...Y al vino, vinoVidaGastrovoz

Un traje para cada vino

Si nos paramos a pensar en el vino como lo que es, un ser vivo, nos damos cuenta de que a “él” también le gusta tener un “traje” apropiado dependiendo de su variedad, crianza, aromas…

Siempre buscamos aquello que nos parece apropiado para ir vestidos/as de forma impecable en esas ocasiones especiales que compartimos con los demás como son las fiestas de cumpleaños, inauguraciones de eventos, bodas, etc. Aunque a veces la pregunta más recurrente es “¿qué me voy a poner?”, siempre damos con lo que queremos, aunque nos hayamos probado y descartado más de un modelito. Nos gusta sentirnos elegantes pero a la vez cómodos y libres sabiendo cómo realzar nuestro aspecto aunque tengamos, a veces, que buscar alguna ayuda. No lo más caro y sofisticado es lo más elegante, es más, yo diría que la sencillez de un modelo apropiado te dará seguridad y confianza en cualquier escenario.

Si nos paramos a pensar en el vino como lo que es, un ser vivo, nos damos cuenta de que a “él” también le gusta tener un “traje” apropiado dependiendo de su variedad, crianza, aromas, etc. ¿Sirve cualquier copa para cualquier vino? ¿Se sentirá cómodo y libre para expresarse y ofrecernos todas sus mejores cualidades y valores “embutido” en cualquier “modelo”? Definitivamente la respuesta es NO.

Claus Josef Riedel, austriaco perteneciente a la novena generación de la dinastía de los Riedel de la cual hablaremos en nuestro próximo encuentro, fue el primer diseñador de copas de vidrio en manifestar que la percepción, el sabor, aroma y armonía de los vinos se verían afectados por la forma de los recipientes en los cuales eran bebidos. Cada copa, por su tamaño y su forma tiene un detalle que es determinante en el momento de tomar cada variedad de vino, que si fuera inapropiada puede hacernos perder la calidad, cualidades y esencia de éste.

Debemos realzar y disfrutar la nobleza, la agresividad o la elegancia de un buen vino, sea de la variedad o denominación que sea. La pureza, forma y transparencia de una copa de cristal serán nuestras aliadas. El volumen de su cuerpo, el área que permite la evaporación y la abertura de su boca guían a la fragancia y la esencia del vino hacia nuestros sentidos con todos sus matices. Veamos qué tienen que decir sobre esto nuestros protagonistas.

“Soy un tinto, me gusta ser bebido en copa alta y amplia, diseñada para que pueda oxigenarme adecuadamente y girar con pericia para liberar mis aromas. Necesito potenciar los sabores frutales y amortiguar los taninos. Me siento cómodo ocupando un tercio de su capacidad si soy crianza, reserva o gran reserva, aunque si soy más joven puedo ser más generoso”.

“Soy vino blanco o rosado, prefiero que me sirvan en una copa más pequeña y estrecha que la de tinto. Necesito mantenerme frio, así que su tallo será más lago también para que el contacto de vuestra mano evite que mi temperatura suba de forma demasiado rápida. Soy ligero y generoso, joven y afrutado casi siempre, así que para disfrutar de esas cualidades servidme a la mitad de mi copa y por qué no hasta los tres cuartos de ella si queréis”.

“Soy un cava y lidero los espumosos. Mis burbujas deben ser contenidas de forma natural y necesito vigilar mi efervescencia para favorecer y controlar los aromas que poseo y podáis percibirlos en nariz. Es de suma importancia también mantener mi temperatura. Sintiéndolo mucho, queda descartada la llamada copa Pompadour, en ella mi gas se escapa, sube mi temperatura y se escapan todos mis aromas. Prefiero una larga y esbelta en la que todo eso no ocurra. El diseño flauta no está mal pero tendréis dificultad en nariz. Prefiero la tendencia actual del llamado diseño tulipa. La base es más ancha y puedo evolucionar sin perder temperatura y al ser estrecha su boca no deja que pierda mi aroma ni mi efervescencia se escape. Podéis llenarla sin miedo casi en su totalidad”.

“Soy un jerez y estoy en mi tierra: Fino, amontillado, oloroso, palo cortado, Pedro Ximénez o manzanilla. Puedo respirar tranquilo, aquí saben lo que hacen. Toda la vida me han servido en el típico catavino y aún hoy día me sirven en él también. Tengo que decir que, organolépticamente hablando, no es el recipiente más adecuado ya que no podéis percibirnos en toda nuestra plenitud. Nuestros aromas deben estar concentrados pero es cierto que a veces podemos sentirnos asfixiados. Aquí se nos mima y buscan nuestro confort y es por ello que en copa de vino blanco o incluso en la de tinto respiramos felices inundando con nuestra esencia el paladar más selecto”.

Forma, volumen y ancho se alían y deciden de qué modo el vino se introduce en nuestra boca al irrumpir con su escala de matices. Una copa adecuada hará que disfrutemos del vino con todas las cualidades con las que fue creado.

Bebe la vida, vive el vino.

Etiquetas

Más artículos en esta categoría:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *