Carnaval

Un ‘Brujo’ inmortal

El 23 de abril de 1918 nacía Francisco Alba Medina. Para conmemorar el centenario desde su nacimiento, lavozdelsur.es ha querido contar con las voces más cercanas a su figura.

La luz de plata no pertenecía a la luna. Ni siquiera estaba en las olas de nuestra Caleta. La plata se escondía en la punta de su pluma, en esa mente despierta y visionaria que supo componer la banda sonora del siglo XX para muchos gaditanos. La melodía de las calles de esta pequeña ciudad del sur. Porque Paco Alba resuena en cada esquina. Los mismísimos cañones entonan sus coplas cuando nadie los oye. El Balneario, con la cara al fin lavada -como él siempre quiso y no llegó a ver-, le sigue mandando guiños cada madrugada. Las barquillas aún saben a canela y limón, el vaporcito en su triste destierro siente nostalgia constante y los poetas son más profanos que nunca.

Un siglo no es nada cuando alguien sigue estando vivo en la memoria colectiva, cuando continúa estando presente cada uno de los doce meses. Porque en Cádiz, ese hermano pequeñoque es febrero, se estira y se expande como un gas hasta ocupar todo el año. Aunque llevemos todo el 2018 celebrando el aniversario, es este 23 de abril cuando se cumplen 100 años del nacimiento de Francisco Alba Medina. “Mi padre va a estar siempre presente”. Habla su hija Cati Alba, con la melancolía en la voz de quien recuerda a “un padre ejemplar”. “Sólo al escucharlo contar sus historias, tenías que reírte. Y a nosotros nos gustaba mucho escucharlo. Por las noches hacíamos un corrillo y él se ponía en el centro a hablar”, relata. Su madre, María Flores, siempre le llamaba exagerado. “Porque siempre agrandaba lo que contaba, y eso era lo que nos gustaba a mis hermanos y a mí. Nos contaba cosas que le pasaban a él de joven, cuando era monaguillo, que una vez se dio un golpe con una campana, pero él decía que se quedó colgando del aire cogido a ella, siempre exagerando”. Paco era también era muy supersticioso, “como se cruzara con un gato negro al salir se volvía a casa y ya no salía ese día”.

‘Los vendedores de marisco’, primera comparsa de Paco Alba en 1953.

Nos cuenta cuánto le gustaba la música clásica y la zarzuela. ¿Leía? “Demasiado. Siempre le gustó mucho leer y cuando alguien no sabía alguna cosa solía decir ‘en la lectura está la respuesta'”. ¿Qué leía? “Cualquier cosa que le pareciera interesante. Incluso leyó sobre su enfermedad, e iba al médico sabiendo ya lo que tenía”. Aunque Paco se ocupó de su propia formación, se interesaba por saber y conocer y tenía una conciencia social que reflejaba en sus letras, dentro de lo que la censura le permitía.

“En política no se metía. Lo que sí te puedo decir es que de derechas no era. Y Pemán lo sabía, pero todo el que se quiera llevar bien, si no habla de política, se va a llevar bien”, asegura su hija. “Mi padre se codeó con mucha gente de derechas, y ellos sabían que él era el cuñado de Manuel de la Pinta y que su gente fueron todos más bien republicanos. Pero él no entró nunca en esos temas. Ni siquiera en casa hablaba de ello”. ¿Cuándo componía? “Él tenía un magnetofón, y se metía en su habitación sólo, o en los últimos años con mi hermano, que tocaba la trompeta, el órgano, la guitarra y lo que fuera. Mi padre algunas veces estaba en el cuarto de baño, duchándose, y se le ocurría cualquier cosa y en el mismo rollo de papel lo apuntaba. O a veces estaba durmiendo y se despertaba con una idea y se levantaba a escribirla”, nos confiesa Cati.

Del padre al autor

Un total de 21 agrupaciones llegó a crear íntegramente -alguna que otra más musicalmente- a lo largo de su trayectoria. Desde aquellos vendedores de mariscos del 53 hasta Los belloteros, su última chirigota en el 75 (aunque recibiera el primer premio como comparsa). Durante esas dos décadas fueron muchos los que pusieron voz a sus letras. Aunque no cabe duda que fue una persona en concreto quien, además de su garganta, puso sus manos. Me refiero a José Rodríguez Hurtado. Chatín salió con Paco Alba por primera vez en Los pajeros, de 1960. Esta, como es bien sabido, es la primera comparsa reconocida como tal. Con ella nace la modalidad. Este año, el autor hizo que su grupo leyera Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez.

‘Los pajeros’, una fotografía desde el escenario. Colección familiar José Rodríguez Hurtado “Chatín”
Llevaban un burro en sus actuaciones al que le dedicaban una cuarteta del popurrí, y Mario Rodríguez Parra, su hijo, nos narra cómo su padre le contaba aquella anécdota en la que animal echó a andar hacia Paco cuando cantaron en el Falla. “Ese año, estando en camerinos tomando una copa con la chirigota que cantaba antes que ellos, Paco no paraba de acariciar al borrico. Cuando salieron a escena y llegó el momento de cantar la cuarteta, empieza el borriquito a andar hacia ellos muy despacito, que parecía que estaba ensayado. Mi padre se emocionó, porque se creía que iba hacia él, pero este siguió andando hasta donde estaba Paco. Nadie se había dado cuenta. Paco se había llenado el bolsillo de terrones de azúcar y había estado toda la tarde dándole uno detrás de otro. Cuando en el popurrí le tendió la mano, el burro fue para él derecho”. También contaba Chatín, que el año de Las hueste de don Nuño, cuando terminaron el popurrí en la Final y levantaron las espadas, “y a Paco no se le ocurrió otra cosa que soltar la espada sobre el escenario, y tuvo la suerte de que se quedó clavada en las tablas. El teatro se venía abajo, todos con la espada en alto y la suya clavada en el suelo tambaleándose”. Y es que el poeta siempre tenía un as escondido en la manga con el que rematar todos sus repertorios.

“Fue un aventajado. Mi padre decía que, durante el primer mes de ensayo de sus comparsas, era para enmarcarlo”.

“Es muy importante la estela que Paco Alba ha dejado. Porque no sólo ha dejado una modalidad que no existía y a la que él le dio forma, como es la comparsa, sino que también ha dejado claro lo que es un comparsista. En sus formas de afrontar un concurso, un repertorio… Paco tuvo mucho que ver en lo que hoy está presente en el Falla, aunque la gente no se lo crea o no lo sepa”, asegura Mario Rodríguez. “Fue un aventajado. Mi padre decía que, durante el primer mes de ensayo de sus comparsas, era para enmarcarlo. Paco tocaba la guitarra, enseñaba al bombista como tocar el bombo y al cajista la caja, y a los componentes le enseñaba cada una de las voces. Lo enseñaba todo, a pesar de que llevara siempre a los mejores”.

Chatín y Moreno, con el tipo de la comparsa “Los Hombres del mar”, 1965. Colección familiar Manuel Moreno Pavón
Muchas de estas anécdotas se encuentran reflejadas en el libro Al habla con Moreno y Chatín: punta y puntales de Paco Alba que, publicado por el Sello Editorial UCA, es una obra del periodista Javier Osuna que recoge los testimonios de dos de los integrantes más significativos de la célebre comparsa: Manuel Moreno Pavón y José Rodríguez Hurtado. “El Moreno y Chatín eran distintos y eran distantes de punta a punta. Y enormemente complementarios. Punta jurado —entonces— Moreno y en la punta opuesta Chatín. Apuntaron maneras porque apuntes tomaron a la vera del maestro Paco Alba. Y despuntaron. ¡Y de qué forma! Moreno: empaque de bronce y pose elegante: un pincel; un figurín. Chatín: no menos presumido y varonil, con sombrero de ala ancha y el brazo en el fajín del pajero“, expone Osuna en su obra. “¡Paco era más flamenco que yo, eh! ¡Paco era flamenco hasta no poder más!”. Es el Moreno quien habla en una de esas charlas con el periodista.

 “¡Paco era más flamenco que yo, eh! ¡Paco era flamenco hasta no poder más!”.

Dos décadas de coplas que comienzan en 1953, aunque siempre existió la duda de si Paco Alba participó en Carnaval en los años previos a la Guerra Civil. El historiador Santiago Moreno –casualmente sobrino nieto de El Moreno- nos habla acerca de este tema. “Se había dicho que él era el que iba disfrazado de “enanito” en el coro Cuentos de Calleja, de 1935. Como buena leyenda, todo el mundo lo decía y se publicaba sin la más mínima consulta a las fuentes. Si vemos bien la foto del coro, el “enanito” es un niño. Pero es que Paco Alba en 1935 tenía ya casi 18 años, por lo tanto, estaría ya en torno al 1´60 que medía. Así que yo dudo que lo fuera. Además, su amigo Joaquín Fernández Garaboa, “El Quini”, dejó unas declaraciones en el libro Conversaciones con los viejos comparsistas de 1985 donde indicó que él y Paco fueron a ensayar con el coro Cuentos de Calleja un par de semanas, pero que finalmente no salieron porque no tenían dinero para el tipo”.

Sin embargo, esto no quiere decir que no saliera en otras agrupaciones. Él mismo así lo indicó a una entrevista a Antonio Burgos en 1969 (rescatada por Ana Barceló en su libro Los tipos del carnaval de Cádiz). Según esta, salió en Los Barquilleros de 1929 y Los Baturricos, agrupaciones infantiles que al parecer tenían alguna colaboración de Manuel López Cañamaque. La documentación contrastada en el Archivo Histórico Municipal de Cádiz confirma por lo menos la participación del niño Paco Alba en el carnaval de 1929.

El coro ‘Cuentos de Calleja’, de 1935, donde no llegó a salir Paco Alba por no tener dinero para el tipo. FOTO: DUBOIS

La memoria incesante

Como ha quedado más que patente, El Brujo nunca se marchó ni lo hará. No obstante, son muchas las actividades que se han dedicado en este centenario de su nacimiento para homenajearlo. De hecho, el COAC 2018 fue dedicado a su figura tal y como propuso Javier Osuna. También la exposición Cien Años desde que nació. Paco Alba 1918-2018, de la Fundación Cajasol, ha acercado a muchos al autor. Esta muestra se encuentra actualmente en Conil, donde podrá visitarse hasta el 27 de marzo. Desde esta localidad pretenden nombrarlo Hijo Predilecto. Natalia Robles, concejala de Cultura conileña, está estudiando el reglamento para llevarlo a cabo. “Con motivo de este centenario nos gustaría aprovechar para volver a conectarlo con sus orígenes. Dado lo que representa para el Carnaval de Cádiz entendemos que es necesario darle un reconocimiento desde el lugar que lo vio nacer”, asegura.

Por otra parte, la filóloga y periodista María Luisa Páramo, planea coordinar un libro donde se tratará su biografía, obra (tanto musical como literaria), así como los tipos. Participarán el ya citado Santiago Moreno, Ana Barceló y Juan Manuel Pérez Madueño. Además, Francis Sevilla Pecci está preparando un disco con coplas inéditas, que serán interpretadas por el grupo Joyeros gaditanos y saldrá en otoño. “Tenemos la intención, exclusivamente, de dejar grabadas distintas coplas que no se conocen. Y ya no hablo de letras, sino de músicas. Porque, por ejemplo, de todas las primeras chirigotas de Paco no existen grabaciones, y conocemos los pasodobles porque su Antología los cantó. Pero los cuplés no se conocen. Esas músicas se han ido rescatando gracias a la tradición oral”, cuenta Sevilla Pecci. “La clave de todo es rescatar algo que es patrimonio de todos los carnavaleros de Cádiz”.

Un año lleno de recuerdos que irán mucho más allá en el tiempo. Porque la comparsa seguirá sonando en las entrañas de un teatro año tras año. Las barras de peñas y baches marcarán los compases de sus pasodobles por el resto de los siglos. Su mirada de piedra será clara y transparente frente al mar. Porque El Brujo siempre será inmortal.

Esto je acabó
ya se terminó el popurrí
pedimos perdón
por lo que pudimos decir
y mi corazón
no quiere marcharse de aquí
no quiero despedirme con dolor
y sólo diré adios
y sólo diré…
lara, larara, la larará…

(Cuarteta final de Los belloteros, la última comparsa de Paco Alba).

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