Cristina Tébar, divulgadora y autora de dos publicaciones ligadas a las teorías de la educadora italiana, explica cómo aplicar el método 'Montessori en casa'.

Igual que una semilla sabe cómo germinar, crecer y brotar hojas, un niño tiene un "maestro interior" para saber cómo andar, comer, hablar... "Lo que tienes que hacer es poner un entorno adecuado", indica Cristina Tébar, licenciada en Ciencias Ambientales y divulgadora de la filosofía Montessori desde que creó su blog Montessori en casa en 2012. "A la planta le pones un sustrato rico, la riegas, la pones al sol... Con un niño es igual. No tienes por qué decirle a un niño cómo tiene que hacer ciertas cosas, hay otras que sí (sumar, leer…), pero hay cosas que el niño puede aprender por sí solo si le das la oportunidad de explorar por sí mismo", explica Tébar.

La filosofía que la educadora italiana María Montessori ideó a principios del siglo XX se extiende con fuerza en España casi 100 años después. Cristina Tébar, nacida en Madrid pero afincada en Almería desde hace una década, se quedó prendada de la educación que la italiana formuló cuando buscó actividades para hacer en casa con su primer hijo. Buceando en internet, se topó con varios artículos de blogs americanos y australianos que hablaban sobre el método Montessori a la hora de educar a los pequeños de la casa. "Oye, esto encaja mucho con la manera que yo tengo de ver la crizana, la educación", se dijo a sí misma a medida que leía. "Esto tiene muchísimo sentido, ¿cómo es que no lo conoce más gente?", se preguntó. 

"Montessori busca que utilices lo que se te da bien para hacer un servicio para la sociedad, la humanidad"

Su entusiasmo por esta nueva, y a la vez antigua, filosofía pedagógica, sumado a su pasión por la escritura, le llevó a emprender su propio blog para transmitir la metodología de María Montessori por la red. "Y así fue como me convertí en divulgadora de la filosofía Montessori", ríe sentada en la oficina de la librería infantil y juvenil El árbol de las palabras, en Jerez. Y es que visita la ciudad para continuar con su papel de difusora presentando sus dos publicaciones: Montessori en casa: El cambio empieza en tu familia (2016) y El huerto en casa al estilo Montessori (2017), ambas de Plataforma Editorial.

Educar a niños autónomos y felices, liberar el potencial de cada niño y respetar la psicología natural y el desarrollo físico y social del niño, son algunos de los objetivos de la filosofía Montessori, pero para Tébar la finalidad principal es "educar para la paz", además de "que cada persona pueda sacar su máximo potencial". "Cada uno tenemos diferentes fortalezas, potenciales… No es lo mismo una tomatera que un manzano. Pero lo que sí puedes conseguir es que esa tomatera dé los mejores tomates posibles. Respetar el ritmo y el interés, la potencialidad de cada niño para desarrollarlo al máximo", explica. No obstante, la idea es que el niño (la persona) desarrolle su potencial con un objetivo común, es decir, "utilizar lo que se te da bien para hacer un servicio para la sociedad, la humanidad. Aportar algo. No buscar solo el beneficio propio, sino ganarte la vida y buscar de qué manera puedes contribuir al todo del que formas parte". Si bien esta filosofía pedagógica es primordial en los primeros 6 años de vida del niño, está pensada para ejercerla hasta los 18. "Y también se puede aplicar a lo largo de tu vida", incide Tébar. "De hecho, yo descubrí Montessori con 30 años y ha habido cosas que he aplicado no solo con mis hijos, sino también conmigo misma. Por ejemplo, el tema de los elogios. Me he dado cuenta de que dependía bastante de los elogios. Como que no yo no favorecía esa motivación interna y necesitaba a alguien que me diese una palmada en la espalda. Pero eso es algo que he ido cambiando, ahora creo que no dependo tanto de que la gente me diga", expone.

Montessori habla de encontrarse a uno mismo, de liberarse. Por lo que las imposiciones están prácticamente prohibidas. "Se debe evitar el imponerle lo que debe de hacer. Tenemos que intentar respetar la individualidad del niño", resalta la divulgadora madrileña, que insiste en que el respeto es la base para que el niño tenga una infancia feliz. "Nacemos con un maestro interno que nos va diciendo por donde tiene que ir nuestro desarrollo. Si nosotros, como adultos, respetamos a ese maestro interno, dejamos que el niño siga ese camino. No tenemos que tener la pretensión de enseñar a ese niño a hacer determinadas cosas. Lo que hacemos es crear un entorno en el que el niño pueda seguir ese desarrollo de forma natural", expresa. Por ejemplo, ¿cuándo debe aprender un niño a andar? El método Montessori, como otras teorías pedagógicas, se ciñen al "movimiento libre". Es decir, si el pequeño quiere andar, debe aprender a hacerlo por sí mismo, sin necesidad de que sus padres le agarren de las manos.

"Hay madres que necesitan desahogarse y que alguien les diga: No te preocupes, que no lo estás haciendo tan mal"

"Cuando profundicé en la filosofía Montessori dije, pues no, ahora no le cojo de las manos. Pero yo estoy ahí para ayudarle a aprender a andar si necesita mi ayuda. Tienes la idea de que para ser una buena madre tienes que ser servicial. Y eso sí que me hizo un poco cambiar el concepto de lo que tiene que ser una madre. Ser madre no significa hacerle todo al niño, al contrario, a veces significa 'no hacer' para que el niño pueda hacerlo por sí mismo", apunta. Tébar confiesa que introducir esta idea a su familia costó bastante al principio. "En la primera Navidad todos estaban deseosos de comprarles cosas, y les dije que por favor evitaran cosas con pilas y con sonidos estridentes y que buscaran juguetes hechos con materiales naturales. Creo que ahí mi familia empezó a mirarme raro", sonríe. 

Cristina Tébar es mujer, madre, pedagoga, ambientóloga, divulgadora, escritora... Y también una mano amiga para otras madres que también quieren aplicar "Montessori en casa". Al día le llegan muchos tipos de consultas diferentes, pero "a veces recibo emails en los que me dan ganas de darles un abrazo". "Hay madres que necesitan desahogarse y que alguien les diga: No te preocupes, que no lo estás haciendo tan mal. Porque a veces tenemos mucha presión externa e interna. Cada vez que cometes un error te sientes fatal, te flagelas. Y yo siempre intento llevarlo al otro lado, porque cometer errores es una oportunidad para aprender. Si vemos que hay algo que no está funcionando, que no encaja, pues vamos a ver de qué manera la podemos cambiar". Ellas, aquellas que escriben tras la pantalla, siempre agradecen sus palabras. "Me has dicho lo que necesitaba oír, me suelen decir. Que es algo súper sencillo, pero que a lo mejor nadie se lo ha dicho y es que a veces la maternidad tiene ese punto de soledad. Para mí, que alguien me escriba un email y yo le pueda ayudar, me llena un montón", concluye. 

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