Remedios Jiménez Moreno

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Cerró con alivio. Qué suerte tenían los artistas, a una portada escandalosa le sucedía otra al día siguiente, bastaba una semana para que quedara debajo de una bolsa de pescado.  

Había que bajar hasta la playa por una larga escalera que salvaba el desnivel entre la orilla y el acantilado. Lo había hecho muchas veces, pero un día a mi pierna derecha le pasó algo y no supe qué.

La gente sale de las oficinas y se sienta en los bancos y hacen lo que en mi tierra está tan feo. Para mí son libres, me compro un bocadillo y no me mira nadie.

Cómo decirle que había caminado de vuelta pensando en un presente alternativo que lo excluía.