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Vinos ‘jondos’, flamenco gran reserva

La cata-concierto 'De tal palo, tal jerez' se convierte, de la mano de Josep Roca y Diego del Morao, en uno de los platos estrella de la Copa Jerez 2017, armonía total entre, por ejemplo, el fino en rama por alegrías o las soleares al palo cortado.

La cata-concierto ‘De tal palo, tal jerez’ se convierte, de la mano de Josep Roca y Diego del Morao, en uno de los platos estrella de la Copa Jerez 2017, armonía total entre, por ejemplo, el fino en rama por alegrías o las soleares al palo cortado.

Manzanilla del medio de la Arboledilla Solear de Barbadillo por alegrías; fino en rama de Maestro Sierra por bulerías; fandangos al amontillado de la solera fundacional de Bodegas Alonso; amontillado ‘Partida Arroyo’ de la solera prefundacional de González Byass por seguiriya en ré; soleares añejas al palo cortado reserva de familia de Gutiérrez Colosía… Así, hasta diez combinaciones posibles. Siglos de historia y tradición. Música que se huele y paladea, vinos que se tocan y resuenan. Diez perfectos maridajes entre unos jereces únicos en su especie y diferentes estilos y compases de un género musical patrimonio inmaterial de la Humanidad. “Puede que no haya tanto palo de flamenco para tanto palo de jerez”, asegura Josep Pitu Roca, copropietario y sumiller de El Celler de Can Roca, uno de los mejores restaurantes del mundo y poseedor de unas 200 referencias de jerez de un total de más de 3.000.

Dueño de una paleta casi ilimitada de colores de “un vino con duende y único en el mundo”, el catalán es el maestro de ceremonias en la cata De tal palo, tal jerez, uno de los platos estrella de la última edición de la Copa Jerez. Un foro enogastronómico y una competición donde chefs y sumilleres de siete de los mejores restaurantes del planeta han buscado en los últimos días la total armonía entre la alta cocina y los vinos generosos del Marco. Al otro lado del escenario, decorado por una escenografía del siglo XIII en forma de claustros de un convento de dominicos, los focos iluminan a Diego del Morao, continuador de una saga mítica de tocaores y capaz de transportar el sabor del jerez a diferentes palos flamencos. Eso sí, especifica, “en Jerez vivimos por bulerías”.

En sus manos, La Maestro, la última guitarra diseñada para Paco de Lucía que el genio de Algeciras no llegó a tocar antes de morir. En su lugar, el proyecto La guitarra vuela la hizo recorrer 34.000 kilómetros y nueve países para ser pulsada por artistas como Caetano Veloso, Alejandro Sanz, Tomatito, Carlinhos Brown… y el propio Diego del Morao. El creativo Jorge Martínez, que junto con el productor Javier Limón fraguó la idea, ha logrado que la sonanta regrese a Jerez, “cuna de un arte al que Paco representó con orgullo; y con cada acorde, con cada copa, recordamos que hay artistas cuyo legado traspasa fronteras”.
El patio de naranjos de Los Claustros se divisa abarrotado de público. No es una cata al uso. Pitu Roca, criado junto a sus hermanos Joan y Jordi entre vinos finos y el flamenco de los charnegos, describe con metáforas imposibles cada uno de los vinos a los que les suceden los estilos flamencos. Diego del Morao apunta un poco verbalmente y ejecuta la idea guitarra en ristre, recordando muchas de las falsetas de su padre Manuel. Nos lleva por los Puertos, Lebrija y Santiago, uno de los arrabales señeros de su tierra natal. Roca habla de aprovechar el boom de la gastronomía para revitalizar el tesoro impresionante del jerez. “Hay que volver a la viña, a todas las variedades de uva, a esos suelos, que deben hacer crecer al jerez desde la calidad, mirando alto, con orgullo arriba, luchando por llegar al vértica de la pirámide desde la base”.

El proyector exhibe aquella firma de Paco de Lucía cuando visitó González Byass en los 70. “¿Por qué no me dejáis vivir aquí?”, cuestionaba retórico el maestro. Esa parece ser la invitación que hace en esta noche calurosa de junio esta ceremonia del buen gusto y mejor oído. Mientras sus protagonistas narran el recibimiento que tuvieron en cada una de las bodegas que constituyeron el recorrido para conformar esta propuesta de cata-concierto —y que refleja el fotoperiodista y premio World Press Photo 2012 Samuel Aranda—, reinterpretan estilos flamencos que hacían agitar las copas para despertar aromas intensificados por el paso del tiempo. Hora y media con jerez en la boca, con flamenco en la cabeza. 90 minutos con vinos jondos y flamenco gran reserva.

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