Opinión

¿Y Susana Díaz cuándo dimite?

El día que se anunció la llegada de los bárbaros la gente seguía en sus quehaceres como si nada pasase, solo las mujeres sentían una inquietud manifiesta difícil de describir, tal vez entre la indignación y la desazón, que alimentaba un estado de alerta. El contenido de las primeras noticias que llegaban de la capital del reino borbónico activó la alerta feminista. Lejos de los campamento de los generales que sitiaban Andalucía, allí donde el mando se concentra, voces enaltecidas indicaban que ellas, las mujeres, serían las primeras en pagar la arrogancia de sentirse libres dentro de un pueblo, el andaluz, que había dado muestras evidentes de olvidar su historia un luminoso, en lo meteorológico, domingo de diciembre.

Hoy los bárbaros están a las puertas de la Alhambra, de las murallas de Cádiz, rodean la judería y la Mezquita de Córdoba, sitian las Alcazabas de Almería y Málaga, ocupan las viejas estancias del Castillo de Santa Catalina en Jaén, irrumpen en Huelva pisoteando Doñana, miran con codicia y desprecio los tesoros y el agua de Sevilla y se disponen a tomar desde los barrios de los ricos en los que estaban asentados llevando una buena vida, todos los barrios populares de Andalucía para recordarnos que debemos volver a ser desde ya un pueblo sometido a intereses ideológicos y económicos ajenos a los de la mayoría de las gentes que aquí vivimos. Hablan de reconquista y sabemos que cuando ese término se impone es en realidad un retroceso civilizatorio en la tierra que fue cuna del primer renacimiento europeo antes de que ellos llegaran, sin el cual Europa hoy no sería la misma. Cuando llegan los bárbaros, como entonces, traen la traición y el oscurantismo.

Dicen los bárbaros que traen la buena moral, pero atacan a los débiles, a los que carecen de derecho alguno o de la posibilidad real de ejercerlo. Se dicen los bárbaros amigos de cazadores y toreros, pero desprecian los derechos humanos, la vida animal, la naturaleza y el paisaje. No han tardado en avisar que en las próximas semanas o meses los señores del lugar, aquí llamados señoritos, no tendrán que pagar impuestos cuando sus vástagos hereden su patrimonio millonario logrado con escaso trabajo y mucha explotación, prebendas y hasta cosas peores. Prometen que todo irá mejor, mejor para ellos y para sus amigos ricos de afuera. Lo sabemos por que han ejercido la barbarie otras veces y nunca su ejercicio hizo crecer la felicidad de la gente, sino al contrario.

Los bárbaros de ahora no tienen aspecto de milicia, visten buenos abrigos, trajes caros, camisas recién planchadas con trabajo precario o esclavo y corbatas elegidas en un arsenal de complementos de marca. Se les distingue, más allá de su atuendo reconocible porque parecen señoritos andaluces con piso en La Castellana y por llevar pulserita visible con la bandera de España como galón simbólico de pertenecer a la clase ociosa propietaria y especuladora.

Conviene preguntarse primero ¿por qué los bárbaros se van a convertir democráticamente en reyes de Andalucía?

Los tres batallones de bárbaros han firmado un programa de gobierno para repartirse los sillones en un proceso por el que han convertido Andalucía en un protectorado de la corte colonial. Una parte de los bárbaros, la más avezada en la retórica del engaño, ha redactado el programa de gobierno que van a compartir las tres partes con intención ambigua  para intentar ocultar sus verdaderas intenciones. Pero les ha sido imposible esconder la aviesidad. Todo lo que tenga que ver con los derechos de las mayorías sociales y que sea competencia andaluza quedará en los absolutos huesos, y de eso que será lo malo tendrá la culpa Sánchez y Podemos. Todo lo que tenga que ver con privilegios, escondidos en la palabra libertad, de las clases más pudientes, engordará la panza de los dueños de la educación privada (religiosa), sanidad privada y capitalistas lejanos con empresas prestadoras de servicios públicos que deterioran su calidad y precarizan el empleo. Todo lo que tenga que ver con el campo será una entrega colonial al capital extranjero o acumulado en pocas manos, todo lo que tenga que ver con el medio ambiente será objeto de mercado. Pero lo peor del programa de los bárbaros es lo que no está escrito, la agenda ideológica oculta que pretende instaurar en Andalucía la enfermedad del Alzheimer.

Conviene preguntarse primero ¿por qué los bárbaros se van a convertir democráticamente en reyes de Andalucía? La obra de la Sra. Susana Díaz, ya ex presidenta de facto de la Junta de Andalucía, ha quedado culminada. Ella es la que ha entregado Andalucía a la barbarie. Quiso parar al “populismo” para satisfacer los intereses de sus amistades del IBEX35 y le abrió la puerta a los tres batallones de la barbarie. Ella, que es artífice de frases berlanguianas memorables que, sin ápice de ironía, bien podía haberlas pronunciado Francisco Franco salido de la tumba, como aquella de “no hay nada más andaluz que un guardia civil” pronunciada en el marco de un “a por ellos” que ha resultado ser un “a por nosotras”, es la principal culpable visible del retroceso reaccionario que va a sufrir Andalucía en los próximos años.

Hoy tenemos, las y los andaluces, lo que no nos merecemos. Lo que dice toda la prensa europea democrática respecto del pacto de la vergüenza que protagoniza Vox, la puerta abierta a la ultraderecha de raíz franquista. ¿No es entonces que la siguiente pregunta que debemos hacernos es, y Susana Díaz cuándo dimite? Urge, porque vienen procesos electorales y las y los demócratas andaluces debemos disponernos a actuar sin traiciones contra la barbarie.

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