Paco Vargas

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Dos momentitos de gloria: el baile de Ángel Muñoz y el cante de Miguel Ortega salvan un espectáculo anodino y cargante.

Todo el espectáculo gira en torno a la bailaora sevillana: la escenografía es ella, el espectáculo es ella.

Lo que la jerezana presentó en el Villamarta fue un completo tablao, en el que ella fue la protagonista de principio a fin pero siempre en la agradable e imprescindible compañía de los suyos.

Uno de los momentos más emocionantes y de más tensión poética llegó con la soleá al estilo de Marchena, que interpretó magistralmente Miguel Ortega, a la que Olga hizo un monumento.