El profesor José Jurado nos recordó en sus palabras iniciales cuál ha sido el objetivo del congreso: abordar la relación entre novela y vida desde una mirada caleidoscópica, desde distintos ámbitos. Aunque en el trabajo de Remedios Zafra hay una clara dimensión creativa, ha acudido al congreso para hablar como ensayista, precisó Jurado. Es profesora de la Universidad de Sevilla y de la UNED. Enseña antropología y escritura creativa. Piensa y escribe sobre ciberfeminismo y filosofía de la cultura digital. Ha impartido cursos y seminarios en numerosas universidades fuera de España. Y es autora ya de varios ensayos, la mayor parte galardonados. Cabe citar: “Netianas. N(h)hacer mujer en internet”; “Un cuarto propio conectado”; “(Ciber)espacio y (auto)gestión del yo”; “(hadas). Mujeres que crean, programan, prosumen, teclean”; “Ojos y Capital” y “El entusiasmo. Precariedad y trabajo creativo en la era digital”. También ha escrito narrativa y poesía.

La conferencia que impartió Remedios Zafra el jueves llevaba por título “Pensamiento y escritura: la reflexión narrada desde una misma”. Antes de entrar en materia, la escritora mostró su admiración ante el entusiasmo sincero por la cultura que ha percibido en torno al congreso, con las banderolas en la calle Larga, el numeroso público asistente a estas jornadas de literatura… Son tiempos extraños, señaló. La gente, como ha podido comprobar en la Bienal de Filosofía de Barcelona, quizás esté saturada de este mundo que va tan rápido. Por eso hoy necesitamos acercarnos a la literatura y el pensamiento. A Remedios le interesa, precisamente, que su creación tenga un “compromiso con la época”. Como decía Marcel Duchamp, el creador debe ser capaz de “habitar la dificultad de su época”. Para llevarlo a cabo, la escritora recurre tanto al ensayo tradicional, cerrado, como a un tipo de escritura más experimental y abierta, donde hay “espacios en blanco”.

Comenzó su reflexión a partir de un recuerdo personal: un niño ante una caja vacía, de la que desconoce su uso y contenido anterior, repite con angustia “¡se ha acabado, se ha acabado!”. El niño no vio una simple caja vacía, sino una estructura de consumo. La imagen representa “nuestra sociedad consumista e hiperproductiva, poco amiga de los espacios vacíos, imprescindibles para todo ejercicio reflexivo”. Este es su punto de partida: para mover las piezas del puzle necesitamos un hueco vacío que haga posible el desplazamiento.  Remedios Zafra quiere una escritura que “no repita mundos”. En una sociedad donde predomina el tener sobre el ser, la libertad creativa está en peligro. “El sujeto necesita casillas vacías para tomar conciencia de sí”. Necesitamos ese tiempo vacío, no productivo, para ser nosotros mismos y crear.

Remedios Zafra durante la ponencia en la F. Caballero Bonald. FOTO: MANU GARCÍA.

“Una mujer escribe y busca pensar críticamente su mundo.” Remedios ha encontrado su voz propia. Pensar desde una misma, aclara, implica hacerlo desde la materialidad, desde el cuerpo, desde la enfermedad, la casa, los libros… Pensar desde el cuerpo, desde la enfermedad de los sentidos, en este caso, favorece un repliegue sobre sí misma, sobre aquello que es interior, dice Remedios. Si el cuerpo enfermo ya no rinde al máximo, las expectativas hiperproductivas se relajan y dejan margen para otro tipo de estar en el mundo. La escritora nos explicó cómo la enfermedad deterioró su vista y su oído, y cómo asumió esa posición para pensar desde esas nuevas circunstancias vitales. “El conflicto se convierte, muchas veces, en potencia para la escritura”. Escribir desde una misma es escribir desde el compromiso con lo que ocurre en nuestro tiempo, dice Remedios. Y si el capitalismo insiste en que busquemos la diferencia que nos aísla, el pensamiento permite que accedamos a lo que no une, al nosotros.

La antropología le sirve a la autora para llegar a “una visión integral de lo real, no fragmentada”. Se trata de comprender la sociedad a través del relato biográfico y las historias de vida. Remedios introduce su intimidad, su posición biográfica, en la escritura, incluso en la de carácter académico. En este ámbito, el de la investigación universitaria, se manejan otras categorías. Se busca “conocimiento esterilizado”, para ello se huye del yo, de la subjetividad, de la perspectiva. Neutralidad, rigor, objetividad… Es necesario que el yo aparezca, con su parcialidad, para que contemplemos las lentes desde las que uno mira y escribe. Es la forma de contextualizar el pensamiento. Esta es una de las estrategias intelectuales del feminismo. “En mi obra el yo sale y entra, desde el ahora y desde mi historia íntima y pasada, conformando estratos en mi escritura.” En esa materialidad del yo Remedios incluye su biblioteca, sus primeros libros, conseguidos por su padre en las casas en las que hacía chapuces y, más tarde, en la sección de saldos de Galerías Preciados. Su primera biblioteca era desordenada, con tomos sueltos de colecciones o enciclopedias. Con su hermana pudo comprobar que no aparecían mujeres científicas, y ellas suponían que estaban en los tomos que faltaban… Así comenzó a pensar en transgredir las viejas categorías, esas que clasifican la realidad según un determinado criterio, arbitrario y situado. Porque los libros nos hacen pensar tanto por lo que contienen como por las ausencias... “La cultura se hace más con lo que se omite que con lo que emite.”

Remedios Zafra en la Fundación Caballero Bonald. FOTO: MANU GARCÍA.

Remedios Zafra desarrolla una escritura comprometida, feminista. El acceso de la mujer a la cultura y a la escritura se ha llevado a cabo desde un programa que vuelve a reforzar los roles establecidos.  “Desde el feminismo somos críticas con la escritura, no solo con lo que se cuenta sino también con el cómo se cuenta”. La experimentación formal permite desmontar la herencia recibida y poner en práctica “una voz que no esconde la subjetividad”. Se trata de localizar otros modelos, otras formas de ser que se salgan del discurso dominante y ocupen los espacios vacíos. También hay descubrir a quién no quieres parecerte. Nos cuenta que en su paso por Bellas Artes se encontró personas ajenas a todo impulso creativo. El aprendizaje por rechazo es muy importante. La creatividad no es una mera palabra, a veces está ausente donde la esperamos. Para Remedios fue crucial su contacto con el arte contemporáneo. Ahí descubre creadores que transgreden los límites de las disciplinas. En esos espacios existen nuevas formas de la sensibilidad y de la imaginación que posibilitan una “creación en los márgenes”. Itinerarios biográficos desordenados… La libertad creativa consiste en elegir formas de escritura no domesticada. Hay que habitar la desubicación “indisciplinar”. Escribir no puede consistir en “repetir mundo y contribuir a asentar determinados imaginarios”. El arte puede ayudarnos a desmontar los mundos diseñados, los mundos clasificados por líneas que consideramos naturales, pero que en realidad son modificables.

La habitación propia se ha convertido en un cuarto conectado a la red. Es un contexto nuevo, para la literatura y para el mundo laboral. Muchos escriben para muchos. La red está llena de voces propias. Las pantallas dan acceso tanto a la emancipación como al control y al ruido ensordecedor. Surgen nuevas formas de escritura, rápida, fugaz… Es rara la presencia de escrituras y lecturas profundas. Internet favorece la igualdad, hace posible que las mujeres, y cualquier grupo excluido, accedan al espacio público. “Lo personal es político”. La red permite tener voz propia a esas mujeres y compartir vivencias. Asistimos a una “exteriorización del uno mismo”. Pero hay un riesgo de mercantilizar esa intimidad. Se incentiva el mostrarse hacia afuera, no la introspección. Esa exteriorización es utilizada por el mercado para controlar, determinar y poner precio. “La revolución digital ha reducido al máximo la intimidad y la vida pública. Y ha creado una suerte de esfera público-privada en internet en la que se hipervisibiliza ese magma de publicaciones privadas, incentivado por el mercado”.

Remedios Zafra entre el público asistente en el XX Congreso de la F. Caballero Bonald. FOTO: MANU GARCÍA.

Vivimos en un mundo de apariencias, ajenos a la autenticidad. “Existe el riesgo de la impostura y de que vivamos encerrados en nuestras máscaras.” La red ha generado nuevas modalidades de explotación. En su libro “El entusiasmo” explica cómo se ha precarizado el ámbito de la cultura, que se aprovecha de ese afán por exhibirse, por promocionarse. Se asumen trabajos culturales con entusiasmo, aunque no haya casi compensación económica o haya que pagar por realizarlos. El capitalismo instrumentaliza el entusiasmo por la creación para explotarnos con nuestro consentimiento y alimentar la maquinaria productiva. Quieren pagar con capital simbólico, es decir, el creador tiene que estar agradecido por el reconocimiento y por la posibilidad de dedicarse a lo que le apasiona…

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