La lucha por la visibilidad de la depresión: "Hay que quitar los estigmas y normalizar la enfermedad"

La Fundación Anaed, situada en Cádiz, ofrece ayuda contra esta enfermedad mental en más de 50 ciudades de España y Portugal. Los casos de ansiedad y desestabilización emocional han aumentado de forma considerable durante la pandemia

La depresión, una enfermedad mental silenciada e invisible.
La depresión, una enfermedad mental silenciada e invisible. MANU GARCÍA

Rubén es uno de los dos millones de españoles que sufre depresión, la enfermedad silenciosa que tampoco se ve. El confinamiento de los primeros meses de 2020, los problemas laborales, la distancia con la familia y la marcha de algunos seres queridos le llevaron a un callejón mental sin salida todavía a día de hoy. 

La ansiedad y el estrés, los nubarrones y las pastillas para equilibrar las emociones son parte de su día a día desde hace casi dos años. Las risas y las lágrimas ya no salen igual. Se quedan agazapadas buscando un bienestar que no llega. La inseguridad, la intranquilidad y el pánico son incontrolables. Cada amanecer es una auténtica odisea. De las ganas de seguir adelante no hay noticias y cualquier paso al frente está cargado de dudas. Y más nubarrones. Miedo a no poder continuar, a tener que abandonar la partida. 

En el Día Mundial de la lucha contra la depresión, el caso de Rubén y el de los 280 millones de personas que sufren este mal en todo el mundo tienen la visibilidad que haría falta durante el resto del año para acabar con los estigmas que rodean siempre a la salud mental. Con el objetivo de fomentar, desarrollar y aplicar las medidas de ayuda a la persona enferma de depresión, en el año 2002 se creó la Fundación Anaed, que tomaba el relevo de la Asociación Nacional de Ayuda al Enfermo de Depresión nacida en 1994. 

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Los casos de depresión han aumentado durante la pandemia.   MANU GARCÍA

Instalada principalmente en Madrid, la fundación se trasladó a Cádiz hace más de una década. Y desde la Tacita de Plata se gestionan las campañas de prevención y la asistencia psicológica en más de 50 ciudades de España y Portugal. José Ramón Pagés es el coordinador nacional de una entidad sin ánimo de lucro que en estos tiempos de pandemia está más que saturada de trabajo. "Han aumentado notablemente los casos de ansiedad, desestabilización emocional y de personas que están sintiendo que no se encuentran bien. Personas a las que no les apetece levantarse, salir a trabajar ni nada. Reina el desconcierto y no saben si tienen depresión o no. Los psicólogos están desbordados y suponemos que lo que va a venir detrás va a ser mucho más gordo por el caldo de cultivo que tenemos", destaca. 

"Los psicólogos están desbordados y suponemos que lo que va a venir detrás va a ser más gordo por el caldo de cultivo"

Cuando alguien con depresión se pone en contacto con la Fundación Anaed, los psicólogos intentan dotar al paciente de las herramientas necesarias para gestionar los problemas. "No es lo mismo depresión que estado depresivo. La depresión es una enfermedad que si viene por derecho te tumba en la cama. El estado depresivo viene por los incidentes de la vida: el paro, un divorcio, la muerte de un familiar... Te puede mantener así durante meses o años si no sabes gestionarlo. Los psicólogos evalúan tu situación y te ayudan a que veas tu estado emocional. Es igual que cuando un médico te enseña la radiografía y hace un esquema para contarte lo que tienes. Pero en el caso de la depresión no se puede ver. A veces no se puede salir del problema, pero sí se puede aprender a gestionarlo. Por ejemplo, una persona de 25 años a la que le han cortado las piernas por un accidente. Un psicólogo no le va a devolver las piernas, pero sí que va a gestionar con él el problema para que se enfrente a la vida de una forma dinámica y positiva", destaca Pagés. 

En los tiempos de pandemia muchos han tenido que adaptarse a la fórmula online, pero la fundación lleva realizando terapia de esta manera desde el año 2011. "La anterior presidenta –cuenta José Ramón– entendía que lo mismo se podía dirigir desde Madrid que desde Sevilla, Cádiz o cualquier lado. Y nos fuimos preparando para teletrabajar con las terapias telemáticas". El primer caso fue el de una persona que estaba en Australia y necesitaba un psicólogo en español. "Hay muchos pacientes que no se pueden levantar de la cama, para los que vestirse y lavarse son una tragedia. Personas que están postradas o que tienen miedo, agorafobia o problemas de todo tipo. No se atreven a salir a la calle y los atendemos telemáticamente, tanto ahora como antes de la pandemia". 

Una enfermedad sin distinción de género ni edades

Los jóvenes y las mujeres de entre 40 y 45 años son las franjas de edades más proclives a la depresión. Los cambios hormonales propios de la adolescencia y de la desaparición de la regla tienen parte de culpa en los cambios de estado de ánimo. "Cuando hay desequilibro hormonal puede afectar al cerebro y a las hormonas que te ayudan a estar estable. Los jóvenes de entre 13 y 17 años sufren un cambio hormonal muy potente y pueden pasar de tener muy mal sentido del humor a estar demasiado eufóricos. También la tercera edad es una franja delicada, ya que las personas mayores se sienten deprimidas porque su situación no es la adecuada y piensan que no sirven para nada. En esta sociedad hay un desprecio a la vejez. En los hombres, a partir de 50 años, hay otro momento difícil en el que puede haber más propensión", destaca el coordinador nacional de la Fundación Anaed.

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Una enfermedad callada, de la que no se habla.   MANU GARCÍA

Lo que está claro es que la depresión es una enfermedad callada, de la que no se habla. Sigue siendo casi tabú. "Siempre se ha hablado de forma peyorativa. Si antes alguien tenía un problema de salud mental ya se le llamaba loco. Y no es que esté loco, tiene un problema como lo puede tener alguien que tiene falta de plaquetas o un riñón que no le va bien. Una de cada cuatro personas tiene un problema mental a lo largo de su vida. Hablamos del 25 por ciento de la población y eso no significa que toda esa gente esté loca". 

"Es una pena que once personas al día terminen suicidándose cuando es una enfermedad que se puede curar"

Y después está la invisibilidad. La depresión no se ve, no se palpa. No es como un cáncer o una rotura de huesos, por poner dos ejemplos. "Mucha gente se cree que los enfermos se están inventando la enfermedad. Y también están aquellos que le dicen a un enfermo de depresión, 'venga, anímate'. Eso es como decirle a un ciego, 'coge estos prismáticos y mira a ver si ves algo'. No nos creemos la depresión hasta que nos ocurre a nosotros mismos. Es igual que tener una enfermedad rara. No por ocultarla vamos a quitar la depresión o a la salud mental del panorama", señala Pagés. 

Según la OMS, en 2030 la depresión será la primera enfermedad discapacitante de todo el mundo. Para José Ramón, "esto es una barbaridad, ya que hablamos de una enfermedad que se puede prevenir y curar. No en todos los casos, pero sí en un número elevado de personas. Es una pena que once personas al día terminen suicidándose cuando es una enfermedad que se puede curar".  

Hay países europeos que tienen a 18 personas (psicólogos, siquiatras y enfermeras) dedicadas a la salud mental, siendo la media europea de 12 personas. En España la cifra se reduce a la mitad (6) y si hablamos de Andalucía, a una cuarta parte (3). La contratación de personal por parte de las administraciones es más que necesaria junto a campañas de normalización de la salud mental. "Que tengas esquizofrenia –destaca José Ramón– no significa que no puedas trabajar en una oficina. Solo tienes que tomarte tu medicina, como puede hacer una persona con diabetes. Si tienes bipolaridad o depresión, exactamente igual. Tenemos que normalizar la enfermedad y darnos cuenta de que las familias somos importantísimas para que el enfermo se cure".

Sobre el autor:

Rubén Guerrero

Periodista con más de veinte años de experiencia en los medios de comunicación (prensa escrita, digital, radio y televisión). Autor de Nosotras. Historias del olvidado deporte femenino y otros seis libros más. Recuperando la ilusión por el periodismo en lavozdelsur.es.

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