Pablo y Marina, dos hermanos con altas capacidades: "Él es el matemático y ella la creativa"

La madre cuenta cómo es el confinamiento en una casa con dos menores con un cociente intelectual superior a la media. Talentum ofrece una plataforma online con actividades para su "enriquecimiento"

Menores, en uno de los talleres impartidos por Talentum.
Menores, en uno de los talleres impartidos por Talentum.

Cuando apenas tenía cuatro años, Pablo fabricó su propia calculadora, “para no sumar ni restar”. Para él era más fácil eso que hacer los cálculos a mano. “Es la ley del mínimo esfuerzo”, cuenta su madre, Fátima, quien añade que luego perfeccionó su invento, añadiéndole la posibilidad de realizar divisiones y raíces cuadradas. Pablo tiene ahora doce años y está diagnosticado como un niño con Altas Capacidades Intelectuales (AACCII), concretamente, 130 de cociente intelectual, lo que se conoce como “superdotación”. Su hermana Marina, tres años menor, también parece que tiene altas capacidades, aunque aun no tiene diagnóstico oficial. Él es el matemático y el físico; ella, la creativa e imaginativa, le encanta dibujar.

Fátima y su marido siempre han sido “ratoncillos”, cuenta ella, les encanta leer. En su casa tienen libros “para dar y regalar” y han fomentado los buenos hábitos educativos entre sus hijos desde muy pequeños, pero nunca pensaron que serían diagnosticados como niños con altas capacidades. “No lo vi venir”, confiesa Fátima. Pablo, hasta los tres años, no empezó a hablar. Cuando se inició, lo hacía “hasta por los codos”. “Es algo muy común, que tarde”, dice ella, que no fue consciente de que su hijo era más inteligente que la media hasta que una profesora, cuando tenía cinco años, se lo comentó. “Para mí todos los niños son despiertos, curiosos, no me di cuenta”, señala.

Pero había algo más. “Estos niños tienen crisis existenciales desde pequeños”, relata Fátima, quien dice que su hijo, con cuatro años, lloraba porque temía que el Sol cayera sobre la Tierra y murieran todos. “La alta capacidad es diferente en niños y niñas”, expresa la madre de Pablo y Marina, quien cuenta que él es muy bueno en matemáticas, pero no tiene tan desarrollada la motricidad, y ella dibuja de maravilla, pero no se le dan bien las ciencias. Él tiene 130 de cociente intelectual, lo que se llama altas capacidades con talentos complejos, es bueno en matemáticas, lógica o memoria. Ella aún no tiene diagnóstico. Es la gran lucha de la familia ahora mismo. “Es un camino arduo”, dice Fátima, ya que al ser considerados niños o niñas con altas capacidades deben realizarle una adaptación curricular en el colegio. “Supone un trabajo extra para el orientador”, dice.

Pablo y Marina están en el curso que les corresponde por edad, pero no por capacidades intelectuales. “Decidimos no cambiarlos, él viene de otro colegio donde sufrió acoso escolar y su tutor actual es muy bueno, lo integró bien. La alta capacidad produce disincronía”, cuenta la madre de los menores, que no es otra cosa que la falta de sincronización entre el desarrollo intelectual y el social de los niños con altas capacidades. Pablo, cuando tenía diez años, tenía una capacidad matemática de un niño de 17 años.

“De Marina tenemos el diagnóstico de una psicóloga clínica”, señala su madre, a la que le detectaron desde muy pequeña que “dibujaba muy bien”. “Es más creativa, muy bohemia, hace unos dibujos con muchos matices, muy detallados. Retratos del padre o de su gata, no tiene una temática definida, pinta lo que se le ocurra”, relata Fátima, quien dice que la pequeña tiende a “esconder” sus capacidades. “Lo camufla, esa es la palabra”, para que la acepten socialmente, ya que se “relaciona más con niñas de su edad”. Pablo es diferente, lo suele hacer con niños unos años mayor que él. Al pequeño le encanta programar, sobre todo videojuegos, por lo que durante el confinamiento pasa las horas insertando códigos y más códigos.

Antes de decretarse el estado de alarma, Pablo y Marina acudían una vez en semana a las clases impartidas por Talentum, un programa de enriquecimiento extracurricular para jóvenes con altas capacidades que, ahora, ofrece esta formación online. De momento, los hermanos han empezado por el curso de latín, “para saber de dónde vienen muchas palabras”, dice la madre. “Hemos estado pensando en nuevas alternativas y decidimos crear esta plataforma online, que es pionera en España, para seguir atendiendo los conocimientos de estos niños”, cuenta Manuel Salvado, director de Talentum, en declaraciones a lavozdelsur.es.

Unas 300 familias de la provincia de Cádiz se benefician de las formaciones presenciales impartidas por Talentum, una actividad paralizada desde el inicio del confinamiento, que ha suplido con la atención telefónica a familias que lo requieran por parte del gabinete psicopedagógico. La plataforma online tiene cursos de cómic, fotografía, cocina o historia, juegos educativos como un escape room, o un par de actividades llamadas Laboratorio de curiosidades y ¡Música, Talentum!, a los que se pueden inscribir los niños y niñas con altas capacidades a los que se les hayan agotado las ideas durante el confinamiento. “Con esta iniciativa salvamos la limitación geográfica”, cuenta Salvado, quien relata que a la iniciativa, nacida en la provincia de Cádiz, se han sumado familias de todo el país.

“Durante el curso trabajamos con ellos la hipersensibilidad, la curiosidad infinita, la frustración o el acoso escolar”, cuenta el director de Talentum, una plataforma compuesta por un equipo multidisplicinar especializado en las altas capacidades intelectuales, que “pueden llevar al fracaso escolar si no se atienden bien”. Talentum tiene acuerdos con centros escolares de seis ciudades de la provincia, Jerez, Cádiz, Puerto Real, Chiclana, Sanlúcar y la Universidad de Cádiz. “Les aportamos enriquecimiento, porque necesitan más nivel del que están recibiendo en sus centros, les despertamos la motivación”, expresa Salvado.

Poco más de 34.000 alumnos de los 8,2 millones escolarizados en toda España son considerados como de altas capacidades, un 0,42% del total, según los últimos datos del Ministerio de Educación, correspondientes al curso 2017/18, por lo que la organización El Mundo del Superdotado estima que faltan por reconocer casi 130.000 estudiantes, que no reciben educación específica. “Corresponde a las Administraciones educativas adoptar las medidas necesarias para identificar al alumnado con altas capacidades intelectuales y valorar de forma temprana sus necesidades”, recoge la legislación española. Pero en la práctica no es así. Marina puede dar fe de ello.

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