Opinión

Una ciclogénesis explosiva imaginaria

José Antonio Herrero. Attac Jerez

Imagínate. Un día sales de casa temprano, encogido de frío y sueño, abres el portal de la calle, y te encuentras con una impresionante tormenta, un vendaval del demonio, capaz de llevarse tejados, árboles, y lo que encuentre por delante, una lluvia feroz , un tiempo oscuro e inquietante. Y llama la atención el hecho de que, en emmedio de esta debacle, la gente camina despreocupada, como ajena a todo lo que se desencadena a su alrededor. Tormentas de seis millones de parados, de cuales un tercio de ellos/as se dan por parados sin remedio. Vendavales que arrastran servicios públicos, dejando a la gente desamparada ante los elementos, sin dinero para pagar las medicinas, hacinadas en los pasillos de los hospitales, atados a sus camas. sin ayudas para los dependientes y sus familias. Tornados que engullen a nuestros hijos e hijas y se los llevan fuera, arrojándolos -en su mayoría- a lugares de precariedad y explotación.

Todo eso ocurre a tu alrededor, y lo que mas te aterra no es que ocurra. Lo que mas miedo da es ver a la gente que camina entre el desastre como si el desastre no les afectase. Algunos y algunas lucen unos ligeros impermeables transparentes, frágiles prendas que caracolean entre las piernas zarandeados por los remolinos de viento que provocan los escándalos de corrupción, clientelismos, cacicadas y otras lindezas. Aunque trastablillean por tanto enredo de faldones, disimulan y aguantan las molestias de llevar una prenda tan inútil. La puso de moda el gobierno hace no mucho tiempo. Salió su máximo representante un día (no sé si en una conferencia de plasma o en un mensaje de Navidad) y presentó el diseño: “para aguantar los malos tiempos, nada mejor que esto que hoy os traigo. Protegeos con esto: se llama: “estamos en la senda de la recuperación”. Mucha gente, desesperada, acude en masa a los puntos de recogida.

Es gratis. Te asomas a la tele, o a la radio, y con sólo repetir el mensaje, ya tienes tu prenda. Dicen que el primer mandatario, con gesto relajado y cierto aire de seguridad, se la puso delante de las cámaras. Algunos comentan (en voz baja) que no vieron ningún tejido, que sólo llegaron a apreciar los gestos de un hombre haciendo como si se vistiera, aunque es difícil de apreciar, dada  la parquedad de gestos del mandatario. Y un rato después, sus seguidores se deshacían en alabanzas y parabienes de tan excelente protección contra la adversidad. Mientras mi estupor crece, dudo entre salir a la intemperie o quedarme en mi sofá. Bueno, al menos desde el sofá puedo conectarme y protestar vía digital. Me resisto a sumarme a los que se han puesto esa prenda tan inútil, y pregunto y leo sobre la situación, consciente que no puede ser nada bueno confiar en salvarse del desastre con semejante argumento.

Y me atrevo a mojarme, caminar contra el viento del conformismo, y busco entre los remolinos de la desinformación y las mentiras a la gente que se aventura a no creerse lo primero que le cuentan. La realidad la he descubierto mientras indagaba entre informaciones y comentarios de gente a la que he prestado atención. No hay tal tormenta, no es natural. Hay gente avariciosa, insensata, mezquina, que está dinamitando los cimientos del mundo en que vivimos con la mano derecha, mientras que con la mano izquierda nos acaricia el lomo y apela a la resignación cristiana y a la paciencia.

Espero encontraros por ahí.

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