Sociedad

Una superheroína trabaja en la Porvera: “Lo pienso y me pongo a temblar, pero creo que volvería a hacerlo”

S. J., dependienta de un comercio de la céntrica calle jerezana, ahuyenta de una patada a un asaltante que trató de atracarle con un cuchillo de 15 centímetros. "Me daba mucho coraje tener que entregarle un dinero que me cuesta mucha fatiga ganar", asegura

Es empleada, la tienda no es suya, pero en apenas diez minutos defendió la caja y el negocio como si fueran propios. S. J., mallorquina de 38 años afincada desde hace unos 17 en Jerez, recuerda la secuencia a cámara lenta, pero es consciente de que todo pasó en cuestión de minutos y que, aunque para la opinión pública su actuación fue más propia de la superheroína de una película, la cosa pudo acabar mucho peor. Ha pasado una semana desde el incidente, el asaltante está detenido y aguarda juicio rápido en noviembre, pero “aún tengo muchísima ansiedad; cierro los ojos y veo su cara, acercándose hacia mí con el arma, es mejor no pensar qué pudo haber pasado si no sale corriendo”. Desde que entra el atracador hasta que llama a la Policía Local, primero, y a la Policía Nacional, instantes después, a las 19:16, apenas pasan diez minutos.

“Actué a cámara lenta, estaba viendo que me entraban a atracar y me tenía que defender. ¿Lo volvería a hacer? Pensé luego en lo que me podía haber pasado, lo pienso y me pongo a temblar, pero creo que sí, hasta que no te ves no sabes cómo vas a reaccionar. Defendí lo que es de mi jefa, pero es que de ahí como yo también. A mí me daba mucho coraje tener que entregarle un dinero que me cuesta mucha fatiga ganar; pensaba en mi hijo (de 13 años) y en mi casa”, cuenta a lavozdelsur.es, temblándole la mano al recordar la secuencia. Conversa con una clienta sobre las siete y cinco, ésta deja la tienda y cierra una de las hojas de la puerta. El asaltante entra y cierra la otra. Lo que sucede luego es de película.

“Lo primero que hizo fue entrar ligero hacia dentro, donde tengo un cuarto que hay que saber que está ahí, si vienes la primera vez no lo sabes; no tenía mala pinta, y aquí entra gente de todo tipo. Iba bien vestido, llevaba como unos chinos, una camisa y algo amarrado desde donde me sacó el arma”. Desde detrás del mostrador, de un jersey o una prenda que tenía anudada, “me sacó el cuchillo, de 15 centímetrosNo te vayas a poner nerviosa, me dijo. Iba andando hacía mí, me pone el cuchillo en el costado y le doy con la mano, que no llegó a cortarme, me echo hacia atrás, y entonces ya le doy la patada. Luego le lancé un soporte de pinceles, pero eso de que le lancé todo lo que pillé como una loca es mentira. Por la ventana de aquí, al lado del mostrador, vería pasar a alguien y mientras gritaba insultándole, tratando de hacer ruido, se fue hacia la calle Gaitán. Salgo para fuera corriendo y ya la gente se alertó. Salió corriendo tras la patada, no se llevó nada, la caja ni la abrí”.

Tienda de Porvera donde se produjo el robo con violencia a mano armada.

La sala operativa del 091 envió al lugar a la Unidad de Motocicletas que en esos momentos se encontraban en la cercana calle Larga y a una unidad radio patrulla que se encontraba también en la zona centro. Los policías nacionales se presentaron en el lugar en apanas tres minutos, localizando a la joven afectada y comprobando que no sufría lesiones físicas aparentes, la misma indicó a los agentes la dirección de huida que había tomado el autor de los hechos emprendiendo al persecución del mismo. Casi de inmediato, los policías nacionales desarmaron al individuo, el cual cuenta con un amplio historial delictivo, y procedieron a su detención como presunto responsable de un delito de robo con violencia a mano armada, siendo trasladado hasta las dependencias de la Comisaría de Jerez donde ingresó en calabozos hasta que fue puesto a disposición de la Autoridad Judicial, que decretó su inmediato ingreso en prisión.

“Ya cuando se fue —relata S. J.—, y vi cómo cogía para la calle Gaitán, me cerré y el cuerpo se me vino abajo y empecé a temblar. Me derrumbé por completo porque cuando pienso que me puso el cuchillo en el lado, podía haber pasado mucho más de lo que pasó; él movía el cuchillo echándose para atrás, sin hablar nada, y si me habló, no me acuerdo. No dio tiempo. Cuando se vino por segunda vez hacia mí ya le doy la patada, fue acción reacción. Lo pienso y me pongo a temblar, es una situación… no sé cómo reaccioné así. La Policía me avisó a la nada de que ya lo había cogido”.

Después de trabajar en esta tienda enfocada a las bellas artes, Mancharte, durante seis años, “estoy desde el primer día en el que abrió mi compañera”, nunca le había pasado nada parecido, pese a que asegura que los comerciantes de la Porvera “nos sentimos un poco desamparados”. “Esperemos que no me vuelva a pasar algo así, no se lo deseo a nadie, cierro los ojos y veo su cara, tengo muchísima ansiedad, y es mejor no pensar qué pudo haber pasado. Por las tardes que hay menos luz, me cierro, hasta que se me pase un poquito y coja confianza con la gente, que ya me da un poco de cosa”, confiesa.

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