Marta Borrell, la sevillana que habló de educación en la ONU: “Cuando llegué a África me dio un golpe de realidad en la cara”

La joven de Mairena del Aljarafe, de 17 años, viajó con 13 a Ibo, una isla del norte de Mozambique para grabar el documental ‘Una luz en la oscuridad’, dirigido y producido por sus padres desde Góndola Films

Marta Borrell en la sede de la ONU en Nueva York.   CEDIDA
Marta Borrell en la sede de la ONU en Nueva York. CEDIDA

“La educación será el principio del cambio en África”. Es el pilar que sustenta al documental Una luz en la oscuridad (2020) que se estrenó el 24 de enero, el Día Mundial de la Educación, con la esperanza de generar un debate sobre las ayudas que se envían a los países en vías de desarrollo.

El proyecto refleja el afán incansable de una familia por incitar a la reflexión para la mejora del sistema educativo en lugares remotos del planeta donde los recursos son escasos. En mitad de la pandemia, y con las salas de cine cerradas, la pieza hace su función. Zarandear los puntos de vista y dar visibilidad a los principales problemas que provocan el abandono escolar.

La sevillana Marta Borrell, de 17 años, tan sólo tenía 13 cuando se sumergió en esta coproducción de Góndola Films y Canal Sur TV con la colaboración de Simon Development Foundation. Hace cuatro años no pudo negarse a la propuesta de sus padres, José M. Borrell y Sara Fijo, director y productora del documental. “Todo es culpa de mi padre que es el que me ha estado inculcando todos estos valores y todas estas ganas de hacer cosas mediante su trabajo”, confiesa Marta dirigiéndose al barcelonés que cuenta con dos nominaciones a los Premios Goya (2005 por “El Mundo es tuyo” y en 1994 por “Maldita Suerte”)

Marta con alumnos del colegio africano.
Marta con alumnos del colegio africano.   CEDIDA

Desde pequeña, ella y su hermano han vivido de cerca la odisea de montar una obra audiovisual. “Hemos crecido con mis padres editando en casa documentales sobre problemas africanos, sobre problemas en Latinoamérica”, dice la estudiante de 2º de Bachillerato del Colegio Aljarafe.

Su visión sobre el tercer continente más extenso del mundo cambió cuando en 3º de ESO fue de viaje de fin de curso a Marruecos. “Sabías que ocurre, lo ves en la tele, ves que hay un niño que no puede ir al colegio. Pero realmente no piensas que es un problema que te afecte a ti”, explica la joven al otro lado del teléfono. En abril de 2017 conoció la realidad de los colegios africanos y, en agosto de ese mismo año ya estaba grabando el documental. “Desde ahí dije ya toca ir haciendo cosas e intentar poner mi granito de arena”.

La sevillana en una clase de la escuela de la isla de Ibo.
La sevillana en una clase de la escuela de la isla de Ibo.   CEDIDA

Con un saco de dudas, Marta se mudó con su familia y su amiga Berta durante tres semanas a Ibo, una isla en el norte de Mozambique, en el archipiélago de las Quirimbas. Allí, se convirtió en una alumna más para experimentar en su propia piel en qué consistían las clases y cómo las impartían los profesores en la única escuela primaria existente. “Recuerdo el primer día, nos sentamos en la clase, y el profesor llamaba a los alumnos como números, no tenían siquiera nombre, les hablaba a gritos y repitiendo todo mil veces porque de alguna manera él pensaba que así se calaba más la información. Es una locura porque realmente comprensión no había ninguna”, cuenta la joven natural de Mairena del Aljarafe a lavozdelsur.es.

"El profesor llamaba a los alumnos como números y les hablaba a gritos" 

Una mezcla de sensaciones se apoderó de la adolescente que, desde su pupitre no quitaba ojo a la escena.  Le parecía “increíble” que en una sala donde “las paredes se están cayendo a pedazos y algunos niños no tienen zapatos”, los docentes “estuviesen hablando de amperios y resistencias cuando no había bombillas ni cables en toda la isla”. Las palabras de Marta revelan que la educación no está adaptada a la realidad social a la que se enfrentan.

En ese instante, la joven comprendió por qué los niños como ella dejaban de ir al colegio. Según expone, “no entienden de que les va a servir, uno de los problemas que hemos detectado es que llegamos a África y de alguna manera imponemos nuestro sistema”. La sevillana toma aire y reivindica con claridad. “No puedes llegar a África y enseñarles a hacer un circuito eléctrico cuando realmente el niño lo que está pensando es, no sé qué voy a comer hoy porque no estoy yendo a por comida con mis padres”, dice.

 

El documental propone que, para ayudar a zonas como Ibo, primero hay que entender sus necesidades. “Tenemos que aprender a escucharlos, son ellos los que saben cómo se educa en África”, añade Marta que es un libro abierto y detalla sus vivencias con gusto.

Durante su estancia lo que más conmocionó a la estudiante fue la situación de las mujeres en la isla. “Me impactó que abusen de una niña de 14 años, se quede embarazada por sus propios profesores y no pasen de curso si no lo aceptan. Hablamos con una chica de 18 años que había sufrido todo eso con mi edad, tenía un niño y aun así intentaba terminar el curso. Yo lo sentí dentro de mí, intenté empatizar y es imposible”, expresa.

Para ella fue toda una experiencia tener la oportunidad de presenciar los fallos en la educación, presentarlos en el documental y extraer conclusiones. Según relata, “era una niña, muy ingenua, llegué allí y me dio un golpe de realidad en la cara, fue un shock que ya no me lo quita nadie”.

Después de tres años realizando entrevistas en busca de soluciones, cuando la producción estaba prácticamente terminada y los créditos finalizados, la ONU llamó a la puerta. Su madre, desde Góndola Films, logró que el organismo le reservase un asiento a su hija en la sala Trusteeship Council Chamber de la sede de Naciones Unidas en Nueva York. “Estuvo detrás de ellos mucho tiempo, en ese momento yo estaba estudiando en Míchigan, reabrimos el proyecto para incluir el final definitivo y así quedó”, comenta Marta.

"¿Somos realmente los niños partícipes de nuestra educación?”

La fecha del 24 de enero de 2020 se ha quedado grabada en su mente. Con 16 años, la sevillana reivindicó varios aspectos con el objetivo de que se cumpla el plan de escolarización en el mundo que la UNESCO prepara para 2030. “En África se ha avanzado en que los niños vayan a la escuela, pero no se ha avanzado en que aprendan”, expuso frente al micrófono. La joven recuerda cuando pisó el edificio con entusiasmo. Para Marta, “fue una locura, no te lo esperas en ningún momento. Tenía mucha presión, pero muchas ganas de hacerlo”. Después de horas escuchando atentamente a los representantes de los países su cabeza empezó a pensar: “soy la única niña en edad escolar sentada aquí hablando de un tema como la educación. ¿Somos realmente los niños partícipes de nuestra educación?”.

Fotograma del documental 'Una luz en la oscuridad'.
Fotograma del documental 'Una luz en la oscuridad'.   CEDIDA

La joven del pueblo sevillano tuvo la oportunidad de alzar la voz. Al problema de que más de 260 millones de niños y niñas de entre 6 y 17 años en todo el mundo no tienen acceso a la educación formal, se suma que algunos reciben una educación desconectada de sus vidas. “Donde hay que poner todos nuestros saberes es en educar a los profesores para que sean capaces realmente de educar a los niños”, explica.

Estaba estudiando en Estados Unidos cuando la pandemia se asentó. No tuvo más remedio que volver a su pueblo al que vio confinado cuando llegó. “Terminé el curso de Estados Unidos y yo ya no veía el cómo volver al colegio con 30 personas”, dice. Sin embargo, las aulas andaluzas volvieron a abrirse y sus clases presenciales continuaron. “Todavía no sé cómo funciona el Zoom, eso es una buena señal”, comenta la estudiante.

Los recuerdos de su viaje a África están más vivos que nunca. Un tiempo que ha cambiado su perspectiva y su futuro. “Antes de empezar el documental yo quería estudiar ingeniería robótica o aeroespacial. Pero ahora me voy a letras, a tirar por el tema social”. Marta se plantea estudiar relaciones internacionales, no lo tiene muy claro, lo único que quiere es movilizar al mundo. Su voz está llena de juventud, vitalidad y voluntad por agitar conciencias.

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