Ya llegó el verano, ya llegó la fruta

Ya está aquí la calor o el calor, o la caló o el caló, o la solanera o el lorenzo, o como nos salga del mismísimo cangrejo moro llamar a este tiempo

Una pareja pasea por la playa de Cortadura de Cádiz, en una imagen de archivo. FOTO: DIPUTACIÓN DE CÁDIZ
Una pareja pasea por la playa de Cortadura de Cádiz, en una imagen de archivo. FOTO: DIPUTACIÓN DE CÁDIZ

Ya está aquí la calor o el calor, o la caló o el caló, o la solanera o el lorenzo, o como nos salga del mismísimo cangrejo moro llamar a este tiempo de quitarse la rebequita, ponerse las bermudas y lanzarse desde la piera barco (ay, no, que te metes un pellejazo contra la arena; la nostalgia me puede)… Desde los madriles, y desde media España, la peña se viene a esta zona del sur con más ganas de agua salá que una mojarrita caletera, pero, mira tú por dónde, la mayoría prefiere instalarse en Conil o Zahara de los Atunes, que llevan años en la pasarela de la moda atlántica, y a la capital se acercan para tomarse una cervecita y a juí.

Cadi Cadi aún no se encuentra en el objetivo primero de la inmensa mayoría de los turistas nacionales, y os lo digo yo que cada verano hago pressing en Madrid para que los amigos que bajen no dejen de visitar la capital. La mayoría prefiere las ciudades citadas, o incluso Rota y Sanlúcar, pero dejan la capital (si llegan a venir) para una visita de ida y vuelta cuando los atractivos de Cádiz dan para más de una jornada, como así me lo confirman esos que me hacen caso y con los que ejerzo de guía hasta para bautizarlos en la laja o en la poza del puente caná.

Eso sí, también casi todos de los que se quedan una noche hacen hincapié en el poco ambiente nocturno, en lo pronto que cierran los bares, en el desierto en que se convierte la ciudad algunas noches veraniegas en horas en las que en la calle se está de categoría. Es complicado conciliar el ocio con los vecinos, no digo que no, pero o se busca un equilibrio o una parte de la ciudad se va al garete engañada con un espejismo similar al de los tesoros que dejan los cruceristas y que solo deben trincar unos pocos, porque otros muchos solo ven eso, el espejismo (hagan una encuesta si no por los negocios de más allá del muelle, San Juan de Dios o la catedral, paso habitual de este tipo de turistas).

Muchos gaditanos, y sobre todo un montón de gaditas de lapa en pecho, preferirán que los foráneos continúen petando otros lares y dejen a Cádiz pa el de Cai, pero esto, que no digo yo que no esté mal, tiene una contrapartida: de nuevo, como siempre, la escasez de trabajo. Si una ciudad como Cádiz no aprovecha el verano, apaga y vámonos. Hay mucho por hacer y, sobre todo, por el casco antiguo. Aplaudo iniciativas como el No Sin Música, pero no solo de esto debe vivir el verano, y, sobre todo, si bien se ha beneficiado a los bares de ciertas zonas (muelle, sobre todo, y depende, porque dentro también hay barras –desconozco cómo poder acceder a montar una), buena parte del centro se queda a oscuras. Por cierto, lo que sucede en verano con las actividades del muelle (el hecho de que la gente se quede allí) vaticina lo que podría ocurrir si se apuesta por una zona de hostelería en ese hipotético puerto integrado (zona de hostelería a la que me gustaría saber si podrían acceder empresas pequeñas de las muchas que hay por el centro).

Si todas las actividades se concentran en el puerto, la catedral o alrededores del casco (Santa Catalina, parque Genovés…), muchas calles del centro, ya de por sí difíciles, apenas reciben visitas. Algunas, las de siempre, como Sagasta en gran parte, no suelen tenerse en cuenta en la decoración navideña, pero tampoco en la de carnaval, a pesar de que algunas de ellas son muy queridas en estas fiestas, aunque esto se deba en gran medida a la espontaneidad de las callejeras. Hay que darle una vueltecita a calles como Rosa, Sagasta, Sacramento, la plaza de las Viudas, las cercanas a la Alameda, con esa plaza de la Oca donde antaño se organizaba la ostionada, y otras muchas en las que los comercios perecen o resisten a duras penas, porque, entre otras cosas, al gaditano le cuesta dar dos pasos más allá de Ancha, Columela, Compañía o la plaza de San Francisco.

Se le cae a uno el alma a los pies al ver decenas de locales cerrados, aunque los motivos de que se chapen para siempre son variados, entre ellos los alquileres abusivos o la propia desidia de los empresarios, porque estos también han de hacer autocrítica, emperrados muchas veces en estar más pendientes del local de al lado que de ofrecer un mejor servicio o de crear colaboraciones entre negocios. Todo esto daría para un debate calentito.

La fiesta veraniega, como es lógico, se ha de servir de las zonas amplias, no cabe duda, pero se podría pensar en darle vida a todo el centro, con la ayuda del Ayuntamiento, del Centro Comercial Abierto, de los propios negocios, y de quien sea que pueda / quiera apostar por ello. No sé la manera, pero de cara al futuro habría que sentarse a pensar. Hace poco caminaba admirado por DecorAcción, el mercadillo del interiorismo y la decoración del barrio de Las Letras de Madrid. Durante cuatro días se cortó al tráfico en buena parte de la zona y se dejó a los negocios salir a la calle y adornar sus fachadas como cada uno quisiera. En Lavapiés se lleva organizando desde hace años el Tapapiés, con música y tapas por los rincones más insospechados del barrio, ya sean calles pequeñas o plazoletas.

¿No se puede hacer algo así en Cádiz? ¿No podríamos dejar durante unos días, con cierta organización, que los grupos cantasen en distintas zonas, o que incluso los de teatro tomen las calles para ofrecer sus trabajos, y que los negocios dejen de mirarse el ombligo y participen sin cortapisas? No sé, pero hay que hacer algo para que buena parte del centro no continúe muriendo, en invierno y en verano, y que las buenas palabras no se las lleve el viento, y que las acciones cacareadas por ciertas entidades no se queden en nada por mor de unos cuantos que parten y deciden sin tener en cuenta ni los esfuerzos de unos ni las opiniones de otros (algún día explicaré mucho mejor este último punto). Esta ciudad tiene dos grandes bazas: el carnaval, y en el de este 2018 ya se produjeron hechos bastante discutibles, y el verano, y ambas deben dar de comer a todos. Y digo a todos. No solo a unos cuantos.

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