Cádiz

La Venta Julián, el frenazo gastronómico de la Sierra de Cádiz: "La gente viene buscando lo tradicional"

Fundada en 1971 en El Bosque, este establecimiento se ha convertido en parada habitual para miles de personas. Desde 2017, Víctor Atienza y Juan Francisco Angulo mantienen su apuesta por los desayunos con productos de la zona y los guisos de toda la vida

  • Juan Francisco Angulo y Víctor Atienza, actuales propietarios de la Venta Julián. -

Cuenta la leyenda que, en algunas carreteras, hay una misteriosa chica que aparece en mitad de una curva para advertir a los conductores de un peligro. En la antigua carretera de El Bosque, la que une Arcos con el corazón de la Sierra de Cádiz, la historia es menos terrorífica. Aquí no hay chica de la curva, sino una venta en la curva. Y no una cualquiera.

Hablamos de la Venta Julián que, en El Bosque, tiene incluso su propio sobrenombre: "El frenazo". Basta con hacer una parada para comprobar su merecida fama y el porqué miles de personas la han convertido en una de sus paradas habituales, ya sea para desayunar antes de una ruta, tomar un café después de una jornada de senderismo o simplemente para sentarse a la mesa y disfrutar de los auténticos sabores de la gastronomía serrana.

Inaugurada en 1971, desde noviembre de 2017 las riendas del negocio están en manos de Víctor Atienza González, de 39 años, y Juan Francisco Angulo Romero, de 47. Dos empresarios de El Bosque que, después de gestionar otros negocios hosteleros en la Sierra, encontraron en esta venta una oportunidad para emprender una nueva etapa. La propuesta llegó de la familia Vega Castellano, que había dirigido el establecimiento durante décadas. Mientras que Víctor y Juan Francisco se quedaron con la gestión de la venta, los anteriores propietarios continuaron al frente de la tienda y el pequeño hotel vinculados al alojamiento.

  • Juan Francisco y Víctor, en la terraza de la venta, con algunos clásicos del negocio.
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Para ambos hosteleros la venta Julián no era un negocio desconocido, todo lo contrario. Sabían que asumían la responsabilidad de mantener el nivel de una casa que ya funcionaba perfectamente antes de su llegada. "Nosotros cogimos el negocio funcionando muy bien y la presión que teníamos era que tenía que funcionar igual o mejor", explican.

Con el paso de los años, las cifras parecen haberles dado la razón, hasta el punto de que figura entre los establecimientos de la provincia con mayor número de reseñas y una de las mejores puntuaciones medias en Google, algo que toman con filosofía. "¿Más publicidad? ¡No, por favor!", bromean cuando se les pregunta si ese escaparate de internet y las redes sociales supone un problema de mayor trabajo. Y entonces, responden con sinceridad: "Al contrario, al final somos jóvenes y tenemos que trabajar. Y cuando uno se mete en un embolado como este, lo que quiere es que vaya lo mejor posible".

Lo cierto es que ese "embolado" se traduce en jornadas que comienzan a las seis y cuarto de la mañana y que finalizan pasadas las nueve de la noche de manera ininterrumpida. Además, ya prácticamente los días laborables no se diferencian mucho de los fines de semana, cuando El Bosque se llena de turistas y senderistas, con decenas de personas esperando para almorzar, incluso con lista de espera.

Y es que, como bien recuerdan Víctor y Juan Francisco, la ubicación de El Bosque, en uno de los principales accesos a la Sierra de Cádiz, juega un papel fundamental. Antes de que la carretera se desdoblara y cambiara parte del tráfico hacia Ubrique, este era el paso habitual para quienes se dirigían tanto a esa localidad como a Grazalema. Hoy sigue siendo una vía muy transitada por los visitantes que llegan desde Jerez o la Bahía de Cádiz y utilizan El Bosque como puerta de entrada a la Sierra.

  • Los platos de carne de la Sierra gaditana son los más reclamados por su clientela.
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"El Bosque es un punto estratégico en el turismo", señala Víctor, que calcula que "entre el 80% y el 90%" de la actividad del municipio está relacionada con este sector. La temporada fuerte llega cuando termina el verano y regresan las temperaturas más suaves. Por el contrario, julio y agosto son los meses más flojos para el establecimiento, tanto, que los responsables han optado por cerrar tres semanas en julio y dar vacaciones a toda la plantilla.

El desayuno, el gran reclamo de la venta

Si por algo se ha ganado gran fama la Venta Julián es por sus desayunos. Aquí apuestan por pan de obradores y productores de la zona. Los molletes del Molino de Abajo, en El Bosque, son de los más demandados. A ellos se suman las rebanadas de pan de Venta Morilla, los molletes de la panadería Paco, de Puerto Serrano, y los bollos de masa dura de Narváez, en Grazalema. Para los almuerzos también cuentan con hogazas de pan de Algar. En definitiva, una selección que busca responder a la demanda de los visitantes de disfrutar en la mesa de productos autóctonos de la Sierra de Cádiz.

Y esa misma idea se traslada a la carta. Entre los platos que mantienen la identidad de la Venta Julián están el venado en salsa, la carrillada, las costillas en salsa y los huevos con chorizo. Tampoco faltan las chacinas ni una selección de quesos de cabra payoya o de oveja merina. De lunes a jueves, además, ofrecen menú del día para atender a trabajadores, comerciales y profesionales que transitan habitualmente por las carreteras del entorno.

  • Las mantecas y los panes de obradores serranos son otros de los clásicos de la Venta Julián.
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Junto a estos platos más clásicos, Víctor y Juan Francisco han incorporado algunas propuestas que no estaban en la carta tradicional, como las patatas arrieras, la ensalada César, las croquetas de gambas al ajillo o el taco de lomo en manteca. También van variando algunos sabores, aunque hay una excepción que no admite discusión: "las croquetas de puchero tienen que estar siempre".

En los desayunos también han añadido alternativas más actuales, como propuestas más saludable con aguacate, pero sin tocar los clásicos. "La manteca colorá y la manteca blanca no pueden faltar, porque la gente viene buscando eso", señala Víctor, que añade que, al fin y al cabo, "hay que mantener la esencia de la venta. La gente viene buscando lo tradicional de la Sierra".

Ese compromiso con el cliente es, para Juan Francisco, el verdadero secreto del negocio. "Trabajar, trabajar y trabajar. Dedicarle mucho al cliente y que se vaya lo más contento posible".

Los dos socios, sin embargo, todavía tienen proyectos por delante. De hecho, ya han adquirido otro local de hostelería en el centro de El Bosque, junto al Ayuntamiento, que actualmente tienen alquilado. Su intención es ponerse al frente de él en un futuro no muy lejano y desarrollar una propuesta gastronómica diferente, más creativa e informal.

Será otra historia, con otra cocina y otra manera de entender la hostelería. Pero, mientras tanto, la Venta Julián seguirá siendo la de siempre. La que lleva más de cincuenta años esperando en aquella curva que, todavía hoy, consigue que muchos conductores sigan pisando el freno.

Cuenta la leyenda que, en algunas carreteras, hay una misteriosa chica que aparece en mitad de una curva para advertir a los conductores de un peligro. En la antigua carretera de El Bosque, la que une Arcos con el corazón de la Sierra de Cádiz, la historia es menos terrorífica. Aquí no hay chica de la curva, sino una venta en la curva. Y no una cualquiera.

Hablamos de la Venta Julián que, en El Bosque, tiene incluso su propio sobrenombre: "El frenazo". Basta con hacer una parada para comprobar su merecida fama y el porqué miles de personas la han convertido en una de sus paradas habituales, ya sea para desayunar antes de una ruta, tomar un café después de una jornada de senderismo o simplemente para sentarse a la mesa y disfrutar de los auténticos sabores de la gastronomía serrana.

Inaugurada en 1971, desde noviembre de 2017 las riendas del negocio están en manos de Víctor Atienza González, de 39 años, y Juan Francisco Angulo Romero, de 47. Dos empresarios de El Bosque que, después de gestionar otros negocios hosteleros en la Sierra, encontraron en esta venta una oportunidad para emprender una nueva etapa. La propuesta llegó de la familia Vega Castellano, que había dirigido el establecimiento durante décadas. Mientras que Víctor y Juan Francisco se quedaron con la gestión de la venta, los anteriores propietarios continuaron al frente de la tienda y el pequeño hotel vinculados al alojamiento.

  • Juan Francisco y Víctor, en la terraza de la venta, con algunos clásicos del negocio.
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Para ambos hosteleros la venta Julián no era un negocio desconocido, todo lo contrario. Sabían que asumían la responsabilidad de mantener el nivel de una casa que ya funcionaba perfectamente antes de su llegada. "Nosotros cogimos el negocio funcionando muy bien y la presión que teníamos era que tenía que funcionar igual o mejor", explican.

Con el paso de los años, las cifras parecen haberles dado la razón, hasta el punto de que figura entre los establecimientos de la provincia con mayor número de reseñas y una de las mejores puntuaciones medias en Google, algo que toman con filosofía. "¿Más publicidad? ¡No, por favor!", bromean cuando se les pregunta si ese escaparate de internet y las redes sociales supone un problema de mayor trabajo. Y entonces, responden con sinceridad: "Al contrario, al final somos jóvenes y tenemos que trabajar. Y cuando uno se mete en un embolado como este, lo que quiere es que vaya lo mejor posible".

Lo cierto es que ese "embolado" se traduce en jornadas que comienzan a las seis y cuarto de la mañana y que finalizan pasadas las nueve de la noche de manera ininterrumpida. Además, ya prácticamente los días laborables no se diferencian mucho de los fines de semana, cuando El Bosque se llena de turistas y senderistas, con decenas de personas esperando para almorzar, incluso con lista de espera.

Y es que, como bien recuerdan Víctor y Juan Francisco, la ubicación de El Bosque, en uno de los principales accesos a la Sierra de Cádiz, juega un papel fundamental. Antes de que la carretera se desdoblara y cambiara parte del tráfico hacia Ubrique, este era el paso habitual para quienes se dirigían tanto a esa localidad como a Grazalema. Hoy sigue siendo una vía muy transitada por los visitantes que llegan desde Jerez o la Bahía de Cádiz y utilizan El Bosque como puerta de entrada a la Sierra.

  • Los platos de carne de la Sierra gaditana son los más reclamados por su clientela.
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"El Bosque es un punto estratégico en el turismo", señala Víctor, que calcula que "entre el 80% y el 90%" de la actividad del municipio está relacionada con este sector. La temporada fuerte llega cuando termina el verano y regresan las temperaturas más suaves. Por el contrario, julio y agosto son los meses más flojos para el establecimiento, tanto, que los responsables han optado por cerrar tres semanas en julio y dar vacaciones a toda la plantilla.

El desayuno, el gran reclamo de la venta

Si por algo se ha ganado gran fama la Venta Julián es por sus desayunos. Aquí apuestan por pan de obradores y productores de la zona. Los molletes del Molino de Abajo, en El Bosque, son de los más demandados. A ellos se suman las rebanadas de pan de Venta Morilla, los molletes de la panadería Paco, de Puerto Serrano, y los bollos de masa dura de Narváez, en Grazalema. Para los almuerzos también cuentan con hogazas de pan de Algar. En definitiva, una selección que busca responder a la demanda de los visitantes de disfrutar en la mesa de productos autóctonos de la Sierra de Cádiz.

Y esa misma idea se traslada a la carta. Entre los platos que mantienen la identidad de la Venta Julián están el venado en salsa, la carrillada, las costillas en salsa y los huevos con chorizo. Tampoco faltan las chacinas ni una selección de quesos de cabra payoya o de oveja merina. De lunes a jueves, además, ofrecen menú del día para atender a trabajadores, comerciales y profesionales que transitan habitualmente por las carreteras del entorno.

  • Las mantecas y los panes de obradores serranos son otros de los clásicos de la Venta Julián.
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Junto a estos platos más clásicos, Víctor y Juan Francisco han incorporado algunas propuestas que no estaban en la carta tradicional, como las patatas arrieras, la ensalada César, las croquetas de gambas al ajillo o el taco de lomo en manteca. También van variando algunos sabores, aunque hay una excepción que no admite discusión: "las croquetas de puchero tienen que estar siempre".

En los desayunos también han añadido alternativas más actuales, como propuestas más saludable con aguacate, pero sin tocar los clásicos. "La manteca colorá y la manteca blanca no pueden faltar, porque la gente viene buscando eso", señala Víctor, que añade que, al fin y al cabo, "hay que mantener la esencia de la venta. La gente viene buscando lo tradicional de la Sierra".

Ese compromiso con el cliente es, para Juan Francisco, el verdadero secreto del negocio. "Trabajar, trabajar y trabajar. Dedicarle mucho al cliente y que se vaya lo más contento posible".

Los dos socios, sin embargo, todavía tienen proyectos por delante. De hecho, ya han adquirido otro local de hostelería en el centro de El Bosque, junto al Ayuntamiento, que actualmente tienen alquilado. Su intención es ponerse al frente de él en un futuro no muy lejano y desarrollar una propuesta gastronómica diferente, más creativa e informal.

Será otra historia, con otra cocina y otra manera de entender la hostelería. Pero, mientras tanto, la Venta Julián seguirá siendo la de siempre. La que lleva más de cincuenta años esperando en aquella curva que, todavía hoy, consigue que muchos conductores sigan pisando el freno.

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