Cultura

Un nuevo talento de la ópera en la ciudad del cante jondo

Máriam Guerra, soprano jerezana de 33 años, ha pasado de ir a una prueba con el Coro de Villamarta sin haber escuchado lírica "jamás" a ser reconocida con dos premios en Cataluña. Por el camino, un traslado a Madrid para formarse y labrarse una carrera en el complejo mundo de la lírica.

Máriam Guerra, soprano jerezana de 33 años, ha pasado de ir a una prueba con el Coro de Villamarta sin haber escuchado lírica “jamás” a ser reconocida con dos premios en Cataluña. Por el camino, un traslado a Madrid para formarse y labrarse una carrera en el complejo mundo de la lírica.

En poco tiempo, la jerezana Máriam Guerra pasó de imitar, siendo una niña, a Whitney Houston y Mariah Carey a formar parte del Coro del Teatro Villamarta con 16 años y afrontar su primer papelito, unos tres años más tarde, en la ópera Suor Angélica. De no tener ni idea de lo que era la lírica a tomar clases en la Escuela Superior de Canto en Madrid. De ir a una audición pensando que aquello era para ser vocalista de un grupo de rock a lograr dos reconocimientos en Cataluña hace solo unas semanas: el Premio Camerata Sant Cugat de Canto 2017 y el Premio de la Fundación Clarós. Al otro lado del teléfono, tras haber recibido recientemente este impulso a su trayectoria artística, la soprano, que ahora tiene 33 años, atiende a lavozdelsur.es risueña y extrovertida, sin ser consciente de que probablemente se haya convertido en el nuevo talento de la cantera lírica en la ciudad del cante jondo. Un sendero que ya abrieron antes por esta tierra los ya consolidados Ismael Jordi y Maribel Ortega. 

¿Cómo empezó todo?

Eso es curioso porque siempre me ha encantado cantar y, además, de pequeña participaba con mi padre en un programa de radio que tenía de música de los 80 y de los 90. Un día me dijo: vístete, que tienes una prueba. No tenía ni idea de nada, mi madre me dijo que era para un grupo de rock, y yo le respondí que no me imaginaba sacudiendo la cabeza (ríe). Me presenté en el Villamarta y me cogieron en el Coro. Nunca había escuchado ópera, jamás, y aquellos fueron mis primeros comienzos en esto de la lírica. Para mí fue toda una sorpresa. Todo el mundo me enamoró, me encantó el mundo del canto, el escenario, disfrazarme e interpretar a personajes. Dicen que la ópera, o te enamora y te dura el amor para toda la vida, o te repele; y a mí me atrapó pero bien.

¿El Coro del Villamarta cumple 20 años este 2017, hasta qué punto fue decisivo?

Yo siempre he dicho que el Coro es mi familia, allí estaban quienes me enseñaron todo, la adolescencia más bonita la viví con ellos. Me siento tan afortunada por haber aprendido a su lado… y por todo el apoyo que me dan todos los días; para mí, son mi familia lírica.

Desde aquel momento en el que fue seleccionada en el Coro del teatro jerezano, puede decirse que lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la lírica. De Jerez se fue a Madrid a estudiar y labrarse su carrera como solista. Comenzó su trayectoria en la Escuela Superior de Canto de Madrid donde finalizó con las máximas calificaciones. Aparte de pasar también por el Conservatorio de Teresa Berganza, ha recibido clases magistrales de grandes maestros como Natalie Dessay, Montserrat Caballé, Ana Luisa Chova, Ainhoa Garmendia, Roberto Scandiuzzi, Ettore Papadia, Bruno de Simone, Christoph Ritter, Lamara Chkonia, Emelina López, Linus Lerner, Francisco Ortiz y Francesca Roig, con la que continúa perfeccionándose. “Siempre tienes que estar aprendiendo, todo el tiempo renovándote, viendo cómo marcha la evolución de tu voz, adaptándote al repertorio… Es un aprendizaje continuo alucinante, es una profesión tan maravillosa, tiene tantas sorpresas que la verdad es que no puedes bajar la guardia”, señala. 
Con poco más de 30 años, Guerra no oculta las dificultades de un mundo tan complejo y exigente. “Tuve que renunciar a estar con mi familia, tuve que irme de mi Jerez e irme a vivir a Madrid, con 20 años. Siempre he sido muy casera, de pequeña no quería ir ni a las excursiones, por lo que me costó mucho salir de mi casa e irme a una capital que desconocía absolutamente”. En Madrid, formándose, empezó sola, aunque con los años “se vino mi marido conmigo y ya fue otra cosa, pero al principio fue bastante duro y sigue siéndolo. Cuando mi familia me necesita o los necesito a ellos es complicado tenerlos lejos. Se notan los kilómetros”. Pero, poco a poco, ha ido llegando la recompensa a tanto esfuerzo y dedicación. La soprano jerezana, como reza en la bio de su web, ha sido premiada en concursos de Canto como  el III Certamen Nacional de Lied Fidela Campiña, en el concurso internacional La Brújula del Canto, en el Omega de Florencia, entre otros. 

Acumula ya más de diez años de carrera, ¿con qué se queda?

Me quedo con dos momentos muy importantes para mí: cuando empecé, por ejemplo, a trabajar en Italia en El barbero de Sevilla. Cantar en un sitio tan increíble como el teatro Verdi de Pisa fue maravilloso, mágica, y además lo hice con unos compañeros geniales, en una ópera super divertida, eso fue muy importante. El otro momento sería haber podido cantar en China con una Carmen, aquello fue muy curioso porque veíamos a los chicos del coro super entregados, y por las calles de Chengdu todo el mundo nos miraba y se paraba, parecíamos estrellas del pop. 

 “Siempre quise cantar en Villamarta, que me viesen mis abuelos, que están mayores, y mi familia. Ese es mi mayor sueño, me da igual el Real”

¿Se puede vivir de esto?

Es complicado, tienes que tener un buen apoyo con tu agencia, alguien que te patrocine muy bien para poder vivir de esto. Ahora mismo trabajo de profesora de canto en una escuela privada de Madrid para tener dinero para mis viajes, la asistencia a concursos… Estamos viviendo una etapa bastante difícil por el tema de que no hay apenas apoyo para la cultura y todo está muy cerrado para hacer recitales.

Entre sus proyectos está el montaje de La flauta mágica, de Mozart, en versión infantil, además de llevar a escena Carmina Burana, de Orff. Siempre dispuesta para acudir a recitales y conciertos solidarios y benéficos, Guerra no descarta volar hasta Alemania el curso que viene para seguir proyectando su carrera artística. “Me gustaría también ir a Alemania a ver si tengo suerte y encontrar una buena agencia que me apoye; que me escuchen allí con el repertorio de Mozart, que es con el que más cómoda me siento y con el que creo que puedo tener buenas oportunidades.

Parece que la única salida es dejar España.

Lamentablemente, nos tenemos que acabar marchando.

¿Un sueño?

Uno de mis sueños desde que entré en el coro fue cantar en el Villamarta, porque creo que como cantar en tu tierra no hay nada; hay tanta buena energía y buenos recuerdos que ojalá tenga la oportunidad el día de mañana de poder formar parte como cantante solista. Siempre quise cantar en Villamarta, que me viesen mis abuelos, que están mayores, y mi familia de sangre y del Coro, agradecerles todo el apoyo que me han dado. Ese es mi mayor sueño, me da igual el Real (risas).

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