Opinión

Uxoricidio y vergüenza

Vaya por delante un recordatorio de algo que ya les dejaba caer en la primera de mis colaboraciones hace unas semanas: soy feminista, así que muchos de mis artículos –pueden dejar de leer desde este punto, si lo desean—, van a versar en torno a esta cuestión, por múltiples razones.

Primero, porque estoy ya en esa etapa vital en que dejan de importar muchas cosas y las pocas que importan, lo hacen realmente. La igualdad es una de ellas. En segundo lugar, porque me preocupa esa constante sensación de retroceso en derechos, a pesar de que tenemos a nuestro alcance todos los saberes y herramientas que deberían impulsarnos en el conocimiento. Finalmente, porque ocupan un importante espacio en la política, en el mundo virtual y hasta en el mundo del espectáculo aquellos grupos que niegan la mayor: que la violencia de género exista.

En una semana en la que cinco o seis mujeres –una de ellas está en investigación cuando escribo este artículo— han sido asesinadas; una persona pública, político y jurista, junto a otras tantas de su partido, se ha atrevido a ponerse tras una pancarta en la que se niega la violencia de género.

Lo ha hecho sin vergüenza, sin despeinarse, como si no importase. Hacerlo, en sí mismo, supone una toma de posición que va más allá de la política. Hacerlo en un acto de homenaje a una mujer asesinada por su marido delante de sus hijas supone una falta de empatía y de calidad humana digna de mención. Si no estaba de acuerdo, bastaba con no aparecer. Pero la pancarta en ese espacio supone la nauseabunda utilización de una mujer asesinada para hacer alarde de la posición negacionista. ¿Hacía falta?

A estas alturas, saben que me estoy refiriendo al señor Ortega Smith. Lo peor es que, como jurista, él sí sabe que existe una violencia de género y una clara “ideología de género”, que se llama machismo, en la que prevalece la superioridad del hombre sobre la mujer hasta el peor extremo, el asesinato; y que ésta ha impregnado hasta hace bien poco nuestro ordenamiento jurídico y sigue tiznando la praxis.

Él, jurista, sabe que nuestro ordenamiento ha recogido de múltiples maneras esa discriminación, y específicamente en el ámbito intrafamiliar, por hablar en sus términos. La mujer, en nuestro país, no ha poseído, hasta no hace tanto, derecho a la representación legal propia, a la patria potestad de sus hijos, a trabajar sin el permiso de su marido, a abrir una cuenta corriente, a disponer de su propio dinero. Incluso para cobrar una herencia, necesitaba el consentimiento del varón. Y eso sucedía por ley.

Pero más aún, nuestro sistema jurídico recogía hace apenas unas décadas el uxoricidio honoris causa: específicamente la posibilidad de que un marido que mataba a esposa por mancillar su honor quedase impune de tal acto. Según el Código Penal de 1944 (art. 428), retomando una figura anterior a la República, el varón podía quedar exento de pena, más allá del destierro, si sorprendiendo “en adulterio a su mujer matare en el acto a los adúlteros o a alguno de ellos, o les causare cualquiera de las lesiones graves”. Si esto es lo que recogía la ley, imaginen lo que consentía la tradición.

Sí, señor Ortega Smith. La violencia de género existe; y usted lo sabe.

Etiquetas

Más artículos en esta categoría:

Un comentario

  1. Precisamente porque yo también tengo formación jurídica, le digo que la expresión “violencia de género” es una completa falacia; no hay una violencia sistemática de un sexo contra otro, no hay una guerra de sexos, por mucho que las feministas andrófobas como usted se empeñen en que la haya, los varones no estamos agazapados detrás de las esquinas esperando a que pase cualquier mujer para asesinarla ni hay un apoyo social a esa violencia (como lo hay en el terrorismo) y, por eso mismo, usted, que tanto se jacta de su condición de jurista, debería saber que la ley de violencia de género vigente instituye el delito de autor, la discriminación en la pena (y en otras muchas medidas) en virtud de cuál sea el sexo del encausado y del delincuente, cosa que es una completa aberración antijurídica que conculca los derechos humanos de los varones. El fin nunca justifica los medios y, así, la persecución de la violencia machista no puede nunca justificar la discriminación y la estigmatización generales que padecemos los varones en la antidemocrática ley de violencia de género, que comparte similitudes con las leyes racistas nazis. La violencia en el seno de la familia debe ser castigada con penas aún más duras que las hoy vigentes, pero sin discriminación por razón de sexo; todos deben ser castigados a idénticas penas por idénticos delitos al margen de su condición de varón o mujer. Así, el Sr. Ortega Smith estaba en su derecho, y ha hecho muy bien, en acudir al minuto de silencio convocado en Madrid con ocasión de un execrable asesinato machista, bajo una pancarta que condena todo tipo de violencia intrafamiliar y que niega la existencia de una mal denominada violencia de género que solo persigue demonizarnos a los varones. Muy mal tiene que estar usted de argumentos objetivos para rebatir al Sr. Ortega cuando tiene que recurrir al recuerdo de la situación actual de la mujer antes de la Transición democrática, ¿no se ha enterado de que se promulgó una Constitución en 1978 que, en su artículo 14, establece la igualdad ante la ley sin distinción de sexos?
    Deseo que a los asesinos de mujeres que usted menciona les caiga todo el peso de la ley, también deseo que les caiga todo el peso de la ley a la mujer que asesinó a su pareja y a la que se tiró desde un segundo piso con su hija (a quienes usted no menciona ni los medios tampoco), también deseo que ese peso de la ley sea el mismo para todos, también deseo que se persigan de oficio y se castiguen mucho más duramente las falsas denuncias de maltratos y también deseo que se cambie la legislación sobre divorcio para que los varones dejen de ser los permanentes perjudicados en esos procesos, ¿usted no?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *