Desde mi trastero

Voces de muerte sonaron…

Hace ya algunos días que los versos de Lorca en su Muerte de Antoñito el Camborio vienen a mi mente una y otra vez de manera inconsciente, como sin saber porqué, y en especial esa estrofa que dice: “Cuando las estrellas clavan rejones al agua gris, cuando los erales sueñan verónicas de alhelí, voces de muerte sonaron cerca del Guadalquivir…”.

Tengo que reconocer que, cuando estas cosas me ocurren, intento siempre encontrar la razón última de la sinrazón que me provoca esas inquietudes sin explicación aparente, pero a las que termino encontrando casi siempre alguna que otra motivación. Y en este caso, no tardó mucho en aparecer esa verdad oculta que azuzaba mis remembranzas lorquianas.

Viajaba en estos días Juanma Moreno a Portugal acompañado de su fiel escudero Bendondo quien, antes de calzarse sus deportivas y enfundarse el chándal del día de Reyes para afrontar su ruta lisboeta, había hecho público su particular barómetro de voto andaluz para bien de la salud mental de Marín y tranquilidad viajera de su jefe. Pero mientras Moreno daba cuenta del magnífico bacalao dourado y Bendondo quemaba rueda por las calles de Lisbosa, las aguas del Guadalquivir comenzaban a agitarse presagiando teñirse de rojo, por otro lado el color preferido del socialismo andaluz en sus lejanas luchas fratricidas.

En Madrid, Sánchez, como era de esperar, había conseguido su investidura y anunciaba ministros y ministras con la cadencia de la gota malaya por mucho que Iglesias hubiera pretendido una ciclogénesis desde el minuto cero del nuevo tiempo. El nuevo presidente del Gobierno caminaba de nuevo sin prisa pero también sin pausa y se tomaba su tiempo para ver cómo le hacía a Iglesias un Florito, ese magistral conductor de bueyes de Las Ventas especializado en rodear con sus animales amaestrados al toro bravo para devolverlo al corral, y a fe que lo consiguió.

Y es aquí donde los versos de Lorca que asediaban mis neuronas empezaban a cobrar sentido, es en ese escenario temporal y político, cuando las voces de muerte empezaron a sonar cerca del Guadalquivir ya desde su nacimiento en las tierras altas de Jaén. En esos días el nombre de Felipe Sicilia, socialista jiennense que dio sus primeros pasos en una ejecutiva regional, con Susana Díaz de madrina, para terminar siendo destacado miembro de la actual dirección del grupo socialista en el Congreso, saltó a los mentideros mediáticos como anteproyecto de alternativa. En pocas horas Juan Espadas, magnífico gestor donde los haya, mostró su predisposición a escuchar, sin más dilación, la voz de los compañeros y compañeras que, hasta el momento, sufrían desde años atrás una afonía crónica. Y con la rapidez del rayo que no cesa, Susana, que de todo esto sabe un rato, convocó a los medios de manera inusual, por lo infrecuente, para anunciar lo que todo el mundo conocía, que ella no cree en las profecías lorquianas, que no siente ningún aprecio por la figura de Antoñito el Camborio y que las voces que se han escuchado cerca del Guadalquivir son las de los cargadores que preparan la Semana Santa.

Yo, que algo conozco de la cofradía, voy a dejar un tiempo a Lorca y voy a recuperar a Hemingway y su Por quién doblan las campanas, porque me parece mejor fuente de inspiración para continuar escribiendo las próximas semanas, que como dijo el clásico: “Tempus fugit”.

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