Sociedad

Una niña de 12 años, víctima de acoso escolar: “La vida es tan dura que prefiero la muerte”

lavozdelsur.es recoge un caso de 'bullying' en Jerez donde una menor fue foco de insultos y burlas por parte de un grupo de chicas en un instituto concertado, que, según cuenta la madre a este medio, ocultó el caso y nunca la apoyó porque consideraba que solo era un problema de convivencia

“Ella es muy fantasiosa”. Una afirmación subjetiva bastó para que un centro educativo entero le diera la espalda. “Es cosa de niños”, repetían una y otra vez las docentes. La ceguera de un instituto permitió que una niña de 12 años sufriera acoso escolar. Las intimidaciones, los insultos y la persecución diaria para dejarla en ridículo, hicieron mella en su autoestima. Hasta tal punto que se preguntaba para qué vivir. “La vida es tan dura que prefiero la muerte”, anotó en una agenda durante el segundo trimestre del curso. Hoy, dos años después de vivir un infierno, se siente plena y feliz; pero tuvo que esperar hasta el año siguiente para poder cambiar de centro, ya que el psicólogo del instituto nunca quiso examinarla. La vida de esta joven jerezana empezó a oscurecerse en el verano de 2015, cuando su grupo de amigas acordó hacerle el vacío.

“Eres una falsa. No nos hablamos con él. ¿Qué haces?”. Relata que en la piscina ella se acercó a un chico que, según la cabecilla del grupo, estaba vetado “por todas”. Una cuestión de “lealtad” fue lo que armó la guerra. “Lo que le hicieron a mi hija no tiene ninguna explicación. No eran conscientes del daño que estaban haciendo, porque quiero creer que si lo hubieran sabido, no lo habrían hecho”, valora la madre de la víctima, quien en todo momento estuvo al tanto de lo ocurrido.

Los estudiosos de los diferentes comportamientos de los adolescentes advierten de que cuando una niña rompe con su círculo íntimo de amigas, es posible que ésta sufra graves consecuencias. Ella no coincidía con el prototipo de víctima de acoso escolar. Formaba parte de un grupo de ocho alumnas de un centro de educación concertado. No estaba sola, compartía sus confidencias con las demás. “Se suponía que yo era la mejor amiga de la líder”, recuerda. Pero un mensaje vía WhatsApp acabó expulsándola y convirtiéndola en la principal enemiga del grupo: “Tú y yo ya no somos amigas”. Una tontería, una chiquillada como poner barreras a las amistades, puede convertirse en un mundo para las adolescentes.

Que ella no cumpliera con “las normas de la tribu”, provocó que fuese desterrada, incluso obligaron a un varón del grupo a cambiar su foto de perfil porque aparecía ella. “¡Falsa!”, fue el improperio que más utilizaron. Después, una vez exprimida la mofa, empezarían a llover los insultos sobre su aspecto físico. El terreno de batalla, que había sido en un principio virtual, se trasladó a las aulas. La madre de la joven avisó al centro escolar de lo sucedido durante el verano. No obstante, por lo que narran tanto ella como su madre, tutora, directora y demás profesores hicieron caso omiso de la trifulca entre “amigas” y no callaron a las niñas acosadoras durante sus múltiples intimidaciones y burlas en cualquier momento de la mañana. “¿Por qué sois así? Lo hacéis solo para joder”, expuso una vez en mitad de la clase cuando intentaban ridiculizarla. “Te sientes mal. Te sientes sola. No tenía libertad, porque me juzgaban por cualquier cosa que hiciera”. ¿Quién sacaba la cara por ti cuando te amedrentaban? “Yo. No tenía a nadie”.

“Siempre intenté dialogar con el colegio”, comparte la madre. Se acercó al centro a principios de octubre para que la directora interviniera y pusiera fin a dicha persecución. Pero se encontró con que la administradora del instituto concertado no “observaba” lo mismo que ella. Un problema de convivencia, decía. “Su hija no sufre acoso, es algo puntual”. “¿Cómo sabe eso?”, le preguntó. “Nos basamos en la observación”, contestó. El instituto inició los doce puntos del protocolo de acoso escolar, pero en ningún momento procedió a que el psicólogo del centro examinara a la alumna, sino que la propia directora se valía con echarle un vistazo durante el recreo, o en los pasillos, para saber qué ocurría. Su madre no tuvo más remedio que recurrir a otros responsables dentro del complejo educativo. El jefe de estudios le insinuó que “su hija fomentaba que la insultaran”. Y la tutora le manifestó que esta pensaba que ella le ignoraba, pero que realmente ella estaba ocupada “en sus cosas”. Por ello, se vio obligada a buscar una psicóloga externa, experta que diagnosticó que la joven presentaba síntomas que podían derivar en trastorno depresivo o de ansiedad generalizada. “Como familia, me he sentido muy desamparada ante el centro”.

La madre de la joven cuenta que cada vez que recogía a su hija del instituto, esta rompía a llorar. Era su momento de desahogo. “En parte yo tenía a mi hija reprimida en el centro porque no quería que ella explotase allí. Le aconsejé que las ignorara”, incide. Su hija se convertía en un mar de llanto al llegar a casa. “Sentía que estaba viva, pero que no estaba viviendo”, sentencia. En febrero, cuando las intimidaciones y las agresiones verbales fueron acrecentándose, escogió la escritura como vía de escape. “La vida es tan dura que prefiero la muerte”. Su madre jamás pensó que su pequeña de doce años pudiese reflexionar sobre la muerte. “La vida no es bella, es una puta mierda”. Casi dos años después, aún le brillan los ojos al evocar aquel momento en que encontró su agenda donde expresaba todos sus sentimientos. “A ella le ha salvado su carácter. Si hubiese sido más retraída… no sé qué hubiera pasado”, pronuncia mirando hacia la mesa.

“Creo que los peores días eran los jueves porque tenía dos horas con la tutora”, clases en las que, por lo que cuenta, las acosadoras tenían carta blanca para profesarle burlas e injurias. Tiene tan presente ese día de la semana, que recuerda a la perfección que fue un jueves cuando decidió no asistir a clase. “Ya no aguantaba más”. Su ausencia disparó las alarmas. “No solo estaban minando la moral de mi hija, sino ya de toda la familia”, expresa su madre, quien asegura que la directora del centro apostó que su hija se encontraba así porque los problemas provenían de casa. Ambas tienen claro que “un centro concertado jamás va a reconocer un caso de acoso escolar por su sello de calidad”. Y creen firmemente en que “la cosa hubiese sido distinta si ella hubiera estado en un instituto público”.

La madre, como vio que el instituto seguía sin frenar a las acosadoras, decidió presentarse ante la directora y advertirle de que iba a denunciar al centro si no cambiaban su procedimiento. Ante tal afirmación, la directora no pensó en otra cosa que en los costes del juicio. “Me estaba amenazando con que me iba a salir caro”, cuenta. La tutora intervino sobre el asunto con varias reuniones para que las madres del alumnado recibieran una charla sobre el acoso escolar. Con el ambiente caldeado, ya que algunas habían cavado su propia trinchera, las madres, de las acosadoras y acosada, iniciaron una pelea a gritos que terminó creando un frente enemigo contra la familia de la víctima. “¡Todo esto lo ha liado tu hija!”, vociferó una.

Este medio publica recientemente que, en casi en cinco años, la provincia de Cádiz ha registrado un total de 103 denuncias en Fiscalía por bullying y de ellas, casi la mitad se han producido en la comarca de Jerez —31 en el ámbito de la Bahía de Cádiz y el resto en el Campo de Gibraltar—. La joven afirma que durante ese mismo curso en el que fue acosada, un compañero suyo recibió tal paliza en mitad de la clase que tuvieron que llevárselo al hospital. “Él sufría acoso desde primero de la ESO” y el hostigamiento continuó hasta que finalmente se cambió de colegio como hizo ella. “El instituto va a intentar ocultar el abuso, porque para él prima la apariencia del centro sobre los alumnos”, espeta la madre.

¿Es el traslado del centro la única solución? “Es la primera vía. Pero pienso que la clave también está en el reciclado del profesorado, deben estar preparados para afrontar estos casos”, opina la madre de la víctima. Ahora la joven, que recibió tratamiento psicológico y que siempre exteriorizó su dolor con su familia, está mucho más tranquila en otro instituto. Esta vez ha escogido uno público. Quiso enfrentarse hoy a esos miedos porque deseaba exponer su experiencia para hacer ver a los muchos niños que sufren bullying por cualquier razón, que hay salida ante el acoso. Para ella no existe un perfil concreto. Se considera una chica abierta y con facilidades para entablar amistad, virtud que cree que generó bastante envidia por parte de aquellas que creyó que eran amigas. “Cuando sienten que tienes algo que ellos no tienen… van a por ti”.

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