Vale, no tiene el máster ¿cuál es el problema?

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Vale, no tiene el máster ¿cuál es el problema?

15-04-2018 / 10:26 h.

Cristina Cifuentes ya está muerta (políticamente) y ha caído luchando y defendiendo compulsivamente su mentira con descaro, cinismo y poca vergüenza para dar apariencia de honestidad a su actitud en el conflicto del máster. Eso significa que, aunque no sea honesta (en este asunto del máster, al menos), como bien ha desvelado y demostrado la investigación de eldiario.es, ella considera que la honestidad es un valor que hay que aparentar. Eso no le salva, sin embargo, de un comportamiento indigno e intolerable en una responsable política. Pero, al menos, en una de las caras que guarda en el espejo poliédrico de su conciencia quiere posar como persona honesta.

Otra cosa es, por ejemplo, la visión que de ese valor de la honestidad tienen en su partido, cuando le aplauden a rabiar en la reciente convención de Sevilla: “Tenemos que defender lo nuestro y a los nuestros”, (aunque mientan) dijo Cospedal. Claro que, visto el desenlace, lo dijo a modo de epitafio para grabar en la tumba política de su compañera. El presidente del PP de León fue más directo al señalar que esta polémica, que ha sepultado a Cifuentes, “no tiene nada que ver con su gestión al frente de Comunidad de Madrid. Vale, no tiene el máster. ¿Cuál es el problema?”, se preguntó en voz alta ante los periodistas.

En un ranking de deshonestos, Cifuentes quedaría segunda y su colega de León ganaría de calle después de esas declaraciones. El señor Martínez Bajo no engañaba a nadie y puso palabras a lo que ya es un lugar común en la política tal como la entienden en el Partido Popular: que da igual mentir, decir una cosa y a hacer la contraria, machacar a los más vulnerables de la sociedad y luego procesionar en la Semana Santa…, pues eso no merma el número de votos que obtienen en la urnas. Y ahí entramos en la pregunta que desde hace años nos venimos haciendo mucha gente (casi siempre en minoría).

¿Por qué un partido inmerso en tantos escándalos de corrupción, que se ha cebado con los débiles en la crisis, que ha rescatado a bancos y banqueros, multiplicado con su política económica el número de ricos y de pobres, que hizo una reforma laboral perversa, desahució indirectamente a cientos de miles de familias de sus hogares; por qué un gobierno que engordó las cuentas de la eléctricas, generando otro sector de marginados como son los pobres energéticos…? ¿Por qué siguen gobernando España? Pues a esa pregunta encontré una respuesta posible leyendo el último artículo de Ramón Lobo en Infolibre. Recordaba el periodista lo que le dijo el escritor checo Ivan Klima en una entrevista: “Un país que vive 40 años bajo una dictadura tiene una pérdida colectiva de honestidad”.

Debe ser esa pérdida colectiva de honestidad la que permite a personajes como Cifuentes sonreír y guiñar a la audiencia como diciendo “sí, soy mentirosa y qué...”, sin que reviente, haciéndose añicos, ese espejo de la conciencia en el que se mira cada mañana.