49 escalones para jugar en la calle

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Los padres de un niño con distrofia muscular de Duchenne esperan con impaciencia un cambio de vivienda en Procasa, al tener que bajar y subir las tres plantas del edificio.

Adrián es un niño que quiere jugar como cualquier niño. Viven en el núcleo del barrio de La Viña. Un lugar donde muchos desean por vivir, pero que se ha convertido en una cárcel para el pequeño de ocho años. A la enfermedad que le diagnosticaron hace un par de años, distrofia muscular de Duchenne, que le imposibilita caminar, se le suma lo complicado que resulta bajar a la calle. Son 49 los escalones que tiene que bajar en silla de ruedas en varios tramos, al vivir en una tercer planta.

Su padre, Luis, un gaditano de 39 años, junto a su madre Alejandra, de 35, están inscritos en Procasa para conseguir una nueva ubicación donde poder alojarse junto a su otra hija y su suegra. El gaditano denuncia que llevan años “pidiendo la casa” y, aunque salió  una lista en la que estuvieron en el cuarto puesto , “ya vamos cada vez más para atrás”.

El piso donde viven actualmente es una finca antigua que no está acondicionada, a pesar de que en diciembre de 2017, según ley, se tiene como límite para que todos los edificios residenciales cuenten con elevador. “En la comunidad se han negado a instalar el ascensor”, comenta con cierta desesperanza Luis que se lamenta de tener que cargar a diario las tres plantas con su suegra y con su hijo. “He trabajado en ambulancias y como asistente social, por lo que tengo adquirida la técnica para subir y bajar”, pero no es el caso de su mujer, “que lo pasa bastante mal”.  

En la casa donde habitan actualmente se la facilitó la empresa pública de vivienda a sus suegros, cuando el inmueble de éstos, con cuatro hijo –uno de ellos con síndrome de asperger- salió ardiendo. Con el fallecimiento del suegro a primeros de años, para poder cuidar a la viuda, se trasladaron a la casa actual con la esperanza de que fuera temporal, sin embargo, cuenta Luis que “se está prolongando en el tiempo el cambio de casa”.

El hándicap de ser honrado

Todo cambió cuando le aprobaron un proyecto y montó su propio negocio. “Por ser honrado y comunicarlo, me bajaron más puestos de la lista y no me dan el cambio de casa”, se desespera Luis, que cuenta cómo le han dado casa con “más rapidez” y “menos problemas” a otros vecinos. “En Cádiz nos conocemos todos”, reconoce mientras se lamenta de “no tener el valor suficiente para no darle una patada a una puerta y meterme de ocupa”.

Ya ha solicitado cita con la delegada de Vivienda y espera cuanto antes ser atendido. Tras el consejo de una clienta, el gaditano publicó su problema es Facebook y hasta la fecha cuenta con cientos de mensajes de ánimo. Espera que con la repercusión, alguien puede ofrecer una casa con tres dormitorios y realizar en la empresa pública el cambio, “para no tener tantos problemas a la hora de que mi niño pueda bajar a la calle a jugar”.  

Sobre el autor:

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Luis Rossi

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