Sala Tragaluz

Un juego de máscaras que esconden ruinas

El pintor y profesor jerezano Manolo del Valle inaugura su exposición interactiva 'Máscaras y escombros' este jueves en la Sala Tragaluz, "una reflexión sobre el deterioro constante y permanente de nuestra fachada, la fachada vital"

Manolo no para quieto. Mira hacia el techo, buscando diferentes tonos de blanco. Gira la cara y observa la luz que entra por la ventana. O quizá esté mirando un azulejo, una planta, o un desconchón de la pared. ¿Qué miras Manolo? “No sé”, responde. Pero días después, o semanas más tarde, le encuentra una lógica a todo. “Tenía la máscara de Nietzsche, ¿no? Pero me dije, mira Nietzsche como una novia…, ponle un velo. ¿Por qué? No sé. Y se titula: Nietzche no se casaba con nadie. Luego al final tiene sentido”. El artista y profesor Manolo del Valle (Jerez, 1966) habla de una de las partes de su exposición Máscaras y escombros que inaugura este próximo jueves 20 de junio en la Sala Tragaluz de lavozdelsur.es, a partir de las 21:00 horas.

Se levanta, mira un cuadro que quitó de la sala y lo esconde tras un espejo. “Esto no pega…”, murmura mientras busca la armonía. Se sienta, y vuelve a mirar de reojo a la “nada”, casi sin darse cuenta. Tal vez suele contemplar su entorno de manera inconsciente. O puede que le venga de nacimiento eso de analizar lo material que le rodea. “Es por pura herencia, por familia”, confiesa. Cuenta que, con su padre en vida, ambos se daban largos paseos o visitaban multitud de exposiciones para hacer “dibujos en el aire“. “Hacíamos juegos visuales, de colores, y mi padre, ahí, te daba lecciones. A eso que llamamos blanco y engloba a cientos de tipo de blancos. Los pliegues de la ropa y cómo se producen en la entrepierna del viejo…”, recuerda con mimo. “Pero no metas tanta paja”, suplica.

Manolo del Valle durante la entrevista en la redacción de lavozdelsur.es. FOTO: MANU GARCÍA.

Pero es que para entender casi el centenar de muestras artísticas que lleva haciendo Manolo del Valle, es necesario conocer cómo trabaja, cómo se mueve y cuál es su mirada. De pequeño se crió entre témperas, fotografías, negativos y botellas de vino que su bisabuelo litografió para la Bodega Domecq. De pequeño, aprendió a tocar la flauta travesera y el saxofón. Y compaginó el conservatorio con la Escuela de Arte, donde estuvo en Dibujo Artístico para, más tarde, licenciarse en Bellas Artes, en la Universidad de Sevilla. Y en la actualidad es profesor de Dibujo en el IES Santa Isabel de Hungría desde hace 8 años. No obstante, el jerezano, criado en El Chicle, lleva exponiendo desde que tenía 12 años de edad.

“Con 12 vendía cuadritos en bares, y he participado en exposiciones colectivas desde joven… Resulta una de mis primeras exposiciones, en las que participé de manera colectiva, fue en una sala de exposiciones que se hizo en el bar El Tragaluz hará ya 35 años. Y ahora… en la Sala Tragaluz, curioso”, destaca, al tiempo en que se lleva un dedo al labio, mira hacia arriba y reflexiona. “Y oye, ha sido un reto el intentar tragar la luz de la sala”, indica, sobre la sala que hasta el 26 de julio acoge su última exposición: Máscaras y escombros, trabajo al que le lleva dando vueltas casi un año. Pero, ¿qué hay detrás de su nueva muestra?

El artista jerezano durante la entrevista. FOTO: MANU GARCÍA.

“Estaba buscando el tema, quería hacer fotografía y viendo escombros, me recordó a esa pintura que he estado haciendo: llena de restos, de fragmentos de restos. Y yo encuentro al escombro de edificio no como algo desagradable, sino como algo bello. Me imagino de por sí el propio fragmento de ladrillo roto y le voy dando vueltas. Le tengo mucho cariño a los objetos, y más a los objetos rotos; me imagino la historia que han tenido y me permito imaginarme una civilización, la vida que han tenido… Al conjunto, a ese caos, maremagnum de formas y colores… tiene una composición natural que es muy interesante”, explica sobre el apartado visual de su exposición.

La máscara la creamos de manera inconsciente en contacto con el otro y luego esa máscara va a quedar en la nada, como quedan esas ruinas

Para llevarla a cabo, el docente jerezano ha utilizado fotocopias en color y blanco y negro, cola, restos de periódicos, máscaras, escombros de obra, réplicas de cucarachas, sobres de las últimas elecciones, papel maché, teatro, música que ha compuesto junto con Rafael Amaya, dos vídeo creaciones realizado en colaboración también con Rafael Amaya, objetos personales, ejercicios de sus alumnos… “Yo, que soy pintor, lo que menos utilizo en esta muestra es pintura, realmente”, incide.

Y sobre el fondo, en cuanto al mensaje, se trata de “una reflexión sobre el deterioro constante y permanente de nuestra fachada, la fachada vital, como una metáfora de las viviendas ruinosas, también en reflejo de la vida actual de la sociedad. La máscara la creamos de manera inconsciente en contacto con el otro y luego esa máscara va a quedar en la nada, como quedan esas ruinas“. Del Valle hace un homenaje a la decadencia de una manera interactiva, donde los visitantes de la muestra Máscaras y escombros vivirán un juego en el que el maestro de ceremonias Luis Mariano Fau pondrá luz a las ideas del artista. “Hay cosas inexplicables, muchas de las imágenes son inexplicables”, admite. “Pero si me ha venido, será por algo, y me dejo llevar, creo que es muy malo para un creador intentar razonarlo todo. Hay que estar abierto, y si algo te llega, será por algo”, concluye.

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