Bashar al-Assad, en una visita a Rusia en 2015. FOTO: WIKIMEDIA COMMONS
Bashar al-Assad, en una visita a Rusia en 2015. FOTO: WIKIMEDIA COMMONS

Detención arbitraria, tortura, desaparición forzada, delitos de violación y agresión sexual y ejecuciones extrajudiciales, son algunos de los crímenes contra la población civil perpetrados por el Gobierno sirio y que aún siguen sin ser condenados. Las fuerzas del Gobierno sirio y sus aliados no solo llevaron a cabo ataques indiscriminados contra civiles, especialmente a través de bombardeos aéreos, sino que además, restringieron el acceso a ayuda humanitaria e imposibilitaron el acceso a servicios esenciales como la asistencia médica.

Para organizaciones internacionales como Amnistía Internacional, no caben dudas de que estas prácticas, cometidas de forma generalizada y sistemática, constituyen crímenes de guerra y abusos flagrantes contra los derechos humanos. Aunque hasta ahora, ningún tribunal ha podido determinarlo. Pero eso podría estar por cambiar. Días atrás, comenzó en Alemania el primer juicio contra los crímenes de guerra cometidos por el régimen sirio desde el inicio de la guerra civil en 2011. Se trata de un caso histórico por ser el primero en investigar crímenes de lesa humanidad cometidos por un gobierno en funciones.

“Este juicio es un paso histórico en la lucha por la justicia para las decenas de miles de personas detenidas ilegalmente, torturadas y muertas de forma violenta en prisiones y centros de detención del gobierno sirio”, explica Lynn Maalouf, directora de investigación de Amnistía Internacional sobre Oriente Medio.

Quienes se sientan en el banquillo son dos ex oficiales del servicio de seguridad del régimen de Bashar al-Asad. Se trata de Anwar Raslan, antiguo director de una unidad de investigaciones dentro de la Dirección General de Inteligencia de Siria; y Eyad al Gharib un ex empleado de una subdivisión de la seguridad siria. Ambos acumulan acusaciones por más de 50 asesinatos y más de 4.000 actos de tortura, entre los que se incluye la violación y violencia sexual. Una de las armas silenciosas utilizadas por el régimen sirio. 

"La violación es un arma de guerra tanto como el machete, el garrote o el Kalashnikov”, escribe en su nuevo libro Our Bodies, Their Battlefield la corresponsal de guerra Christina Lamb. Tal como lo resume Lamb, si bien la violación es un arma centenaria utilizada durante la guerra, pocos libros de texto de historia recogen estos aberrantes hechos y sus consecuencias. Pocos tribunales, a su vez, han juzgado estos hechos y son escasas las veces en las que las víctimas han obtenido justicia. Sin mencionar que en la gran mayoría de los casos, los responsables se empeñan en ocultar la verdad. Aunque muchas veces, es gracias al minucioso y arriesgado trabajo periodístico que estos relatos salen a la luz. 

Más de 40 años después y Corea del Sur todavía no ha reconocido las violaciones sistemáticas llevadas a cabo por sus tropas durante la Guerra de Vietnam. Muchas de sus víctimas que en su momento tenían apenas entre 12 o 13 años, aún viven en las sombras de la sociedad vietnamita. Sus hijos, conocidos como ‘Lai Dai Han’ por su ascendencia mixta vietnamita-coreana también viven en los márgenes de la sociedad, en pobreza extrema, sin acceso a los servicios básicos de salud y educación. Como lo recoge una emisión especial reciente de la BBC ‘Los fantasmas de la Guerra de Vietnam’, el gobierno de Corea del Sur nunca ha reconocido la violencia sexual que tuvo lugar y nunca se ha disculpado por los crímenes cometidos por sus soldados. Lo que a su vez ha dejado profundas heridas abiertas en la sociedad vietnamita y en sus víctimas.

Otros casos recientes denunciados por periodistas y organizaciones internacionales, incluyen registros de violaciones masivas en Bosnia, Ruanda, la República Democrática del Congo, Irak y también Siria. Según informes de Médicos Sin Fronteras, durante la Guerra de Bosnia, “la violación sistemática se empleaba como parte de una estrategia de limpieza étnica”. Algo similar ocurre en Birmania donde desde 2017, se registra la persecución del Ejército birmano contra la población musulmana rohingya, calificada como la ONU como un ejemplo de limpieza étnica y posible genocidio. Informes de Human Rights Watch también revelan las graves violaciones cometidas por miembros de las fuerzas de seguridad contra las mujeres.

Pese a la mayor visibilidad de los casos, debido a la cobertura mediática y a la mayor concientización sobre estos crímenes de guerra, la violencia sexual sigue siendo utilizada como un arma de guerra. En Siria puntualmente, esta práctica sigue siendo implementada. En un principio, la violencia sexual tuvo lugar especialmente en las cárceles. Aunque luego su práctica se generalizó y se convirtió en algo sistemático. "La violencia sexual contra mujeres y hombres se usa para forzar confesiones, extraer información, como castigo y también para aterrorizar a las comunidades de oposición", revela un informe de la ONU sobre Siria publicado en 2018. Ahora, con el comienzo del juicio en Alemania, se recobra lentamente la esperanza de que estos crímenes serán castigados.

Un pequeño, pero importante paso para que el pueblo sirio encuentre la justicia que se les ha negado desde hace años. No es suficiente, claro. Pero podría ser el inicio de la rendición de cuentas para los actores del régimen sirio. Un juicio histórico que además eleva un mensaje a la comunidad internacional. Un mensaje de esperanza para las víctimas, cuyas voces no serán silenciadas y también para los que continúan perpetrando atroces crímenes, de que sus actos tarde o temprano, serán condenados. 

Artículo de Manuela Ríos

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