. Empezó desde lo más bajo y aprendió el oficio. Con el tiempo, dejaron un poco aparcada la sardina salada y se metieron de lleno en la mojama de atún.

- Un trabajador de Ficolumé, envasando sardinas.
- MANU GARCÍA
Más tarde volvieron a retomar la sardina, pero con una mentalidad "totalmente distinta". Columé explica que lo que antes era un producto de primera necesidad pasó a ser casi un artículo de lujo. Entró entonces en forma de filete, sin dejar nunca la sardina, aunque el foco seguía puesto en la mojama de atún.
Aunque la mojama no acepta muchos cambios, porque el proceso es el mismo: un producto que se sala y se seca. Lo que sí ha cambiado son los formatos. Antes la barra suponía en torno al 80% del consumo. Hoy se vende en lonchas, con aceite y en envases fáciles de abrir, siguiendo la tendencia del mercado. Según Columé, el salazonero antiguo es un poco reacio a las nuevas formas de consumir, pero hay que adaptarse a lo que demanda el cliente.

- Manuel Columé, en la fábrica de Lepe.
- MANU GARCÍA
De tres trabajadores a más de 60: la evolución de Ficolumé
Manuel Columé repasa también la dimensión de la empresa. En 1989 empezaron en un antiguo almacén de sal en Pozo del Camino, con tres trabajadores y la oficina. En 2005 hicieron un proyecto de ampliación y se trasladaron al muelle de Isla Cristina, a la antigua fábrica de su abuelo. Allí llegaron a rondar las 20 personas en plantilla.
El muelle, sin embargo, se quedó pequeño. La antigua fábrica empezaba a no dar abasto y, en verano sobre todo, el tránsito la hacía inviable. Por las mañanas había vecinos cerca y descargar un atún era un problema. Más tarde, a mediodía, descargar un camión por el muelle con ese tráfico era "imposible". Entendieron que tenían que hacer algo.

- La actividad es constante en la fábrica de Ficolumé.
- MANU GARCÍA
En 2013 hicieron el proyecto de ampliación de la sede actual, ubicada en el polígono industrial La Gravera de Lepe. Entre las dos naves suman 10.000 metros cuadrados y una plantilla de más de 60 trabajadores.
Con el crecimiento cambió también el tipo de cliente. Antes había distribuidor en cada zona, un cliente fijo en cada provincia. Al mudarse a las nuevas instalaciones, con mayor capacidad, entraron en la gran distribución.
Mojama y filetes de sardina, las 'estrellas' de Ficolumé
La mojama de atún es la joya de la corona de Ficolumé. Manuel Columé, su gerente, defiende además que está reconocida como la mejor. "No conocemos otra forma de hacerla", sostiene. Hacerlo bien, reconoce, cuesta mucho trabajo y también dinero. Para ello cuentan con el mejor pescado, porque tratan de ofrecer el mejor producto posible.

- Preparado de mojama de atún, lista para ser consumida.
- MANU GARCÍA
También tienen otros productos como la hueva de bacalao, en sus diversas formas, el solomillo de atún en su jugo o la ventresca de atún en su jugo. En conservas, la marca trabaja los filetes de caballa, el atún claro, sardinillas, filetes de melva canutera y filetes de melva. A ellos se suman los mejillones en escabeche.
La línea delicatessen reúne los productos más elaborados y variados. Entre los de mojama y atún están la mojama de atún extra en lonchas, la ventresca de atún a la pimienta, los solomillos de atún a la cereza y a las finas hierbas, las lonchas de lomo de atún ahumado y el tarantelo de atún al ajillo. Para el aperitivo hay dos opciones en blíster: las banderillas de atún y queso y los payasitos de atún, queso y cereza.
El filete de sardina es el último producto que han lanzado al mercado. Igual que ocurre con la mojama, el producto salado tradicional echa para atrás a mucha gente por lo deshidratado que está. Por eso han reducido los días de salazón, para adaptarse a otros públicos. El último invento de una empresa que no para de innovar cada poco tiempo. No hay otro secreto para mantenerse vivo después de tantos años.
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