El Gusto es Suyo

De peña de cazadores a 'top gastro' en Isla Cristina: la desconocida historia de El Gato y su morrillo de atún

Salvador Tierra Reyes tomó las riendas de un establecimiento que había iniciado su suegro en 1999 y acabó convirtiéndolo en su proyecto de vida, con el atún como eje

  • La cocina del Mesón El Gato, a pleno rendimiento. -

El Mesón El Gato, en Isla Cristina, en Huelva, tiene casi tres décadas de historia, aunque con dos etapas bien diferenciadas. Abrió sus puertas en 1999, funcionando como una peña de cazadores. Con el tiempo empezó a captar clientela y apareció la posibilidad de darle otra dimensión al negocio.

Salvador Tierra Reyes, actual propietario de este negocio familiar, recuerda que fue su suegro quien cogió el establecimiento poco antes del inicio de los 2000. Él trabajaba en otro restaurante cuando su suegro le propuso incorporarse para intentar aportar un punto más profesional al establecimiento.

Tierra no habla de sofisticación ni de grandes pretensiones. Lo suyo siempre ha sido más sencillo: atender, observar y conseguir que quien entre por la puerta se encuentre a gusto. Y vaya si lo consigue. Con sus platos y con su don de gentes. 

  • Plato de pulpo del Mesón El Gato.
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De ayudar a su suegro a quedarse con El Gato

Salvador Tierra permaneció trabajando junto a su suegro hasta 2008. Después emprendió otras etapas profesionales. Su suegro terminó jubilándose en 2011 y el Mesón El Gato estuvo cerrado durante más de un año.

El regreso no fue inmediato ni sencillo. Salvador estaba trabajando para otro hostelero de Isla Cristina cuando sufrió una importante reducción salarial, lo que terminó empujándolo hacia una decisión que llevaba tiempo rondándole la cabeza.

En ese momento fue fundamental el respaldo de su mujer. Ella, recuerda, le dejó claro que prefería apretarse el cinturón antes que verlo continuar en una situación laboral con la que no estaba conforme.

  • Coquinas con pulpo.
  •  

Y Salvador volvió al local de El Gato, situado en la calle Faneca. No faltaron quienes pusieron en duda que aquello pudiera salir adelante. Incluso recuerda a un antiguo jefe diciéndole que no sería capaz de "ganar un duro". La frase, lejos de frenarlo, provocó el efecto contrario.

"Por lo menos lo voy a intentar", pensó. Cogió un cuaderno y empezó a diseñar su propia carta, a pensar qué quería cocinar y de qué manera quería hacerlo. Meses más tarde, cuando comprobó que el negocio empezaba a funcionar, regresó a ver a aquella persona para recordarle aquella conversación.

  • Salvador Tierra Reyes, dueño del Mesón El Gato, con su hija Victoria.
  •  

El Gato, un nombre que pertenece a la familia

Cuando Salvador Tierra asumió definitivamente el negocio decidió mantener el nombre de El Gato, que no era una marca creada para el restaurante, sino un apodo vinculado a la familia de su mujer.

Según relata, el origen del sobrenombre se remonta a generaciones anteriores y a un apellido llegado desde Portugal que terminó perdiéndose formalmente con el paso del tiempo, aunque sobrevivió convertido en mote.

  • Detalle de la decoración del Mesón El Gato.
  •  

Para Salvador, mantener El Gato suponía conservar una parte de la historia familiar que había recibido junto al establecimiento. Y espera que quienes algún día continúen con el negocio también lo conserven.

Tres platos con los que empezó todo

La carta actual es mucho más extensa que aquella primigenia con la que Salvador Tierra comenzó su andadura al frente del mesón. Hoy cuenta que tiene cinco hojas, mientras que en los inicios apenas disponía de una.

Sin embargo, cuando tiene que escoger los platos que representan de verdad el sentir de su cocina, vuelve siempre a tres: las almejas con pulpo, los calamares al Pedro Ximénez y el morrillo de atún a la mezquita. Son, dice, los platos con los que comenzó a construir su propuesta gastronómica.

  • Un plato de pulpo, saliendo de cocina.
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Especialmente personal es su receta de morrillo de atún. Salvador explica que partió de algo que había aprendido anteriormente, pero acabó llevándolo a su terreno. Lo cocina al horno y posteriormente lo acompaña con una base de salmorejo y cebolla preparada con Pedro Ximénez.

La almeja con pulpo y los calamares al Pedro Ximénez completan esa especie de tríptico sentimental de los primeros años del Mesón El Gato.

"Autodidacta total"

Salvador Tierra se define sin demasiados rodeos: "Autodidacta total". Cuenta que trabaja desde los 11 años y que buena parte de lo que sabe lo ha aprendido mirando, probando, estudiando por su cuenta y repitiendo hasta conseguir el resultado que buscaba.

Si necesita elaborar algo que desconoce, asegura que se pone a estudiarlo hasta encontrar la manera de hacerlo suyo. Esa forma de aprender ha marcado tanto su cocina como su manera de gestionar el negocio.

  • Gambas con coquinas. 
  •  

También reconoce que detrás del restaurante ha estado siempre su familia. Su mujer acabó incorporándose cuando El Gato empezó a despegar. También le acompañan una hija, su hermana y su terno. Un negocio más familiar imposible.

Una obsesión: que el cliente disfrute

Si algo repite Salvador al hablar del Mesón El Gato es su preocupación por la atención al cliente. Que las mesas estén bien atendidas, que el servicio funcione y que quien reserve cumpla también con su parte.

Lo vive intensamente porque para este hostelero el restaurante no consiste solamente en sacar platos de la cocina. Salvador observa el comedor, habla con los clientes y asegura que disfruta cuando ve disfrutar a los demás.

Esa manera de entender la hostelería es la que ha acompañado al Mesón El Gato desde aquella pequeña barra detrás de la que cocinaba su suegro hasta el restaurante que dirige actualmente. Un negocio familiar cuyo crecimiento, para Salvador Tierra Reyes, se explica a base de aprendizaje, buen trato al cliente y muchas horas de trabajo.

El Mesón El Gato, en Isla Cristina, en Huelva, tiene casi tres décadas de historia, aunque con dos etapas bien diferenciadas. Abrió sus puertas en 1999, funcionando como una peña de cazadores. Con el tiempo empezó a captar clientela y apareció la posibilidad de darle otra dimensión al negocio.

Salvador Tierra Reyes, actual propietario de este negocio familiar, recuerda que fue su suegro quien cogió el establecimiento poco antes del inicio de los 2000. Él trabajaba en otro restaurante cuando su suegro le propuso incorporarse para intentar aportar un punto más profesional al establecimiento.

Tierra no habla de sofisticación ni de grandes pretensiones. Lo suyo siempre ha sido más sencillo: atender, observar y conseguir que quien entre por la puerta se encuentre a gusto. Y vaya si lo consigue. Con sus platos y con su don de gentes. 

  • Plato de pulpo del Mesón El Gato.
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De ayudar a su suegro a quedarse con El Gato

Salvador Tierra permaneció trabajando junto a su suegro hasta 2008. Después emprendió otras etapas profesionales. Su suegro terminó jubilándose en 2011 y el Mesón El Gato estuvo cerrado durante más de un año.

El regreso no fue inmediato ni sencillo. Salvador estaba trabajando para otro hostelero de Isla Cristina cuando sufrió una importante reducción salarial, lo que terminó empujándolo hacia una decisión que llevaba tiempo rondándole la cabeza.

En ese momento fue fundamental el respaldo de su mujer. Ella, recuerda, le dejó claro que prefería apretarse el cinturón antes que verlo continuar en una situación laboral con la que no estaba conforme.

  • Coquinas con pulpo.
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Y Salvador volvió al local de El Gato, situado en la calle Faneca. No faltaron quienes pusieron en duda que aquello pudiera salir adelante. Incluso recuerda a un antiguo jefe diciéndole que no sería capaz de "ganar un duro". La frase, lejos de frenarlo, provocó el efecto contrario.

"Por lo menos lo voy a intentar", pensó. Cogió un cuaderno y empezó a diseñar su propia carta, a pensar qué quería cocinar y de qué manera quería hacerlo. Meses más tarde, cuando comprobó que el negocio empezaba a funcionar, regresó a ver a aquella persona para recordarle aquella conversación.

  • Salvador Tierra Reyes, dueño del Mesón El Gato, con su hija Victoria.
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El Gato, un nombre que pertenece a la familia

Cuando Salvador Tierra asumió definitivamente el negocio decidió mantener el nombre de El Gato, que no era una marca creada para el restaurante, sino un apodo vinculado a la familia de su mujer.

Según relata, el origen del sobrenombre se remonta a generaciones anteriores y a un apellido llegado desde Portugal que terminó perdiéndose formalmente con el paso del tiempo, aunque sobrevivió convertido en mote.

  • Detalle de la decoración del Mesón El Gato.
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Para Salvador, mantener El Gato suponía conservar una parte de la historia familiar que había recibido junto al establecimiento. Y espera que quienes algún día continúen con el negocio también lo conserven.

Tres platos con los que empezó todo

La carta actual es mucho más extensa que aquella primigenia con la que Salvador Tierra comenzó su andadura al frente del mesón. Hoy cuenta que tiene cinco hojas, mientras que en los inicios apenas disponía de una.

Sin embargo, cuando tiene que escoger los platos que representan de verdad el sentir de su cocina, vuelve siempre a tres: las almejas con pulpo, los calamares al Pedro Ximénez y el morrillo de atún a la mezquita. Son, dice, los platos con los que comenzó a construir su propuesta gastronómica.

  • Un plato de pulpo, saliendo de cocina.
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Especialmente personal es su receta de morrillo de atún. Salvador explica que partió de algo que había aprendido anteriormente, pero acabó llevándolo a su terreno. Lo cocina al horno y posteriormente lo acompaña con una base de salmorejo y cebolla preparada con Pedro Ximénez.

La almeja con pulpo y los calamares al Pedro Ximénez completan esa especie de tríptico sentimental de los primeros años del Mesón El Gato.

"Autodidacta total"

Salvador Tierra se define sin demasiados rodeos: "Autodidacta total". Cuenta que trabaja desde los 11 años y que buena parte de lo que sabe lo ha aprendido mirando, probando, estudiando por su cuenta y repitiendo hasta conseguir el resultado que buscaba.

Si necesita elaborar algo que desconoce, asegura que se pone a estudiarlo hasta encontrar la manera de hacerlo suyo. Esa forma de aprender ha marcado tanto su cocina como su manera de gestionar el negocio.

  • Gambas con coquinas. 
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También reconoce que detrás del restaurante ha estado siempre su familia. Su mujer acabó incorporándose cuando El Gato empezó a despegar. También le acompañan una hija, su hermana y su terno. Un negocio más familiar imposible.

Una obsesión: que el cliente disfrute

Si algo repite Salvador al hablar del Mesón El Gato es su preocupación por la atención al cliente. Que las mesas estén bien atendidas, que el servicio funcione y que quien reserve cumpla también con su parte.

Lo vive intensamente porque para este hostelero el restaurante no consiste solamente en sacar platos de la cocina. Salvador observa el comedor, habla con los clientes y asegura que disfruta cuando ve disfrutar a los demás.

Esa manera de entender la hostelería es la que ha acompañado al Mesón El Gato desde aquella pequeña barra detrás de la que cocinaba su suegro hasta el restaurante que dirige actualmente. Un negocio familiar cuyo crecimiento, para Salvador Tierra Reyes, se explica a base de aprendizaje, buen trato al cliente y muchas horas de trabajo.

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