Una noche de Zambombas como las de antes

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Una noche de Zambombas como las de antes

El puente de la Constitución, que aglutina un buen número de celebraciones, supone un empujón a la fiesta, que se vive en Jerez como en ningún sitio.

07-12-2017 / 20:39 h.

“¿Qué vas abrir tú por bulerías?”, pregunta Fernando Jiménez, bisnieto de Tía Anica La Piriñaca, al término del descanso de la Zambomba de la peña flamenca La Bulería, una de las que da el pistoletazo de salida al aluvión de celebraciones que acoge Jerez durante el puente de la Constitución. Tras los días festivos no hay marcha atrás. La sucesión de fiestas ya será imparable hasta Nochebuena. Suena una guitarra y los protagonistas del cuadro flamenco van tomando posiciones. Las palmas acompañan, las panderetas suenan y los villancicos jerezanos resuenan entre las paredes de este templo del cante jondo, donde no se cabe. La cola en la puerta, para los más rezagados, se hace eterna. Nadie se quiere perder el que puede considerarse que es un anticipo del espectáculo que protagonizará la peña en el Villamarta el 9 de diciembre.

El marinerito Ramiré no tarda en hacer acto de presencia, y a él le siguen una retahíla de villancicos que, quién más quién menos, se conoce al dedillo… o al menos el estribillo. Lo importante es participar y pasarlo bien. E intentar que no se desvirtúe la Zambomba tradicional, un debate que se viene escuchando con fuerza desde que, de unos años a esta parte, el número de celebraciones se multiplicase y se denominara Zambomba a lo que, en algunos negocios, durante el resto del año, no es más que un sarao, una fiesta, una excusa —lícita— como otra cualquiera para ganar dinero, pero con vino y algún villancico de vez en cuando, para disimular.


Manu García
La peña la Bulería acoge una Zambomba que hace que se queda pequeña su sede.

No es el caso de la peña de La Bulería, donde saben cuidar esta fiesta, resucitada hace varias décadas —la colección Así canta nuestra tierra en Navidad tiene la culpa—, y adaptada en parte a los tiempos, pero conservando el gusto por lo añejo. El cuadro flamenco termina la actuación pasada la medianoche, para deleite de los afortunados que pueden presenciarlo, y pena de los que, por falta de espacio, tienen que esperar su turno para poder entrar e impregnarse de la esencia de una fiesta que, a quien la disfruta desde dentro, sabe perfectamente por qué está considerada Bien de Interés Cultural (BIC).

El tiempo pasa y la fiesta va decayendo. Toca abrigarse, echarle valor y salir a la calle en busca del coche, pero… ¡Quieto! Se escucha una caja a lo lejos. Es doblar una esquina y descubrir… ¡una Zambomba callejera! Como las de antes, candela incluida. Y en la que Juan —como lo llaman quienes lo jalean—, un hombre de avanzada edad, aunque nada torpe, no para de bailar los villancicos que los presentes cantan. “A Antonio Chacón, que llevó su gloria y su fama a todos los confines del mundo enalteciendo el nombre de Jerez”, se lee en una placa que hay a pocos metros de la escena, en el que fue el lugar de nacimiento del genial cantaor jerezano, que asiste al brote de arte flamenco-navideño que tiene lugar delante de sus narices.

Para escapar de este círculo vicioso hay que esperar al 25 de diciembre, cuando ya las Zambombas descansarán hasta el año siguiente. Pero hasta entonces hay tiempo suficiente para disfrutar de la Navidad en una tierra que acogerá cientos de ellas —véase la Guía de Zambombas de lavozdelsur.es— y en la que se vive como en ningún sitio: con alegría, compás, vino y entre amigos. No queda otra que sumarse a la fiesta.

 
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