CulturaCrónicas con solera

Vikingos en el valle del Guadalquivir

Así llegaron a nuestras tierras: La primera ciudad musulmana saqueada de la península fue Lisboa y luego llegaron a Cádiz y de ahí a la cora de Sidonia donde se libró una gran batalla el 5 de septiembre de ese mismo año. 

Así llegaron a nuestras tierras: La primera ciudad musulmana saqueada de la península fue Lisboa y luego llegaron a Cádiz y de ahí a la cora de Sidonia donde se libró una gran batalla el 5 de septiembre de ese mismo año.

Los historiadores suelen situar el inicio de la era vikinga en junio del año 793, momento en el que tiene lugar el saqueo del monasterio de Lindisfarne en la costa este de Inglaterra, emplazado en aquellos tiempos en el reino sajón de Northumbria. Este hito marca el inicio de un conjunto de saqueos relámpago, realizados durante los veranos, que no son sino el principio de un período que duraría alrededor de 300 años. Sus incursiones, cada vez más violentas, alcanzan, por solo citar algunos puntos, a todos los territorios de las actuales islas británicas, Irlanda y la costa occidental de Francia.

Se ha querido explicar este fenómeno de diferentes formas. Por un lado se sitúan las explicaciones con un carácter más materialista, que nos dicen, por ejemplo, que al cambiar el clima la población escandinava aumentó y, que por ello, muchos tuvieron que hacerse a la mar por escasez de tierra y, por ende, de alimentos.  Por otra parte, otra corriente defiende que los vikingos conformaban un pueblo temerario y ávido de riquezas y aventuras, razón que propiciaría su expansión. Hoy día se tiende a compaginar ambas visiones si bien no hay acuerdo historiográfico. Pero, ¿cómo afecta esto a nuestra región?

En la historia todo suceso se encuentra interconectado; mientras en el norte de Europa los vikingos se hacían a la mar, en la Península Ibérica el Emirato Independiente asentaba su poder. Sólo era cuestión de tiempo que ambas culturas se encontraran. Al principio las relaciones entre los musulmanes peninsulares y los vikingos fueron muy amistosas y estuvieron marcadas por el comercio; una muestra de ello es el hecho de que en el año 821 Abderramán II enviara un embajador al norte para parlamentar con estos, buscando incentivar las luchas entre los vikingos y los francos. A pesar de ello, tras los saqueos en las costas de la Europa Occidental, los saqueadores se dirigieron hacia el sur del continente en sus barcos. En el año 844 una escuadra salió del río Garona, saqueando las costas de Gijón y se enfrentó al rey Ramiro I de Asturias en Galicia aunque este les obligó a retirarse de la región tras derrotarlos. Fracasada esta tentativa pusieron rumbo al mediodía para luchar contra los musulmanes.

Según nos cuentan las crónicas, la primera ciudad musulmana saqueada de la península fue Lisboa y permanecieron en ella trece días. Los madjus –nombre con el que los musulmanes se referían a los paganos– fueron luego a Cádiz y de ahí a la cora de Sidonia donde se libró una gran batalla el 5 de septiembre de ese mismo año. A este respecto, cabe recordar que la cora era la demarcación administrativa en los tiempos del Emirato. Sus victorias los llevaron hasta Sevilla con 80 barcos y el 14 de octubre entraron en la ciudad, permaneciendo en ella –según los textos– entre siete y trece días. Abderramán II envió tropas contra ellos y los obligó a retirarse a Niebla. En este punto las crónicas tienden a tornarse más confusas y contradictorias pero parece que, en su retirada final, saquearon de nuevo la cora de Sidonia hasta abandonar la región tras sufrir grandes pérdidas. Durante estos ataques y retiradas saquearon lugares como Caura –la actual Coria– y Carmona. Los vikingos regresarían a la región años más tarde, sobre el 851, pero centraron su atención en Algeciras y Sevilla. Algo que no nos resulta extraño ya que en aquellos tiempos Algeciras –como muestra de su prosperidad– formaba una cora propia y, entre esta y la de Sidonia, demarcaban prácticamente la actual provincia de Cádiz.

En esta línea y según recientes estudios arqueológicos, podemos decir que nuestra ciudad debe buscar su origen urbano en este período. De esta manera, autores como Borrego Soto nos plantean que Jerez (Sharish) aparece como un espacio urbano en la susodicha cora de Sidonia, creada en el año 743. Su prosperidad hará que acabe tomando la delantera hasta terminar siendo la ciudad más importante de la región. Medina Sidonia, que habría contado con la preeminencia hasta la fecha, perdería parte de su importancia tras la invasión islámica en detrimento de esta por espacios en los que el comercio y las comunicaciones fueran más fluidos. Esto despertará el interés por el Guadalete y, por ello, durante el s. VIII d.C. se reocuparía la antigua Sierra de San Cristóbal, en la desembocadura del río. Jerez, por su situación geográfica, prosperará hasta llegar a ser la ciudad más importante de su cora a mediados del s. IX, alcanzando la capitalidad de la región a partir del siglo X.

Los Madjus llegaron con cerca de ochenta bajeles; cubrióse el mar de pájaros de color de sangre, llenáronse los corazones de los hombres de temores y angustias. Después de desembarcar en Lisboa pasaron a Cádiz, de allí a la provincia de Sidonia, y, por último, a Sevilla. Sitiaron y tomaron a viva fuerza esta ciudad, sometieron a sus habitantes a los rudos dolores de la cautividad y de la muerte, y durante los siete días de su permanencia apuró el pueblo el cáliz de la amargura. (Extracto de la obra Dorar al-Calayid según el arabista R. Dozy).

Las invasiones vikingas son, por tanto, un hito que marca un cambio en la región y vemos en este proceso una evolución de la estructura urbana. Algunos autores hablan, con cierta reticencia, de que hubo movimientos de población tras estos saqueos en nuestra zona pero, ¿fue tan importante el asalto de los vikingos a nuestra cora? Nosotros creemos que fue un fenómeno que aceleró una tendencia que ya se venía observando y que, además, resulta muy útil para marcar el comienzo de la preeminencia de Jerez en la región. Las crónicas, por otro lado, nos plantean que en el año 846 hubo una importante sequía en todo Al-Ándalus y que Abderramán II abrió el tesoro real y otorgó a ciertas ciudades parte de él para paliar la situación. Parece ser que Jerez se benefició en gran medida de estas ayudas y que ello la convirtió en un destino atractivo para muchas personas de la región que decidieron asentarse allí.

Más allá de estos ataques y saqueos no vemos, en definitiva, mayor trascendencia de los vikingos pero, al mismo tiempo, resulta fascinante observar cómo a través de las crónicas árabes -la mayoría de tiempo posterior- estos sucesos son recordados con sumo interés. Este hecho nos da testimonio de que la huella de los vikingos permaneció durante mucho tiempo en nuestra zona.

Bibliografía:

Borrego Soto, Miguel Ángel (2014). Epigrafía Andalusí. Inscripciones árabes de Jerez de la Frontera. Peripecias Libros.

Cohat, Yves (1989). Los vikingos, reyes de los mares. Aguilar Universal.

Dozy, Reinhart (1987). Los vikingos en España. Polifemo.

Repetto Betes (1987). Historia de Jerez de la Frontera. Parte Segunda. Sheris Shaduna. El Jerez Musulmán (711-1264). C.E.H.J.

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