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Trump y lo español

Las últimas revoluciones acontecidas en nuestro mundo, y diría yo las que más alcance han tenido en la vida de las gentes, tienen ya poco que ver con cuestiones meramente ideológicas, son, eso sí, y siguen intentando ser, emancipadoras, liberadoras e incluso las que se hacen en nombre de la tradición, si arañas un poco, no son otra cosa que el afán del ser humano por cambiar, por ser importante: por progresar.

Dicen que en los Estados Unidos de América ha habido dos grandes revoluciones en los últimos 40 años —hay autores que no son tan reduccionistas y son capaces de poner una revolución en aquel país cada día—, la que produjo el acceso al poder de Ronald Reagan y en nuestros días la revolución conservadora que intenta protagonizar el presidente Trump. En Europa, fijándonos como límite temporal el último cuarto del siglo XX, tendríamos que hablar de revoluciones homónimas a las que hemos mencionado en las figuras de Margaret Thatcher y los movimientos ultraconservadores que cobran fuerza en Hungría, Polonia, el Lepenismo francés, Salvini en Italia, Vox en nuestro país y así por todo el continente.

Dicho lo anterior, no voy a hablar de cuestiones geopolíticas ni a analizar estos movimientos, más al contrario voy a describir una de las revoluciones silenciosas que con más contundencia se está imponiendo en el mundo pese a las estrategias y discursos de los que antes he mencionado. Estoy hablando del multiculturalismo, la multiculturalidad, en el sentido que ofrece por ejemplo C. Taylor que enuncia este concepto a partir de poner en cuestión la superioridad en general del ciudadano americano llamémoslo tipo, el hombre blanco, básicamente rural, conservador…poniendo por delante las llamadas minorías las cuales no son solo étnicas, sino culturales. También ver lo multicultural como riqueza, el mestizaje a todos los niveles a lo largo de la historia como valor en si mismo. El conjunto armonizado de culturas distintas en un mismo territorio. Y para ello el respeto es el único condicionante, por eso los que no son capaces de ejercer ese respeto repudian el multiculturalismo.

El trumpismo, su teoría social –porque entiendo ese movimiento más como un ejercicio sociológico que político—, es la negación de lo diferente sin más base que la cultura a la defensiva. De esta manera en estos tiempos ha surgido con claridad en los Estados Unidos un negacionismo de la cultura hispana y yo diría más concretamente de la cultura española.

Los que me conocen saben que no soy un patriota de estos de banderas, proclamas, de éstos que han futbolizado los sentimientos identitarios con tu pueblo, más al contrario creo precisamente que nuestro legado, lo que nos hace ser interesantes como españoles es nuestra mezcolanza histórica, nuestra tradición musulmana, cristiana, judía, romana…en fin la que queramos, y por supuesto no me refiero a religiones sino a civilizaciones. Por eso ese desprecio de Trump a lo español, a lo hispano solo demuestra algo que si bien era palpable lo hace aún más rechazable como persona y como dirigente: es un cateto.

Por analfabeto, por intentar contar una historia de su país que no existe, por intentar uniformar a una sociedad que por más que él quiera es multicultural siendo la hispana la más antigua y la más rica culturalmente, la menos depredadora –de hecho los exterminadores de los indígenas americanos no fueron precisamente los españoles que a lo que se dedicaron fue a fundar ciudades –San Agustín, Tucson, San Diego, San Francisco…—, universidades, infraestructuras de comunicación entre las poblaciones…he leído en estos días que hasta el día de Acción de Gracias –cosa muy yankee– tiene sus orígenes y su creación como fiesta por los españoles.

La cultura española en Estados Unidos es tal, la huella española es tal, que no se puede entender esa sociedad sin tener en cuenta esa impresionante presencia, que hoy tiene un sumatorio maravilloso que es la presencia hispana de los americanos del centro y del sur, los latinos a los que Trump odia tanto.

Como en todo, también desde España se tiene responsabilidad en este estado de cosas por eso la acción exterior de España con organismos como el Instituto Cervantes, los consulados y todo tipo de entidades que nos ponen en relación a unos y a otros se debe potenciar de manera seria y con contundencia. Es una cuestión de promoción de la cultura, de lo multicultural como premio civilizatorio.

Estos son desiderátum, podríamos comenzar por esforzarnos en saber promocionar el estudio y la investigación de nuestra rica historia. Una propuesta sencilla y que sé que es compartida por mucha gente: ¿para cuando un Centro de Estudios Constitucionales en Cádiz?

Para terminar un alegato por la libertad, por la concordia y el progreso —ahora que hay políticos que para insultar te llaman “progre” porque queremos el progreso cada uno desde ópticas distintas pero progreso— un alegato contra el reduccionismo Trumpista que nos hace peores, más pequeños.

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Un comentario

  1. Eso del multiculturalismo es un mito globalista para socavar y disolver los Estados-nación que se ha demostrado que no funciona, que ha fracasado y sólo ha creado enormes problemas; especialmente con la imposible integración de los musulmanes en las naciones culturalmente cristianas. La integración de los hispanos (católicos y de civilización occidental) en la sociedad USA es relativamente fácil y generalmente en la segunda generación (y, con total seguridad, en la tercera) se ha producido. La política de Trump contra la inmigración ilegal procedente de México (la única frontera de inmigración que tienen) no es por razones culturales, sino económicas; muchos ciudadanos USA de origen hispano votan a Trump. Y, guste o no, Trump lleva camino de repetir mandato porque hasta ahora ha venido cumpliendo todo lo que prometió; y eso en USA cuenta mucho, desde luego mucho más que en España.

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