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Viticultores y cooperativistas juntos: una oportunidad

Algo se mueve en el Marco de Jerez. Viticultores independientes y cooperativistas (75% del viñedo) buscan alianzas que devuelvan rentabilidad a sus explotaciones pese al complicado horizonte de esta campaña, en la que otra vez se prevén fuertes excedentes

Los viticultores independientes del Marco de Jerez, mayoritariamente agrupados en Asevi-Asaja, profundizan en su acercamiento al cooperativismo como manera de defender sus intereses –los intereses comunes- y conseguir que en los próximos años se produzca un incremento en el precio de la uva. Hace ya algunos meses que se vieron los primeros pasos de ese acercamiento en el sector, con el ingreso, por ejemplo, de varias decenas de viticultores independientes en la cooperativa Nuestra Señora de las Angustias como refugio ante la actual coyuntura. Ahora, Asevi-Asaja ha iniciado la búsqueda de algún tipo de alianza con las siete cooperativas del Marco de Jerez y con Dcoop, la principal cooperativa agroalimentaria existente en España, que ya cuenta entre sus asociados con Virgen de Palomares, una de las dos cooperativas vitivinícolas de Trebujena.

Estos viticultores –independientes y cooperativistas- estiman que ha llegado el momento de alcanzar algún tipo de unión y pasar a la acción para conseguir un aumento en los márgenes con los que trabajan –hay que recordar que el precio de media que se está pagando en Jerez por el kilo de uva es de 36 céntimos- y hacer valer que entre todos suman aproximadamente el 75% del viñedo registrado en el Marco, frente al 25% que correspondería a las bodegas. Cómo va a cristalizar esa alianza es por ahora una incógnita, ya que, a efectos prácticos, se quiere evitar cualquier problema con la Comisión Nacional de la Competencia (CNC), siempre vigilante con lo que ocurre en Jerez debido a la afición a ‘hablar’ de alguno de sus propios actores (en otras denominaciones de origen (DO) se habla del precio oficial de la uva –aunque no lo sea y no pase de oficioso u orientativo- y de otros ‘acuerdos sectoriales’ con absoluta libertad).

Una central de ventas, la constitución de una sociedad o incluso una cooperativa de segundo grado (de nuevo) son las posibilidades que han quedado sobre la mesa tras los encuentros que se vienen sucediendo entre viticultores independientes y cooperativistas, entre sí y con Dcoop, de los que la principal conclusión que se puede extraer es que el ‘subsector’ productor asume que tiene un grave problema de rentabilidad, que ese problema es suyo y nadie va a venir a solucionárselo (como ya había podido comprobar a lo largo del último quinquenio). Incluso muestran su disposición a que su alianza vaya más allá de los asuntos económicos y se amplíe a todos los temas de política sectorial.

Por parte de las bodegas, el mensaje de que los viticultores están dispuestos a organizarse para buscar soluciones a su problema de rentabilidad, ha sido en general bien acogido, aunque pudiera parecer un tanto chocante. En primer lugar porque las bodegas esperan que cesen o al menos se aminoren las críticas recurrentes que reciben desde hace años por el precio que pagan por la uva. Al respecto, hay bodegas que se limitan a encogerse de hombros y hacen referencia a la oferta y la demanda que rigen sus relaciones con los productores (igual que con el resto de sus proveedores), aunque hay distintas voces que van más allá –entre otras la de Evaristo Babé, presidente de Fedejerez, en un artículo publicado en Diario de Jerez poco antes del encuentro de los viticultores con Dcoop- y ponen sobre la mesa el perjuicio que para el conjunto del sector causan determinadas declaraciones catastrofistas sobre la viña en un mundo global, complejo e interrelacionado.

Con este panorama, se espera que vengan a reforzar el debate abierto en el sector para que el alcohol vínico y todo el líquido embotellado sea 100% Jerez

Lo cierto es que las bodegas tienen muy claro que deben ser los propios viticultores los que solucionen sus problemas (si acaso con la ayuda de la Administración autonómica) y, con todas las reservas, algunas piensan que este paso incipiente va en la buena dirección. Como síntoma de que es así, en estas líneas se puede avanzar que varios viticultores independientes han recibido ya ofertas de “tres o cuatro pesetas más” por la uva para la campaña que viene, más un gesto que otra cosa…

Pero es que esa ‘otra cosa’ se antoja muy complicada, para qué vamos a engañarnos, ya que con los datos sectoriales actuales en la mano estamos hablando de que la campaña recién comenzada (de septiembre a agosto) puede tener del orden de 20.000 botas excedentarias, una auténtica barbaridad que, claro está, condiciona sobremanera cualquier despegue en los precios para los viticultores. Las necesidades del Marco para vino de Jerez, vinagre, blancos, envinado de botas para espirituosos (los ‘sherry casks’… por cierto, un síntoma del prestigio que tiene Jerez y que a veces no se valora lo suficiente desde dentro) y otros productos ronda las 100.000 botas actualmente…

Vinoble 2018, en una imagen de MANU GARCÍA.

Este es el panorama. El sector productor, harto del bajo rendimiento de la viña da los primeros pasos para su unión y pretende buscar soluciones en un momento, queda dicho, muy difícil a corto plazo. En situaciones similares, otras campañas las cooperativas han descalificado y elaborado mostos concentrados que han vendido tanto a las bodegas del Marco, para los tipos de Jerez que lo necesitan, como fuera, ya que este tipo de mostos son susceptibles de ser ingredientes en la elaboración de muchas bebidas con y sin alcohol. Tal vez en esta ocasión, ante la gravedad de los números y la evolución de tendencia que se está produciendo precisamente a favor del origen, de la vuelta a la tierra, los productores deberían sopesar añadir a su agenda sectorial de manera definitiva el tema de la elaboración en origen del alcohol vínico.

Parece un sinsentido que el Marco de Jerez tenga excedentes y las bodegas compren alcohol de fuera para el encabezamiento de sus vinos (en esta ocasión no vamos a hablar del brandy de Jerez: en este espacio ya hemos expresado otras veces lo que supondría para el viñedo del Marco que esta Denominación Específica se convirtiera en D.O. y el vino a destilar para cubrir sus necesidades partiera de uva de la comarca) y a veces también los concentrados, desperdiciándose así la oportunidad de que el máximo valor añadido y el consiguiente empleo se quede en la comarca. Se trataría, en definitiva, de que los productores se sumaran de forma activa a la corriente que viene propugnando que el 100 por 100 del líquido que van en una botella de Jerez se produzca en Jerez, tanto por una cuestión de prestigio como –en este caso también- de rentabilidad.

Una idea en consonancia con ‘la vuelta al origen’ por la que claman distintas voces del Marco desde hace años y que puede encontrar aquí unos inesperados aliados si se da una redistribución de los equilibrios actuales sobre los que se basa el Marco de Jerez. De ahondar el sector en esta línea, a medio plazo habría que plantearse contar con una destilería, un tema en el que poco o nada se ha avanzado desde que este tema se puso sobre la mesa hace ya casi tres años, cuando comenzaron los primeros contactos sobre la Iniciativa Territorial Integrada (ITI). Hay que recordar que dirigentes de Asevi se han pronunciado al menos en un par de ocasiones a favor de esta idea, incluso apuntando hacia alguna cooperativa para que encabezara esta iniciativa. Sobre la ITI propiamente… sobre la ITI el sentimiento general en el sector es que se ha dejado pasar (de nuevo) una oportunidad, con un dinero que se ha ido en inversiones relacionadas con el enoturismo que se consideran tangenciales o directamente superfluas…

Rentabilidad de la viña, unidad en los temas de ‘política sectorial’… pero los viticultores no han citado aún una palabra que parece clave para su futuro: planificación. En el sector hay fuentes que afirman que la planificación, una planificación global, una planificación que contemple y atienda las necesidad de producto de forma diversificada, sería fundamental para que los viticultores obtuvieran una mayor rentabilidad. Vino de Jerez (incluso diferenciando Jerez y Manzanilla en un programa de máximos), vinagre, blancos, ‘sherry casks’, productos secundarios y, a futuros, alcohol vínico, atendidos todos con previsión, de manera singular y pormenorizada. Incluso, como quiera que Jerez-Xérès-Sherry y Manzanilla-Sanlúcar de Barrameda, por su localización, suele ser la principal D.O. europea en comenzar la vendimia, podría ser una importante significación a nivel mundial para el conjunto del Marco de Jerez que se alcanzara dicha planificación como una nueva seña de identidad…

Bien, las ideas están sobre la mesa y las dificultades son enormes, pero el reto no puede ser más emocionante.

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